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Editorial
¡Mejor tomar acción
antes del desastre!
Como los fondos destinados
a intervenciones posdesastre pueden aprovecharse mejor
en la construcción de la capacidad local
El terremoto en Bam, Irán
a fines de diciembre de 2003 nos recordó—nuevamente—el
hecho de que la mayoría de los equipos extranjeros
de búsqueda y rescate llegan demasiado tarde para contribuir
significativamente en el número de vidas salvadas después
de un desastre natural repentino. El mito de que la población
afectada está muy conmocionada y es incapaz de tomar
la responsabilidad de su propia supervivencia es simplemente
eso: un mito. Una y otra vez se demuestra que son las familias,
vecinos y ciudadanos locales quienes están en mejor
posición para salvar vidas.
En un artículo
titulado “Mucha búsqueda, poco rescate”
en el periódico The Guardian, una semana después
del terremoto, Nick Cater, un periodista británico
que anteriormente fue editor del “World Disaster Report”
de la Cruz Roja Internacional, hace varias observaciones sobre
los resultados obtenidos por los equipos internacionales de
búsqueda y rescate, que son paralelas a las opiniones
de muchos expertos y autoridades nacionales de salud.
Cater reportó,
“Los equipos de búsqueda y rescate que regresaron
de Irán comprobaron que enviar personas y perros para
buscar sobrevivientes en los escombros y el barro en zonas
de desastre en países lejanos, utilizando equipo altamente
sofisticado o simplemente sus manos, es en la mayoría
de los casos, una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero”.
El Ministerio de Salud
de Irán ha confirmado esto: “casi todas las víctimas
enterradas en los escombros fueron salvadas por familiares,
vecinos, amigos y gente común”.
Cater continúa
en su informe, “esta situación no es nueva. Mientras
que los expertos hablan de las “horas doradas”—normalmente
las primeras 24 horas—en las que se espera que las personas
atrapadas aún se encuentren con vida, es la población
local quien recupera a la mayoría de los sobrevivientes,
con frecuencia porque ellos saben exactamente donde se encontraban
sus familiares o amigos cuando ocurrió el desastre”.
“Si la población
local necesita ayuda, es de personal y voluntarios capacitados,
que hablan su idioma, conocen el área, requieren de
poco o ningún apoyo externo y están integrados
en los sistemas de preparativos y respuesta a los desastres
del gobierno nacional o local, organismos especializados y
las sociedades de la Cruz Roja o Media Luna Roja de sus países”.
“Hoy en día, grupos de búsqueda y rescate
internacionales se presentan después de cualquier catástrofe
en cualquier parte del mundo. [Según informes de OCHA,
más de 1.600 personas de 46 países conformaron
equipos médicos, de socorro y búsqueda en Bam.]
A veces llegan sin haber sido invitados y sin tener contrapartes
locales, y sus necesidades alimenticias, de agua, albergue,
traducción, transporte e información son una
carga adicional en recursos que ya son escasos”. Aunque
algunos de estos equipos están muy bien preparados,
el hecho es que logísticamente, es imposible que lleguen
a tiempo.
“Por supuesto que
el gobierno de Irán estaba agradecido de recibir ayuda
en términos de equipo, suministros y dinero”,
afirma Cater, “pero al principio de la crisis, el primer
ministro declaró—y aparentemente se le ignoró—que
no se necesitaban voluntarios extranjeros ya que una gran
cantidad de iraníes estaban acudiendo de otras partes
del país”.
“Aparte de no tener
consistencia en la aplicación de los códigos
de construcción, es obvio que los iraníes han
hecho un trabajo admirable, desde la movilización de
cientos de voluntarios hasta la recuperación de miles
de cuerpos, y dentro de los límites de cualquier crisis,
la eficiente organización de la evacuación de
los heridos y el entierro de los muertos”. Un experto
enviado por un país occidental que llegó apenas
26 horas después del terremoto, está de acuerdo.
“. . . las acciones de las autoridades iraníes
y la Media Luna Roja fueron sorprendentes . . . en un plazo
de tres días atendieron a 30.000 personas, evacuaron
a 13.000 a hospitales de tercer nivel (2.000 de ellos por
vía aérea) y empezaron el proceso de distribuir
98.000 carpas, 200.000 frazadas y 400.000 paquetes de comida
. . .”
“De cualquier manera”,
concluye Cater, “la mejor respuesta a los desastres
no es tomar el primer avión, sino apoyar los esfuerzos
locales con dinero en efectivo, y considerar cómo ayudar
en las operaciones de recuperación que aún estarán
en marcha mucho después que los perros de rescate salgan
de cuarentena”.
Un experto de alto nivel
del Ministerio de Salud de Irán concuerda que los recursos
internacionales hubieran sido mejor utilizados en “...el
desarrollo de capacidades locales, esfuerzos de capacitación
y la promoción de tecnologías nuevas y sencillas
relacionadas con el manejo de desastres, como las telecomunicaciones
(identificadas como un punto débil en Bam) en países
en desarrollo, sin tener en cuenta las sanciones políticas
que existan. La ayuda material y financiera parece ser de
más utilidad en las fases de reconstrucción
y rehabilitación, para albergues temporales o para
la restauración del sistema de salud primario”.
“Muchos de los
cuerpos aún estaban tibios cuando fueron sacados de
entre los escombros, lo que demostró que si los equipos
locales de socorro y rescate hubieran estado mejor entrenados,
o si antes del desastre hubieran participado en ejercicios
conjuntos de capacitación con los mismos equipos internacionales
que llegaron a Bam, se hubieran salvado más vidas”.
El experto del Ministerio de Salud de Irán declaró,
“Cuando se compara la actitud financiera conservadora
con la que las autoridades, tanto nacionales como internacionales,
tratan de ahorrar dinero sin enviar personal a cursos de capacitación,
con la cantidad de dinero que se gastó en transportar
equipos internacionales a Irán, llego a la conclusión
de que las autoridades deberían revisar su enfoque
y su política sobre cómo invertir los recursos.
Es una lástima que muchos expertos que llegaron a Bam
después del terremoto podrían haber contribuido
mucho más capacitando y organizando a los equipos iraníes
antes del desastre”.
Por otro lado, “creo
que es imperativo que la comunidad internacional vigile cuidadosamente
cómo se utiliza la ayuda recibida para los esfuerzos
de reconstrucción de Bam, para asegurar que la infraestructura
es reconstruida de manera sostenible y sismorresistente”.
“Los desastres
devastadores, como el terremoto de Bam, demuestran muchas
realidades, entre ellas que los programas de gestión
de riesgos—incluyendo prevención, mitigación,
preparativos y respuesta—deben también estar
dirigidos a individuos y comunidades”.
El artículo de
Nick Cater apareció en la sección de Sociedad
en línea del periódico The Guardian en http://society.guardian.co.uk/disasterresponse/comment/0,1321,1114318,00.html.
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