Boletin No. 108
Noticias e Información para la Comunidad Internacional
Octubre 2007

Terremoto en Perú, vuelven los mitos

El terremoto ocurrido en Perú el 15 de agosto del 2007, con una magnitud de 7,9 en la escala de Richter, provocó daños en más de 20 provincias del sur del país, especialmente en las regiones de Ica, Lima y Huancavelica. Los datos oficiales ofrecidos por el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) reportan 519 muertos, 1211 heridos y más de 300.000 damnificados. A las 7 semanas de ocurrido el terremoto las calles de Pisco seguían con escombros, los servicios básicos de agua, electricidad y comunicaciones no se habían restablecido totalmente, y más de 30.000 personas seguían viviendo en los albergues ubicados en Chincha, Ica y Pisco.

La red de instalaciones de salud fue severamente afectada. Las cifras indican que fueron destruidas 14 instalaciones (entre ellas 3 hospitales) y 112 quedaron afectadas. Más allá de estas cifras, lo significativo es que en algunas poblaciones como Pisco (con una población superior a 100.000 habitantes) más del 95% de las camas hospitalarias existentes quedaron fuera de servicio. Aún casi dos meses después, la asistencia sanitaria se sigue ofreciendo en carpas o instalaciones provisionales a la espera de reconstruir la red de servicios. Los daños, pero sobre todo su impacto social con miles de personas que deberán ser atendidas en condiciones precarias, se sentirán por muchos meses.

Otras cifras muestran la fuerza del impacto. Más de 88.000 viviendas destruidas. Y no solo los daños afectaron a los centros urbanos, un gran número de comunidades rurales quedaron severamente afectadas. Miles de las familias se reubicaron espontáneamente en albergues informales, construidos en solares próximos a las casas, sin agua y sin servicios públicos. Se lograron instalar un total de 92 albergues, con casi 33.000 personas. Aunque las condiciones variaban mucho de unos a otros, los mayores problemas eran el saneamiento y el acceso al agua potable. Aún dos meses después del terremoto las necesidades de letrinas y de provisión de agua eran muy importantes. En general, la red de agua y saneamiento quedó gravemente afectada, sobre todo en Pisco.

El terremoto puso a prueba el sistema de salud del país, tanto en el nivel central, como en las regiones y provincias afectadas. El personal de salud y las autoridades locales y nacionales se volcaron en la asistencia, apoyados siempre por la cooperación internacional. Los heridos se atendieron con rapidez. Se organizaron brigadas para ofrecer servicios de salud en carpas instaladas en lugares públicos y en los albergues. La vigilancia epidemiológica funcionó y el comportamiento de las enfermedades no reflejó ninguna crisis importante. Pese al gran número de personal local de salud directamente damnificado, los servicios pudieron brindarse con personal de otras provincias y de la cooperación internacional. Especialmente en el nivel local, el sector se organizó con rapidez para manejar la respuesta. Los COE de salud funcionaron en Pisco y Chincha, apoyados con salas de situación donde expertos de salud, agua y saneamiento recopilaban y procesaban la información existente. Los equipos de salud mental se organizaron con la participación de varias instituciones.

Pero los mitos se repiten. A pesar de las enormes lecciones aprendidas en otras emergencias, los momentos de confusión y ansiedad que crean los desastres son muy apropiados para que circulen y se diseminen muchos de los mitos de siempre: “los cadáveres provocan epidemias”, “la población afectada necesita ser vacunada masivamente”, “se necesita cualquier ayuda internacional o externa y se necesita ya”. Fue necesario un fuerte trabajo con los medios de comunicación para tratar de disipar estas creencias, que mal manejadas contribuyen a obstaculizar las labores de asistencia. Otro mito: la emergencia dura solo unos días o pocas semanas. Falso, este terremoto volvió a mostrar que cuando las cámaras y los medios de comunicación desaparecen, la situación de la población afectada está muy lejos de normalizarse. Dos meses después falta mucho para que la situación esté normalizada, con miles de afectados que requieren alimentación, agua, saneamiento y cuidados de salud. En relación a los servicios de salud, se está haciendo los estudios para reconstruir los centros de atención médica que resultaron dañados. La OPS/OMS está trabajando con fondos de emergencia obtenidos de la cooperación internacional para apoyar al Ministerio y al país en las áreas más críticas: rehabilitación de los servicios de salud, fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y control de enfermedades, apoyo para las labores de saneamiento básico, higiene y provisión de agua segura, y coordinación general de la post-emergencia, incluyendo el apoyo de LSS/SUMA para el inventario y control de los suministros.
Una de las grandes lecciones aprendidas es la necesidad de reforzar y seguir trabajando los preparativos para desastres en el sector salud, tanto en el nivel central como en las provincias y municipios del país. Los centros de salud y los servicios de agua y saneamiento deben reconstruirse mejorando su seguridad y su resistencia.¿Tendremos hospitales más seguros en Pisco, en Chincha o en Ica? Para mayor información escribir a cgarzon@paho.org

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