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Desmitifiquemos el manejo de gran
número de cadavers
Nada
justifica la cremación masiva o el entierro en fosas
comunes de las víctimas después de un desastre.
Cada vez que ocurre un desastre natural,
las autoridades enfrentan la decisión de establecer
sus prioridades, las cuales, en el respectivo orden, son:
(a) el rescate y atención integral de los sobrevivientes,
(b) el mantenimiento de los servicios básicos y (c)
la recuperación y manejo de los cadáveres.
Este último punto merece especial
atención y es necesario recalcar que el problema más
importante es la conservación de la identidad de las
personas fallecidas y recalcar que no existe ningún
justificativo para proceder a enterrar los cuerpos en fosas
comunes o cremarlos masivamente después de ocurrido
un desastre natural.
Siempre han existido mitos respecto
a la presencia de gran cantidad de cadáveres después
de ocurrido un desastre. Se menciona un falso justificativo
de salud, en el sentido de que el cuerpo es propagador de
enfermedades y fuente de epidemias. Esto ha llevado a conductas
erróneas por parte de la población, procediéndose
al entierro masivo y apresurado de los cuerpos en fosas comunes,
muchas veces sin la debida identificación y otras llegando
al extremo de la cremación, sin tomar en cuenta las
creencias y costumbres de sus seres queridos.
La historia de los grandes desastres
naturales está llena de ejemplos de este tipo. Poco
después de ocurrido el Huracán Mitch, en algunos
lugares se procedió a la cremación masiva por
el temor de la propagación de infecciones. En uno de
los últimos terremotos que afectó a la Región,
debido a la presión de las autoridades y de la población,
se tuvo que abrir fosas comunes y enterrar los cuerpos, algunos
de ellos sin los debidos procesos de identificación.
En realidad, no se ha demostrado científicamente
que los cuerpos de personas fallecidas a raíz del desastre,
constituyan un riesgo epidémico. El cadáver
posee menos riesgo infecto – contagioso que una persona
viva infectada.
Otra forma de justificar el uso de la
fosa común es el hecho de que no existe suficiente
espacio disponible para enterrar gran cantidad de cadáveres.
En este sentido, las normas técnicas establecen claramente
que para el entierro masivo de cuerpos, es necesario la preparación
de una trinchera, en donde se destinen 50 cm. para el cuerpo,
con un espacio entre ellos de otros 50 cm.; la disposición
puede hacerse por niveles, pudiendo albergar cadáveres
hasta en cinco niveles, recalcando que se debe tener una plena
identificación de qué cuerpo se halla en cada
espacio. Es decir, el entierro masivo, si es técnicamente
realizado—empleo de la trinchera—y justificado
(desastre con un número de muertos que supera la capacidad
normal de respuesta de la comunidad) es una medida válida
para la disposición final de los cuerpos.
También es común la creencia
de que al enterrar los cuerpos rápidamente o cremarlos,
la población se sentirá más aliviada.
Psicológica y socialmente, los
familiares pasan por varias etapas después de ocurrida
una tragedia. En primer lugar, se sentirán muy aliviados
cuando los cuerpos de sus seres queridos sean recuperados
e identificados. El no hacerlo –proceso de recuperación–
crea desconcierto y hasta falsas expectativas. En los desastres
donde se han producido grandes deslizamientos de tierra y
una elevada mortalidad, muchos de los cuerpos no se pudieron
recuperar debido a que quedaron bajo toneladas de lodo; muchos
meses después, los sobrevivientes se ilusionaban con
rumores de que su pariente había sido visto vagabundeando
en otras zonas.
Existe también la creencia que
en grandes tragedias es imposible identificar a todos los
cadáveres, debido a su número elevado. Una gran
cantidad de cadáveres no es necesariamente una barrera
para lograr su identificación total. Siempre hay mecanismos
para lograr la identificación de la mayoría,
sino todas las víctimas fatales. En el desastre del
World Trade Center (aunque no es un desastre natural, comparte
muchas de sus características), de las aproximadamente
2700 víctimas, apenas se mantienen como desaparecidas
a 47 personas, todas las demás han sido identificadas
por diversos métodos.
Desde el punto de vista legal, el Estado
debe hacer todo lo que esté a su alcance para recobrar
e identificar los cadáveres independientemente de la
cantidad de que se trate. Las situaciones de emergencia no
deben ser excusa para transgredir derechos humanos fundamentales
cuya suspensión está prohibida (Art. 27 de la
Convención Americana de Derechos Humanos). Las autoridades
de los países no pueden ignorar que la plena identificación
de los cadáveres es la única forma de tener
certeza de muerte y elimina por ello toda posibilidad de fraude,
pero fundamentalmente es el único medio de poner fin
a la angustia y dolor de los familiares.
Luego del debido proceso de identificación,
la entrega del cadáver a los familiares debe ser hecha
lo más rápidamente posible y deben ser ellos
quienes procedan con los ritos funerarios, según sus
costumbres, y darles el destino final que deseen. La ayuda,
aunque no obligatoria, que las autoridades puedan proporcionar
en este punto es crucial; en el desastre de Mesa Redonda (Lima,
2001), el Estado se comprometió a proporcionar los
servicios fúnebres y de disposición final de
las víctimas en forma gratuita.
En conclusión, es responsabilidad del Estado asegurar
que bajo ninguna circunstancia se ejecuten entierros en fosas
comunes después de ocurrida una tragedia. Asímismo,
los procesos de identificación constituyen un factor
fundamental para el bienestar de la población sobreviviente,
tanto desde el punto de vista económico, como legal,
cultural, social y psicológica.
Tomando en cuenta lo anteriormente señalado,
la Organización Panamericana de la Salud, junto a un
selecto grupo de profesionales de las Américas, ha
tomado la iniciativa de elaborar un manual para el manejo
de gran cantidad de cadáveres en situaciones de desastres,
cuyo objetivo primordial es el de desmitificar los procesos
de manejo, identificación y disposición final
de los cuerpos, oponiéndose bajo toda circunstancia
al entierro en fosas comunes o cremaciones en masa y apoyando
fervientemente a los familiares de las víctimas.
Este manual será dirigido a las
autoridades de cada país y su contenido contemplará
los siguientes temas: preparativos; manejo, identificación
y disposición de cadáveres; consideraciones
sanitarias, aspectos socio-culturales, psicológicos
y legales.
La referida publicación estará disponible a
inicios del 2004.
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