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Editorial
Conferencia Mundial sobre Reducción
de Desastres – Kobe, Japón
Hospitales seguros: un indicador confiable en la reducción
de vulnerabilidad
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Miles de personas murieron
en enero de 2001 a raíz del terremoto en Gujarat, India,
y cerca de 200.000 personas necesitaron atención médica.
En diciembre del año pasado otro terremoto devastador,
en Bam, Irán, dejó un saldo de 26.271 personas
muertas y muchos miles más de heridos. En ambos casos
la infraestructura de salud fue totalmente destruida o quedó
fuera de servicio. En contraste, la Ciudad de México
luego del terremoto de 1985 puede que haya tenido más
suerte porque no todos los hospitales fueron destruidos. Sin
embargo, en los hospitales afectados, la devastación
fue increible. Las imágenes del colapso de la torre
de doce pisos del hospital Juárez no dejaron nada a
la imaginación. Sólo en los hospitales del sector
público de la ciudad se perdieron 4.400 camas. Lo que
agravó más la situación fue el hecho
que entre las 900 personas que murieron en estas instalaciones
se encontraba un gran número de personal médico
y de salud que había participado en capacitación
de manejo de gran cantidad de heridos. Esta tragedia es considerada
en América Latina como la gota que derramó el
vaso. Finalmente se llegó al entendimiento que ya no
es aceptable seguir invirtiendo sólo en capacitación
de preparativos para desastres si la infraestructura donde
el personal de salud trabaja no es segura.
Niveles de
protección
La reducción de la vulnerabilidad
a los desastres de cualquier construcción involucra
diferentes niveles de protección. La protección
de vidas, el nivel más básico, asegura que los
ocupantes puedan evacuar un edificio a tiempo y es aplicable
a todo tipo de construcciones. Los hospitales, sin embargo,
presentan un reto particular. A diferencia de muchos otros
edificios, tienen ocupantes las 24 horas del día y
en una situación de desastre, es difícil evacuar
a toda esta gente. La protección de la infraestructura
hospitalaria implica un nivel más alto de protección
física porque está dirigida a infraestructura,
instalaciones y equipos costosos. La realidad muestra que
los hospitales están entre los primeros en la escala
de inversión en salud. Protección de la operación,
el nivel más exigente, está reservada para aquellas
instalaciones que deben seguir—a cualquier costo—no
sólo en pie, sino también funcionando inmediatamente
después de un desastre. Entre estas se encuentran las
usinas eléctricas, los sistemas de agua, las instalaciones
de seguridad y por supuesto los hospitales. El tratamiento
médico de emergencia simplemente no se puede paralizar.
No hay duda de que si un hospital se cae o queda inutilizable
se perderán muchas más vidas. Los hospitales
son las únicas instalaciones sociales que califican
prominentemente en todas las categorías.
Los terremotos más recientes
en Turquía, India, Algeria, Irán y Marruecos
han generado una gran cantidad de apoyo para la mitigación
de desastres—incentivando a los países a darle
la misma atención a la preservación de la integridad
estructural y funcional de su infraestructura que a la preparación
de los recursos humanos para enfrentarse a los desastres.
La Asamblea General de la ONU ha solicitado a la Estrategia
Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD)
que organice una Conferencia Mundial sobre Reducción
de Desastres. La conferencia, que se realizará en Kobe,
Japón en enero de 2005, hará una revisión
del progreso en mitigación de desastres en la última
década en base a la Estrategia de Yokohama y el Plan
de Acción para un Mundo más Seguro (1994), y
definirá los retos restantes, las necesidades críticas
y las oportunidades que se puedan presentar en mitigación.
Es ahora el momento en que todos los
países deben demostrar su compromiso a un tema concreto
y ningún tema es tan interesante, tanto para el sector
social como el económico, como la reducción
de la vulnerabilidad hospitalaria.
La reducción de la vulnerabilidad
en los hospitales: lecciones aprendidas
América Latina y el Caribe han
logrado avances significativos en la reducción de la
vulnerabilidad a los desastres. Se reconoce que ha sido notable
la contribución del sector salud a este esfuerzo multisectorial.
Los esfuerzos para reducir la vulnerabilidad estructural,
no estructural y funcional en instalaciones de salud han servido
como modelo y catalizador para los otros sectores. También
hay estudios de casos sobre los éxitos y las limitaciones
que se han encontrado en la protección de instalaciones
críticas:
- La protección de la funcionalidad
de estructuras complejas requiere de metodologías
y técnicas comprobadas. Herramientas, como la metodología
promovida con el Banco Mundial y el Centro Colaborador OPS/OMS
de Mitigación de Desastres en Establecimientos de
Salud, han sido probadas y están al alcance de quien
las necesite (ver página 2 del suplemento).
- Países de bajos y medianos
ingresos han demostrado, a través de proyectos piloto,
que es posible reducir considerablemente la vulnerabilidad
a los desastres de la infraestructura de salud con recursos
técnicos y financieros existentes. Sin embargo, no
siempre es la ruta más económica, ya que reforzar
instalaciones puede costar del 15 al 30% (o más)
del costo original de la construcción.
- Es sorprendente que la inclusión
de la reducción de desastres como criterio en la
selección del lugar, diseño y construcción
de nuevas instalaciones—la ruta más económica—no
ha sido tan fácilmente aceptada por los niveles de
decisión como se esperaría. En resumen, el
reto no es la falta de conocimientos médicos o de
ingeniería, sino de compromiso político en
el nivel multisectorial; en otras palabras, es el indicador
ideal para atraer la atención de los líderes
mundiales en la conferencia mundial de Kobe.
Hospitales seguros: una meta de la Conferencia
Mundial e indicador de éxito
Recientemente, la OMS a través
de su oficina regional en las Américas, organizó
reuniones interpaís para revisar el estado de vulnerabilidad
a los desastres en el sector de la salud. En base a este estado
de situación, se propuso una estrategia visionaria
para guiar los esfuerzos regionales hasta 2015.
La reducción de la vulnerabilidad
depende de muchos factores y sectores. Aunque no sea posible
eliminar completamente la vulnerabilidad de un país
antes de 2015, se debe dirigir los esfuerzos y recursos a
mejorar en particular la infraestructura social crítica,
donde se ha logrado un cierto nivel de progreso desde la Conferencia
Mundial de Yokohama en 1994, y donde aún se puede tener
éxito. El nivel de protección que se aplica
en el diseño de nuevas instalaciones de salud es un
indicador claro del compromiso político hacia la reducción
total de desastres de todos los sectores y es factible de
lograr con los recuros técnicos y financieros disponibles.
Lo que hace falta es traducir el compromiso político
en normas de diseño, construcción y mantenimiento
de hospitales.
Recomendar que el progreso hacia hospitales
seguros en casos de desastre sea designado como una meta e
indicador global para medir la reducción de desastres
en el nivel multisectorial es una oportunidad para todos—no
sólo para el sector de la salud .
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