Boletin No. 107
Noticias e Información para la Comunidad Internacional
Junio 2007

Editorial

La buena información continúa siendo el recurso más elusivo
y escaso en grandes desastres

 

La producción científica y las publicaciones técnicas en el área de la medicina o la salud pública están normalmente sometidas a un arduo proceso de preparación técnica, análisis de contenidos, revisión y control editorial. Métodos y procedimientos son revisados frecuentemente con grupos de evaluación, que capturan y corrigen errores y garantizan la calidad científica para la publicación final. Este largo proceso tiene como beneficio eliminar errores, corregir mitos o falsas creencias, de tal forma que las estrategias de la medicina moderna y la salud pública están constantemente evolucionando. En emergencias y desastres las “leyes” son otras, especialmente si se trata de un desastre repentino. En un desastre, los pasos que gobiernan la gestión y producción de información cambian. Lo más importante es la acción inmediata, y la evidencia y la información técnica pasan a un segundo plano. Los mitos sobre la respuesta humanitaria identificados por la OPS/OMS hace 25 años se mantienen vigentes. Fallas o errores identificados en evaluaciones y talleres de lecciones aprendidas se repiten en una y otra crisis. Para entender la cultura de la gestión de información en grandes desastres, hay que conocer bien qué información se necesita, qué fuentes existen para obtener datos, qué acceso existe a información y saber que su uso difiere mucho de las acciones de rutina en salud pública o en medicina.

Las necesidades de información en desastres

En periodos de “no desastre”, se precisa información sobre amenazas y vulnerabilidad, guías, modelos, estudios de caso, evaluaciones, nuevos métodos y resultados, etc. al igual que ocurre en otra área social o en la salud pública. El rango de disciplinas involucradas en la gestión del riesgo es muy amplio y diverso, aunque todavía sufrimos importantes lagunas de información en muchos temas relacionados con la reducción del riesgo; por ejemplo, los aspectos económicos y de costo/beneficio en acciones de mitigación.

En el pos-desastre, las necesidades cambian radicalmente, y el valor ya no es disponer de estudios comparativos muy elaborados o guías generales, sino de temas muy sensibles asociados al tiempo y el espacio: datos operativos sobre lo que se necesita, dónde y cómo. Pero también el cliente es diferente. Los usuarios no son planificadores, expertos y gerentes que desean exactitud científica, sino personal de respuesta y tomadores de decisión que no pueden esperar a obtener información segura y probada para tomar acción. Velocidad y visibilidad compiten con eficiencia.

Las fuentes y la producción de datos

En medicina y salud pública la mayor parte del conocimiento procede de artículos y publicaciones científico-técnicas, de lenta elaboración y sometidos a la revisión y el análisis de revisores expertos. En el área de desastres, la mayoría del conocimiento se acumula en documentos y “literatura gris”, que pocas veces ha sido sometida a los requerimientos de las publicaciones formales. A falta de una revisión editorial independiente que sirve de escrutinio técnico, el control de calidad recae, a veces, en el propio lector. La literatura gris va a continuar siendo una fuente muy importante de conocimiento para la gestión de desastres.

Durante la fase más aguda de una larga emergencia, lo más común es que la información que se necesita para tomar decisiones no esté disponible. Además, la información del pasado (obtenida en otro desastre) no cumplirá con los requerimientos actuales. La respuesta en salud tiene lugar en un contexto multisectorial, que requiere un enfoque interagencial para la evaluación de daños. Los mecanismos de recolección de datos establecidos por la ONU o por un solo país no consiguen generar la información requerida y sobre todo convertirla en decisiones significativas para actores que tienen distintas responsabilidades y necesidades de información rápida.

La falta de presupuesto es presentada muchas veces como la razón de que la información sobre las necesidades no esté disponible en los primeros días o semanas. Sin embargo, en casos como el tsunami en Asia o el huracán Katrina, donde la disponibilidad de dinero no fue un problema, la información también fue elusiva. A pesar del considerable compromiso de la comunidad humanitaria para tener unas bases de acción comunes, los mecanismos existentes para generar esta información operativa (como UNDAC, FACT, etc) no cuadran con la complejidad y el tiempo limitado que implican estas acciones.

