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Gestión
del riesgo en agua y saneamiento
En busca de respuestas ante nuevos desafíos
Cambios
que se han venido acentuando en los últimos años
-que han deteriorado las fuentes primarias de agua- como la
contaminación ambiental, y el crecimiento de los centros
urbanos, obligan a actualizar la tecnología y los criterios
de planificación y diseño de la infraestructura
del sector agua y saneamiento.
La contaminación
de los cuerpos de agua obliga a ubicar las fuentes aptas para
el consumo humano y los componentes del sistema en lugares
cada vez más alejados de la población beneficiaria,
por lo que dichos sistemas son cada día más
complejos y extensos, lo que contribuye a su exposición
a diferentes amenazas de origen natural y humano.
Asímismo, el aumento
de la pobreza, la marginalidad y el crecimiento desmedido
y sin planificación de las ciudades de América
Latina y el Caribe en las últimas décadas, han
conducido a que los pobladores se asienten en zonas inadecuadas
de alto riesgo sanitario y propensas a ser afectadas por fenómenos
naturales. Esto determina que los componentes de los sistemas
de agua y alcantarillado también estén ubicados
en zonas de riesgo.
Todo lo anterior ha hecho
que las instituciones del sector agua y saneamiento y en particular
las entidades prestadoras de los servicios y los entes reguladores,
se encuentren definiendo distintas formas y estrategias para
asegurar la calidad y la continuidad de los servicios de abastecimiento
de agua potable, incluso con posterioridad a la ocurrencia
de un desastre.
Algunas de estas instituciones
han optado por centrar sus esfuerzos en la atención
posterior al evento adverso elaborando planes de respuesta,
capacitando a su personal en aspectos de evaluación
de daños y realizando esfuerzos para identificar las
vulnerabilidades y debilidades físicas de su infraestructura
con el objetivo de hacer las modificaciones necesarias para
darle mayor confiabilidad. De este modo, podrán asegurar
de manera más sólida la continuidad y calidad
de los servicios en todo momento e inclusive durante las emergencias.
Este es el caso del Instituto
Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), que ha
venido trabajando en el tema desde hace varios años,
lo que ha permitido fortalecer sus iniciativas en el manejo
y control del riesgo. Esta experiencia ha desembocado en la
consolidación de un comité técnico cuya
labor ha dado frutos de eficacia comprobada y que busca institucionalizarse
como una unidad de gestión del riesgo.
Por otra parte, algunos
prestadores, ante la imposibilidad de solucionar la vulnerabilidad
física de los sistemas existentes, han decidido adquirir
seguros que protejan la inversión financiera que han
realizado. Muchos de ellos no son del todo conscientes de
que si bien esta alternativa brinda cierta tranquilidad financiera
para atender las necesidades originadas por el desastre, en
algunas oportunidades los recursos para ello no están
inmediatamente disponibles después de ocurrido el desastre,
que es cuando más se les necesita. Asimismo, el hecho
de tener la infraestrutura asegurada no es un incentivo para
que las empresas reduzcan el riesgo físico de los sistemas.
Recientemente, instituciones
de crédito y de cooperación para el desarrollo
han elaborado instrumentos para asegurar que la gestión
del riesgo sea incorporada como un aspecto integral en los
proyectos en los cuales intervienen. Por ejemplo, se puede
observar que en algunas localidades donde el BID y el Banco
Mundial han apoyado los procesos de modernización de
los servicios de agua y saneamiento, tales como Guayaquil
(Ecuador) y La Paz (Bolivia), se especificó que el
nuevo prestador debía preparar en los primeros meses
de su gestión, un plan para atender situaciones de
desastre. Lo anterior muestra la importancia de incorporar
dentro de los marcos regulatorios de los servicios de agua
y saneamiento los instrumentos que incentiven y permitan la
fiscalización necesaria para que los prestadores aumenten
la seguridad de la infraestructura en la misma medida en que
se incrementa la cobertura y calidad de estos servicios.
Esta nueva situación
muestra que los nuevos proyectos de infraestructura en el
sector, además de las variables hidráulicas
y sanitarias, deberán incluir el análisis de
riesgo frente a las amenazas naturales, si se quiere velar
de la mejor manera posible por la calidad de los servicios
y, al mismo tiempo, asegurar la inversión realizada.
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