Boletin No. 111
Noticias e Información para la Comunidad Internacional
Abril 2009

Editorial

El impacto de la crisis financiera en el manejo de desastres

La primera década del siglo XXI ha sido prolífica en la aparición de nuevas amenazas e incertidumbres que van desde la llamada “guerra contra el terror”, el latente cambio climático y hasta una posible pandemia de influenza por los virus de la gripe aviar o la porcina. En ese sentido, los administradores nacionales de desastres del sector salud han sido sensibilizados y capacitados para enfrentar una gran variedad de amenazas.
En poco tiempo, el desarrollo de una nueva crisis ha opacado y superado a otras ya existentes: la crisis financiera que amenaza la economía de muchos países ha empezado por los más desarrollados; sin embargo, sus consecuencias son ya visibles en casi todo el planeta.
¿Cómo esta crisis provocada por el hombre puede afectar el sistema de salud pública de América Latina y el Caribe? ¿Cuáles son las implicaciones para los programas de desastres de los Estados Miembros de la OPS/OMS? ¿Cómo los ministerios de salud pueden adaptarse y mitigar las consecuencias que la crisis tendría sobre las emergencias?

El impacto potencial en la salud pública de los países de la región

En respuesta a las preocupaciones expresadas por los Estados Miembros, la Organización Mundial de la Salud (OMS) convocó, el 19 de enero pasado, a una reunión consultiva de alto nivel para discutir el impacto en el sector salud de la crisis financiera y económica. Las conclusiones más relevantes sobre el tema de desastres son aplicables a las realidades de las Américas:

  • Todos los países serán afectados, pero algunos más que otros. Los países afectados por conflictos o desastres naturales, aquellos con instituciones débiles o limitadas reservas financieras son particularmente vulnerables. Otros, especialmente los pequeños estados isleños, enfrentarán un bajón en sus economías al mismo tiempo que enfrentan el impacto del inminente cambio climático.
  • En los países desarrollados o los emergentes, la población pobre, o aquellos que empobrezcan debido a la pérdida de ingresos o de viviendas, serán los más golpeados.
  • El flujo de ayuda para el sector salud, privado o público, que se había duplicado entre los años 2000 y 2006, está cayendo en un período de grandes necesidades. Aún se debate cómo esta situación afectará a los países latinoamericanos y del Caribe. Sin embargo, los participantes de la reunión presentaron ejemplos alentadores de medidas que se pueden implementar a corto plazo para proteger la salud y los gastos de salud en tiempos de crisis. Aún no se plantean medidas a largo plazo.
  • Si el presupuesto de los gobiernos presenta presiones y los ingresos familiares continúan bajando, la demanda por servicios públicos se incrementará, provocando un deterioro en la calidad de los servicios.
  • Los países se verán presionados a hacer gastos de salud más efectivos y se verán tentados a descuidar la atención primaria y la prevención en favor de los servicios curativos, lo cual resulta políticamente más atractivo.
  • Para abordar las variantes sociales y económicas de salud se requerirá de un enfoque multisectorial más amplio.

Sobre todo, los participantes señalaron que una característica clave de la crisis es la velocidad con que evoluciona y la incertidumbre que enfrentan las autoridades. “Evaluaciones rápidas, comunicación efectiva, intercambio de experiencias, ambientes de trabajos efectivos y flexibles serán fundamentales para el éxito”. Afortunadamente, esos enfoques no son desconocidos para los administradores de desastres.

Implicaciones para los administradores de desastres

El impacto potencial de la crisis en la asistencia humanitaria ya ha sido analizado en diversos artículos y reportajes. Las conclusiones obligan a la reflexión entre los coordinadores nacionales de desastres.