Acceso a la información

Facilitar el acceso a información es la razón de ser de un bibliotecario. Saben como recopilar grandes cantidades de información y guiar a los usuarios hacia los recursos más relevantes. En el campo médico y de la salud pública, centros como la NLM o BIREME crearon bases de datos y recursos pioneros, tales como Medline, LILACS, etc. En el área de desastres, donde existe una gran cantidad de literatura gris no recolectada de forma sistemática, el Centro Regional de Información de Desastres (CRID) ha jugado un papel líder en facilitar el acceso a información, que nunca estaría disponible de manera colectiva. Pero ninguno de estos sistemas fue diseñado para proveer la información efímera y rápida que se requiere para las operaciones en medio de una emergencia.

Si la información operacional existente es insuficiente, mucha información se genera después de un desastre que puede ser valiosa para futuros desastres. Los proyectos existentes para diseminar toda esta información en grandes desastres, por ejemplo los Centros de Información Humanitaria (HIC) de OCHA, tienen frecuentemente una vida corta, asociada a la duración de las operaciones de socorro.

La Red Centroamericana de Información sobre Salud y Desastres (CANDHI), establecida conjuntamente por CRID, NLM, OPS y ECHO, es un ejemplo de cómo centros nacionales, bien posicionados institucionalmente, cuentan con la capacidad técnica para garantizar a largo plazo la recopilación y conservación de toda esa literatura gris (informes de situación, evaluaciones de daños y necesidades, proyectos, etc.) , que de otra forma se dispersa y se pierde varios meses después de ocurrido el desastre. Los bibliotecarios de esos centros deben concentrarse en localizar y preservar todo esa documentación antes de que se pierda.

Gracias a Internet, hoy la información es ubicua y el nuevo problema es cómo ser rápido y directo en las búsquedas, encontrar lo que es relevante y rechazar lo superfluo. Muchos centros, como el CRID, la Red CANDHI o los centros de las organizaciones de Protección Civil ofrecen acceso en línea a los mismos documentos, a la vez que los productores de estudios e informes los ponen en la web. Los usuarios requieren “buscadores” capaces y bien diseñados, que entiendan sus necesidades y les ayuden a transitar por el gran volumen irrelevante de información, para llegar rápida y fácilmente al documento deseado. Un buen servicio de información no se mide más por la cantidad, sino por la pertinencia y la facilidad para encontrar la información deseada. Aquí encontramos de nuevo el dominio técnico de los bibliotecarios y los centros de información, como CRID. Cambia el entorno, pero no cambia su función. Su fortaleza de siempre puede ser también su limitación, en el hecho de que el alcance de su aplicación se limite a su base de datos, cuidadosamente seleccionada, y no a todo el universo de la web.

Las búsquedas con Google y otros buscadores comerciales proveen acceso a miles de referencias, muchas veces inútiles. El desafío para los centros de información y los usuarios es asegurar que la información más pertinente y fiable aparezca en las primeras páginas de una búsqueda. El bibliotecario debe tener las habilidades y la competencia para agregar las etiquetas, palabras claves, o atributos necesarios a los documentos de la web para optimizar su accesibilidad.

Los bibliotecarios pueden contribuir a preservar, organizar y diseminar esa irremplazable y volátil información, junto a las publicaciones generadas en los momentos de preparativos, socorro o reconstrucción. El mayor desafío sigue siendo, desafortunadamente, que todo ese conocimiento y evidencia acumulada sea usado y puesto en práctica por los gerentes que atienden los desastres. Se necesita un esfuerzo mucho más proactivo de los expertos de información para transformar esa información en conocimientos que permiten evitar los errores y los mitos del pasado. Las poblaciones afectadas se beneficiarán si logramos balancear mejor la acción inmediata y visible con el uso de la información disponible, las lecciones aprendidas y la experiencia ganada.

En este Boletín se describen experiencias o iniciativas recientes del CRID, de OCHA (Redhum) o de la EIRD (PreventionWeb) que están desarrollándose para mejorar el acceso y la recopilación de información en desastres.

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