Boletin No. 110
Noticias e Información para la Comunidad Internacional
Octubre 2008

Editorial

El cambio climático y los programas de desastres en el sector salud

Durante décadas han existido largas discusiones, debates, publicaciones y posiciones políticas encontradas sobre el cambio climático. El tema estuvo rodeado de controversia causada por evidencias científicas insuficientes, conflictos de interés, o el síndrome del “avestruz que entierra la cabeza en la arena”.

Pero recientemente científicos, agencias y gobiernos alcanzaron un consenso en el diagnóstico y sobre todo en la necesidad de emprender acciones para reducir el impacto actual y futuro. Tal como señalara la directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “la evidencia científica continúa aumentando. El clima está cambiando, los efectos ya se sienten y la actividad humana es la causa principal”.

Para poner en perspectiva la verdadera dimensión del cambio climático, la OMS seleccionó el lema: “Protegiendo la salud del cambio climático” como el tema para la celebración del Día Mundial de la Salud 2008. Las herramientas preparadas por la OMS incluyen una hoja informativa sobre el impacto potencial del calentamiento global en la salud, que debe ser de lectura obligatoria para los coordinadores de desastres.

Sin ambigüedad, resalta los hechos más relevantes:

  • El cambio climático está ocurriendo ya y se está acelerando.
  • Los niveles del mar están creciendo a medida que los glaciares se derriten.
  • Los patrones en las precipitaciones están cambiando.
  • Fenómenos meteorológicos extremos están cambiando en frecuencia e intensidad.

El último punto tiene mayor relevancia para los administradores de desastres. Los datos indican que en las últimas décadas se han producido huracanes o ciclones más extremos y la tendencia continuará. Según estudios científicos, una duplicación del nivel de dióxido de carbono en la atmósfera, proyectada dentro de unos 80 años, tendrá como resultado un aumento de solo 6% en el promedio de la velocidad del viento de los ciclones; pero 300% en la frecuencia de los huracanes más fuertes (categoría 5).

Esta claro que los administradores de desastres deben preocuparse por las proyecciones sobre la ocurrencia de feroces huracanes o graves fenómenos de El Niño. Pero estos desastres climáticos no son la única causa de crisis de salud que pueden afectar al Caribe y a América Latina como resultado del cambio climático. Desafortunadamente hay más motivos de preocupación.

También se ha escrito mucho sobre las nuevas o más comunes epidemias de enfermedades trasmisibles. Es improbable que esos brotes sean consecuencia directa de desastres climáticos (como inundaciones, huracanes), pero si que serán el resultado de condiciones permanentes que favorecen su transmisión. Las enfermedades trasmitidas por vectores como malaria o dengue son buenos candidatos; enfermedades trasmitidas por el agua como la diarrea, que tienen temporadas cíclicas y su incidencia aumenta en el verano o en la estación lluviosa, podrían tener mayor impacto si se modifican los patrones climáticos estacionales.

Desastres súbitos, ya sea huracanes o epidemias, son solo una de las posibilidades del impacto. El cambio climático tendrá otros efectos serios en la salud, resultado de las dificultades económicas y sociales que el calentamiento global generará en los países más vulnerables. Algunos enfrentarán inseguridad alimentaria, otros, erosión costera y otros, dificultades económicas. Finalmente, algunos países se beneficiarán, pero serán una excepción.

Los coordinadores de desastres se encontrarán movilizados en un número creciente de crisis que requerirán flexibilidad y acción en preparativos y respuestas a emergencias.

La OMS lo resume de la siguiente manera: “A largo plazo, el impacto más grave en la salud puede que no provenga de desastres naturales o epidemias, pero sí del incremento gradual en la presión de los sistemas naturales, económicos y sociales que mantienen la salud y que, ya, están bajo estrés o tensión en los países en desarrollo”.
Ese estrés gradual incluye reducciones y cambios estacionales en la disponibilidad de agua, caída en la producción de alimentos e incremento en el nivel de los mares. Estos cambios tienen la capacidad de forzar desplazamientos de poblaciones e incrementar los riesgos de conflictos civiles”.