  • La crisis financiera podría aumentar el número de emergencias severas, ya sea a través de la disminución de la resiliencia de las comunidades, el deterioro en los sistemas de prevención y de alerta temprana, o simplemente por la agitación social. Las emergencias pequeñas derivarán en crisis mayores. A todo esto se suma las vulnerabilidades de esta década, como el terrorismo, la pandemia de influenza y el cambio climático.
  • La proporción de los pobres en la población afectada incrementará la necesidad y la urgencia de contar con asistencia rápida y sostenible para su supervivencia.
  • Las líneas de presupuesto que eran utilizadas para proveer asistencia serán difíciles de identificar en períodos de escasez. El financiamiento externo rápido y generoso al cual los administradores de desastres estaban acostumbrados también puede declinar y definitivamente será menos flexible. El Centro de Desarrollo Global ha señalado que “desde 1970, tras cada periodo de crisis financiera en un país donante, la ayuda ofrecida por ese país ha caído”. No es claro si el declive en esa ayuda ha afectado en alguna medida o totalmente la asistencia posdesastre. En cualquier caso, las constantes emergencias podrían fallar en atraer la atención del público internacional. La “fatiga de los donantes” puede aparecer cuando en casa aumente la escasez.
  • Aumentará la presión y la demanda sobre el personal de los programas de desastres de los ministerios de salud, distrayéndolos de las actividades de prevención y preparativos. Importantes iniciativas, como la de “hospitales seguros”, pueden convertirse en víctimas, agravando la vulnerabilidad del país y atrasando su sostenibilidad y desarrollo seguro.

¿Cómo mitigar las consecuencias potenciales en las emergencias?

Las recomendaciones de los participantes en la reunión de la OMS son también importantes para que los administradores de desastres enfrenten la crisis:

  • Liderazgo: Los ministerios de salud y sus programas de desastres deben manifestar su apoyo a las emergencias de salud. Los contactos con protección civil o con otras instancias de coordinación deben fortalecerse. Ahora más que nunca, trabajar en forma aislada es perjudicial.
  • Monitoreo y análisis: Si la crisis evoluciona rápidamente, las consecuencias pueden anticiparse con información de calidad. La rápida evaluación de las emergencias será fundamental.
  • Gasto: Las autoridades deben resistir la tentación de recortar los recursos de los departamentos de desastres. Por el contrario, el incremento de las responsabilidades justifica la necesidad de recursos adicionales. La respuesta no puede basarse en la financiación ad hoc y el apoyo externo. Los países deben acelerar sus esfuerzos para establecer formalmente un fondo rotatorio de emergencia en el sector salud. Esto debe ser parte de cualquier paquete gubernamental de rescate financiero o social.
  • Políticas: Debe reiterarse el apoyo político a los programas de desastres. El acceso a los tomadores de decisiones será fundamental. El enfoque de largo plazo debe mantenerse; especialmente las medidas de prevención y planes de contingencia no deben ser sustituidos por parches de emergencia. Es fundamental un compromiso sostenido para incrementar la seguridad de las instalaciones de salud, porque servicios sobrecargados pueden tener menos capacidad de respuesta a emergencias. ¡Los desastres seguirán ocurriendo!
  • Una manera más eficiente de hacer negocios: Esto se aplica tanto a los ministerios de salud como a la comunidad internacional.
    • A nivel de país, los esfuerzos por la respuesta de salud en las emergencias a menudo se solapan o duplican entre agencias. Cuando hay una crisis de presupuesto, no hay lugar para la duplicación de funciones o competencia entre el ministerio de salud, la Cruz Roja o las ONG, las necesidades exceden los recursos disponibles. En el ministerio, las autoridades deben incrementar los esfuerzos para racionalizar la respuesta y adoptar un mecanismo multiamenazas, con el fin de movilizar y coordinar la respuesta de brotes inusuales, accidentes químicos, conflictos sociales o amenazas naturales. Las autoridades deben recordar que es más barato prevenir que curar. La existencia de presupuestos ajustados no implica la reducción de esfuerzos.
    • Internacionalmente, el costo-efectividad de la asistencia debe convertirse en una preocupación. Las costosas medidas de ayuda que son más efectivas en términos de relaciones públicas que en salvar vidas deben dar lugar a medidas y respuestas pragmáticas en apoyo a los servicios de salud locales. Se debe aumentar la confianza en el personal local. Estándares humanitarios mínimos como el Proyecto Esfera (www.sphereproject.org) deben adaptarse a las circunstancias locales y económicas con la visión de atender más y mejor a un mayor número de beneficiarios, afectados o no por una emergencia. Los receptores de la ayuda deberán adoptar un enfoque más crítico señalando las deficiencias de la asistencia externa.

En resumen, nadie sabe, a ciencia cierta, cómo evolucionará la crisis ni cuánto afectará a la situación humanitaria, pero todo indica que habrá dificultades. Los administradores de desastres nacionales deben esperar lo mejor, pero estar preparados para lo peor.

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