Boletin No. 110
Noticias e Información para la Comunidad Internacional
Octubre 2008

Tormentas de septiembre castigan al Caribe

Cuba, Haití República Dominicana, Jamaica, Gran Caimán y las islas Turcas y Caicos sufrieron lo peor, hasta el momento, de la temporada de huracanes 2008. Las tormentas Fay, Gustav, Hanna, Ike y Josephine castigaron al Caribe, entre agosto y septiembre, con fuertes vientos y lluvias que provocaron graves inundaciones. De los países afectados, a Cuba y Haití les tocó la peor parte. Los esfuerzos de asistencia y recuperación a la población afectada se prolongarán por varios meses.

Devastación en Haití

El impacto del desastre causado por el paso de tres huracanes y una tormenta tropical seguidas –Fay, Gustav, Hanna y Ike- no ha hecho más que profundizar la crisis socio-económica en la que está sumido Haití. De acuerdo a datos proporcionados por el gobierno, 424 personas murieron, entre 850.000 y 1.000,000 fueron afectadas en todo el país y más de 150.000 viven en albergues.

Los graves daños abarcan todos los sectores importantes: vivienda, agricultura, infraestructura, salud y educación. El desastre causado por los huracanes, especialmente Gustav y Hanna constituye la cuarta catástrofe más grave que ha ocurrido en Haití desde el inicio del siglo XX.

El mejoramiento en el sistema de alarma pudo haber hecho que el costo en términos de vidas fuera menor al registrado en 2004. Aún así, 424 muertos es demasiado.

Todo el territorio haitiano fue afectado, pero fue el departamento de Artibonite con una población de 250.000 personas, especialmente la ciudad de Gonaive, la que llevó la peor parte. Allí unas 50 mil personas quedaron sin casas, carreteras, caminos y puentes resultaron dañados, dificultando y, hasta haciendo imposible, la distribución de ayuda humanitaria. El sistema de salud fue completamente destruido o seriamente dañado. El hospital principal de Gonaives quedó inoperante, ningún centro de salud pudo atender a las víctimas porque ellos mismos se habían convertido en víctimas. Equipos médicos y medicamentos se perdieron. Esta es la segunda ocasión que el hospital de Gonaive se ve seriamente afectado por las inundaciones.

Uno de los aspectos más complejos es la logística. Recursos para atender varias de las primeras necesidades como medicinas y otros suministros médicos estaban, en muchos casos, disponibles, pero debido a las dificultades de acceso era muy difícil, sino imposible, hacerlos llegar a los afectados.

La presencia de ONG como Médicos sin Frontera, Médicos del Mundo, CARE y de agencias internacionales como la OPS (que lideró el sector salud) y el Comité Internacional de la Cruz Roja, ha sido fundamental en la respuesta en el área de salud.

Sin duda, la coordinación y la unión de esfuerzos de los actores humanitarios en la tragedia de Haití y la apertura de las autoridades nacionales han sido fundamentales para la maximización, aprovechamiento de los recursos y eficacia de la respuesta inmediata.

Un equipo formado por el Banco Mundial, Naciones Unidas, la Comisión Europea y la sociedad civil realizan la evaluación de necesidades post desastre. El reporte se constituirá en una guía para orientar las inversiones de recuperación y reconstrucción. A partir de allí se constituirá un Fondo de Recuperación y Reconstrucción de Haití que proveerá los recursos necesarios para la implementación de proyectos que aborden las necesidades identificadas en la evaluación. Para más información escribir a lagomarn@paho.org

Recuperación del sistema de atención primaria, el reto de Cuba

Fay, Gustav e Ike desataron inundaciones y sus fuertes lluvias y vientos dejaron siete muertos, 700.000 toneladas de alimentos perdidos y 320.000 viviendas dañadas y/o destruidas, cultivos e infraestructura energéticas dañadas o destruidos. Ike recorrió todo el territorio cubano e hizo que se evacuara el 23% de toda la población. La organización, las evacuaciones oportunas y la preparación de la comunidad permitieron reducir el número de fallecidos.

Las pérdidas económicas, incluidas las del sector salud, fueron calculadas inicialmente en 5.000 millones de dólares, es decir 10% del Producto Interno Bruto, un duro golpe para un país que enfrenta un embargo económico con graves repercusiones para su economía. Los daños a la agricultura mermaron la producción (a mediano y largo plazo). Se perdieron 500 mil aves y miles de huevos. Según Defensa Civil, infraestructura vial, vivienda, electricidad, alimentación y salud son las áreas prioritarias para la reconstrucción.

Hospitales importantes en Pinar del Río, la Isla de la Juventud, Las Palmas, Gibará sufrieron serios daños, obligando a remitir pacientes a otra entidades y a reacomodarse dentro de la mismas instalaciones. Además, más de 1400 instalaciones de salud, de distinto nivel de complejidad, sufrieron algún tipo de afectación.