En resumen

  • El calentamiento global está ocurriendo, pero acciones preventivas si se toman a tiempo, pueden reducir su impacto.
  • Los efectos negativos se irán sucediendo y se concentrarán, sobre todo, en las poblaciones más pobres y vulnerables que ya enfrentan amenazas sanitarias.
  • Los efectos del cambio climático variarán de un país a otro.
  • Desastes climáticos catastróficos o las epidemias son solo dos de los escenarios posibles, pero no los más preocupantes.
  • La escasez de agua y comida empeorarán, y disturbios civiles y desplazamientos de población pueden incrementarse.

Ahora es el momento y la oportunidad para que los coordinadores de desastres se preparen para este cambio de función y fortalezcan su relación con otras áreas de la salud

Ante esta situación ¿qué debe hacerse? La solución no pasa por la elaboración de planes para el peor escenario de un huracán catastrófico, ni tampoco por el almacenamiento masivo de suministros o comida en países pobres. La mejor alternativa es fortalecer la capacidad institucional y la preparación técnica. El fortalecimiento de los servicios de salud debe ser un elemento central para adaptarse al cambio climático.

En el pasado, un coordinador de desastres podía manejar un programa vertical con poca cooperación o coordinación de otros actores. La fortaleza de un programa de desastre estaba en su capacidad de responder al impacto de eventos súbitos que impactaban al sistema. En el escenario poco previsible que supone el calentamiento global, las crisis serán eventos sociales prolongados. El valor agregado y la razón de existir de los programas de desastres serán su capacidad de asistir a todo el sector salud en la evaluación del riesgo y en la respuesta de crisis prolongadas, en la escasez y deterioro de los servicios. Evaluar la vulnerabilidad de todo el sector salud requerirá un experto en desastres cualificado, flexible y práctico, abierto a la colaboración e interacción con muchos expertos y con la comunidad científica, particularmente con los meteorólogos. El manejo de crisis podría convertirse en el “negocio diario” de todos, bajo la coordinación de una pequeña célula a nivel ministerial en lugar de un extenso programa técnico.

Ahora es el momento y la oportunidad para que los coordinadores de desastres se preparen para este cambio de función, fortalezcan su relación con otros departamentos, especialmente con enfermedades transmisibles, actuando como los principales promotores de la adopción –transversal- de medidas preventivas, así como de lanzar una iniciativa sostenida para una evaluación de las vulnerabilidades especificas existentes en el país.

Algunas cosas que los coordinadores de desastre deben y no deben hacer:

  • Piense a largo plazo para la promoción de la reducción de riesgos y cambios de conducta.
  • Piense a corto y medio plazo para sus planes de contingencia. No tiene sentido planear hoy para algo que quizás ocurrirá en varias décadas, después de contar con una amplia evidencia de deterioro progresivo. En otras palabras no escoja el escenario más catastrófico para su planeamiento inmediato.
  • Identifique vulnerabilidades y escenarios realistas para su país. Hay tantos escenarios, como países y regiones.
  • Relaciónese con otros programas y departamentos promoviendo una cultura de preparativos. No piense que es el dueño exclusivo del manejo de desastres para el cambio climático (o cualquier otra amenaza) en el Ministerio de Salud.
  • Invierta en la creación de capacidades. La capacidad de los sistemas de salud, ya sobrecargada, debe mejorarse. Participe constructivamente en todas las mini crisis de otros programas técnicos.
  • No invierta demasiado en acumulación de equipos y suministros. El futuro está en mejorar el sistema de salud y sus recursos humanos.
  • Manténgase actualizado en nuevas evidencias y evalúe periódicamente sus prioridades.

Reforzar la reducción del riesgo de desastres, las alertas tempranas y las acciones de salud en emergencias ayudará a asegurar que las poblaciones estén mejor protegidas frente a las amenazas crecientes del clima extremo o de cualquier otro efecto del cambio climático.

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