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Editorial
Evaluaciones de necesidades posdesastre: el primer paso que se debe tomar
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Con frecuencia, los países afectados por los desastres empiezan a recibir ayuda que no han solicitado antes que hayan tenido tiempo de realizar una evaluación de necesidades. |
Existen muchas razones que justifican la realización de las evaluaciones posdesastre: determinar las necesidades inmediatas y de corto plazo de los sobrevivientes (el tema de este editorial); hacer inventario de los daños (en viviendas, hospitales y otra infraestructura pública o privada); y/o determinar el impacto económico, es decir asignarle cifras a los costos directos e indirectos que se pueden atribuir al desastre.
La evaluación de necesidades en una emergencia es un primer paso esencial antes de realizar una intervención. La mayoría de las organizaciones humanitarias invierten mucho tiempo y esfuerzo para llevarlas a cabo; las universidades y otras entidades de capacitación incluyen el tema en el programa de estudios de casi todos sus cursos. Sin embargo, a pesar del énfasis institucional que se le da a las evaluaciones rápidas, la mayoría de los responsables de la toma de decisiones—especialmente en el nivel internacional—no reciben la información que necesitan para tomar decisiones rápidas sobre la respuesta más efectiva. Con frecuencia los fondos o la ayuda es asignada en base a lo que se asume que las víctimas deben necesitar o de acuerdo a consideraciones domésticas promovidas por los medios de comunicación. Esto se ha repetido no sólo en desastres de gran magnitud en las Américas, sino también en otras regiones del mundo. Una evaluación realizada por la Coalición para la Evaluación de Tsunamis (TEC) sobre la efectividad de las evaluaciones de necesidades explica claramente este tema (puede verse—solo en inglés—en www.tsunami-evaluation.org/, siguiendo los enlaces bajo TEC Thematic Evaluations).
La realidad es que la evaluación de necesidades sirve a intereses muy variados: es necesaria para las autoridades y el público en general en un país afectado por un desastre; sirve a los medios de comunicación que buscan estadísticas de impacto, a los donantes y organismos humanitarios externos que esperan con ansias la información para poder asistir efectivamente. Este artículo esta dirigido a los usuarios internacionales de la información generada por evaluaciones de necesidades humanitarias, un grupo que con frecuencia no está satisfecho con la información que recibe de las autoridades nacionales.
¿Cuál es la información que busca la comunidad internacional?
A los donantes bilaterales y otros organismos externos les interesa muy poco saber los números precisos por localidad de personas fallecidas, heridas, sin albergue, etc. Aunque las autoridades nacionales usan estas estadísticas como base para tomar decisiones administrativas, esta información es de valor mínimo cuando se trata de determinar cómo ayudar al país afectado.
La información que los donantes necesitan obtener con rapidez es la relativa a las necesidades aun no cubiertas. No necesitan una lista detallada de lo que la población afectada podría requerir idealmente, sino de lo que es esencial para asegurar la pervivencia y proteger la salud; lo que no se podrá brindar o no será abastecido localmente. Muchos donantes buscan un área específica para orientar su ayuda, por ejemplo la asistencia médica o la donación de medicinas, las vacunas, alimentos o utensilios de cocina, o quizás ofrecer conocimientos o servicios especializados. Igual de importante es para los donantes saber que es lo que el país no necesita recibir, como voluntarios médicos, medicinas que están cerca de su fecha de vencimiento, o ropa vieja. Evitar contribuciones inapropiadas o duplicadas ahorra recursos y libra de aprietos.
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Las necesidades de minorías o poblaciones remotas muchas veces son ignoradas cuando las evaluaciones dan información incompleta o inexacta. |
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¿Por qué no es suficiente la evaluación nacional?
Brindar evaluaciones posdesastre oportunas a la comunidad internacional no es una tarea tan simple y clara como parece. Muchos actores internacionales sienten la necesidad de enviar sus propios equipos para buscar información y realizar evaluaciones, y con frecuencia compiten o abruman a las autoridades nacionales. Los equipos que con frecuencia están presentes en las Américas son el Equipo de la ONU de Evaluación y Coordinación de Desastres (UNDAC); su agencia homóloga en el movimiento de la Cruz Roja (el Equipo de Evaluación y Coordinación de Campo—FACT); los Equipos Norteamericanos y Canadienses de Respuesta para Atención de Desastres (DART); y el Equipo de Operación del Reino Unido (OT). Hay muchas razones por las cuales los actores internacionales envían sus propios equipos de evaluación:
- Información rápida y oportuna: algunos piensan que no pueden darse el lujo de esperar a que estén listas las evaluaciones nacionales. Los donantes suelen tener plazos estrictos para distribuir recursos y lo hacen con presión y escrutinio público. Por lo tanto, los organismos de emergencia que no pueden establecer sus prioridades y presentar un proyecto dentro de un tiempo corto, probablemente no recibirán ayuda. La percepción de que es necesario actuar inmediatamente explica también porque muchas decisiones no son hechas en base a la evidencia, sino que responden a las expectativas y percepciones del público. Con frecuencia, las autoridades se muestran reacias a emitir una lista de necesidades antes de completar su propia evaluación. Hacer estimaciones acertadas de manera temprana no es una de las fortalezas de las instituciones públicas.
- Falta de recursos en el nivel nacional: por definición, un desastre de gran magnitud sobrepasa los recursos y la capacidad del país afectado, y esto se aplica particularmente a la capacidad de recolectar y analizar información. Lo que cuenta no es sólo la cantidad de personal local disponible para realizar la evaluación, sino también su experiencia previa en desastres de gran magnitud. El apoyo externo es, con frecuencia, indispensable, aunque una consecuencia a veces inesperada es la proliferación de equipos de evaluación que le dan más trabajo a los limitados recursos humanos del comité nacional de emergencia o la protección civil. El resultado es una abundancia de encuestas y evaluaciones parciales que hacen más difícil conseguir una imagen consolidada de dónde están las necesidades y cuáles son las prioridades.
Dos factores adicionales aseguran que los equipos externos de recolección de información continúen existiendo:
- Necesidades específicas de las agencias: cada actor internacional tiene restricciones, mandatos y recursos específicos; no pueden brindar todo lo que se necesita. La respuesta a un desastre debe a la vez satisfacer las necesidades de la población afectada y los requerimientos de la agencia de respuesta. La información de la evaluación debe tener en consideración esto último, por lo que normalmente sólo el personal o los contratistas del organismo externo tienen la capacidad para hacerla.
- Responsabilidad: Los donantes y otros actores humanitarios tienen responsabilidad financiera y política ante sus constituyentes y algunos piensan que no pueden confiar a ciegas en la información que reciben. Ha habido muchos ejemplos de pérdidas exageradas o de “listas de compras” que excedían claramente las necesidades justificables, o por el contrario, las necesidades de las minorías o de comunidades remotas y pobres son ignoradas en las evaluaciones. ¡La desconfianza en la información proporcionada por el gobierno del país afectado puede llegar a ser tan fuerte que algunos donantes esperan que sus evaluaciones sean totalmente diferentes!
Aunque los países de América Latina y el Caribe han logrado un progreso significativo en la preparación de evaluaciones de daños y necesidades objetivas, recibir validación externa es un signo siempre positivo. Si las autoridades nacionales manejan bien esta situación, una evaluación externa puede ser una ventaja para la población afectada. Esta discusión continuará en la próxima edición de este boletín, con énfasis en las recomendaciones y mejores prácticas relacionadas a las evaluaciones de daños y necesidades posdesastre.
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