Aunque el sector reaccionó con agilidad, nunca se paralizó y generó respuestas oportunas y puso en práctica acciones de vigilancia y control; ahora el reto es lograr recuperar la capacidad resolutiva de la red de salud, el país tiene personal idóneo y suficiente pero requiere reponer su infraestructura y equipos para lograr mantener los indicadores de salud a mediano y largo plazo.

El sistema de salud cubano ha sido ejemplo para los países en desarrollo. Su modelo basado en la medicina familiar preventiva le ha permitido gozar de buenos indicadores de salud pública con una amplia cobertura de la población. Su recuperación se presenta como un reto inmediato para no permitir que decaigan dichos indicadores y recuperar con celeridad la capacidad resolutiva del sector.

Después del desastre, el riesgo para la salud de la comunidad está directamente relacionado al deterioro del medio ambiente debido al daño de acueductos, la dificultad de acceso a agua segura, el hacinamiento en casas de vecinos amigos o alberges temporales (60 mil viviendas fueron destruidas), las limitantes sanitarias y de higiene que pueden derivarse y la proliferación de vectores y roedores.

Del mismo modo los sectores de agua, alimentos y vivienda tendrán que hacer un gran esfuerzo para mejorar las condiciones de vida y mantener la salud y el bienestar en todas las regiones golpeadas. Para mayor información escribir a hernanle@pan.ops-oms.org

La vulnerabilidad sanitaria de República Dominicana

En el 2007 República Dominicana sufrió el embate de las tormentas Noel y Olga cuando ya se suponía terminada la temporada ciclónica. Ambas mataron a 124 personas y provocaron cuantiosos daños sobre viviendas, caminos, cultivos, acueductos lo que provocó el desplazamiento de al menos de 175.000 personas a albergues y refugios en casi todo el territorio nacional

Al iniciarse la temporada de huracanes en junio del 2008, muchos de estos daños aún no habían sido reparados y gran cantidad de personas todavía se encontraban viviendo en precarias condiciones de albergue o de regreso en las áreas de alta vulnerabilidad, en casas semidestruidas, sanitariamente inhabitables y en situación de pobreza agravada.
Los nuevos daños causados por las intensas lluvias asociadas al paso cercano de Gustav, Hanna, Ike y Josephine ponen al país de cara a un complicado escenario.

Estas condiciones de emergencia acentúan la incidencia de infecciones respiratorias agudas, enfermedades diarreicas y otras de transmisión vectorial. De hecho hay un aumento en la incidencia de malaria, se han duplicado los decesos por dengue y leptospira con respecto al año pasado, y se han multiplicado los casos de conjuntivitis y enfermedades de la piel, relacionadas con deficiencias higiénicas del entorno.

Los suelos están muy saturados y el alto nivel de los ríos y lagunas hacen que muchas de las comunidades que viven en sus riberas e incluso dentro de los propios cauces tengan que ser evacuadas con la menor de las lluvias. Las autoridades han optado por una acertada estrategia de evacuaciones preventivas con lo cual se han “ahorrado” muchas vidas, pero que a la vez genera grandes necesidades logísticas de alojamiento, alimentación y acondicionamiento de los sitios de albergue, que no necesariamente cuentan con las mejores condiciones para la atención de las necesidades básicas inmediatas y menos aún, para la estadía prolongada debido a que muchas de las viviendas pueden quedar por semanas enteras bajo las aguas.

Refugiarse en casa de familiares y amigos ha sido siempre una medida recomendada para reducir la cantidad de personas en albergues; pero ello se convierte en un arma de doble filo debido a que la asistencia médica y alimentaria se lleva a los refugios oficiales y no a viviendas particulares, con lo cual se debilita la cadena de control sanitario. Además, las casas que acogen a estos desplazados tampoco tienen el espacio ni la salubridad adecuada para albergar a dos o más familias completas por periodos largos.

Es importante señalar que se percibe una mejor articulación de los organismos responsables de coordinar las emergencias, que se refleja en medidas proactivas de protección de la población expuesta a riesgos.

En esta línea, la OPS apoya a la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social en los enormes esfuerzos por retornar el cuadro epidemiológico a las condiciones de antes de las tormentas y de brindar condiciones de salud y saneamiento más adecuadas a las poblaciones afectadas, en el contexto desfavorable de un estado de emergencia permanente que no da tregua.

Igualmente, ha venido promoviendo la revisión de temas urgentes como el mejoramiento de las condiciones de alojamiento de los afectados, el acceso al agua segura y la adopción de medidas precautorias para la reducción del riesgo en general. Para mayor información escribir a gquiros@dor.ops-oms.org

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