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Popayán: Cuna de hidalgos, asiento de desplazadosRubén Darío Guevara Corral El Problema. IntroducciónEn Colombia de un tiempo acá, se ha venido incrementando de manera por demás desconcertante, el fenómeno de la violencia y sus múltiples formas, tiene expresiones significativas en el inconsciente colectivo de las personas. Es que esa guerra irregular que se exterioriza en un enfrentamiento armado, sostenido entre grupos organizados que persiguen objetivos políticos diferentes, está atentando contra los más hondos principios de una sociedad que por no ser tolerante, golpea social, económica y psíquicamente a los sectores más deprimidos del país. Una respuesta de ese accionar de las fuerzas guerreristas, llámense: paramiliatres, AUC, guerrilla o ejército regular, se observa en las diferentes expresiones que como masacres, asesinatos y secuestros (desde enero de 1996 hasta abril de este año, 21.822 colombianos fueron secuestrados: El Tiempo 7-18-04), obligan a un desplazamiento forzado, que es esa huída de una población de cerca de 3 millones de personas (Codhes) que busca refugio y se obliga en aras de conservar su vida, a ubicarse en poblaciones, caceríos o en las ciudades capitales de departamentos. Así, se ha convertido el desplazamiento en la causa principal del notable deterioro del desarrollo humano en Colombia y de sus cambios demográficos Esta guerra injusta y cruenta, ha propiciado también un deterioro ambiental y está atentando contra la calidad de vida de la población en la medida en que por querer ejercer control político y económico sobre un territorio, se ha cambiado la estructura de la propiedad de la tierra y por ende, la producción de cultivos, el uso y destino de los recursos naturales. En menos de 40 años se ha reducido a la mitad el porcentaje de colombianos que vivía en el campo. Las necesidades del 50% de los municipio del país se han incrementado porque no pueden proveer los recursos necesarios de agua, vivienda, energía, educación y salud. Hay una crisis social y una amenaza a la producción de alimentos y a su comercio, pero en el fondo, ya se manifiesta un aumento de la miseria ante la falta de recursos económicos de los productores y consumidores para satisfacer sus necesidades. Un ejemplo de esta situación general la encontramos en el departamento del Cauca y en especial, en su capital, la ciudad de Popayán. Por ello, entender el fenómeno del desplazamiento y sus resultados obliga a establecer esa relación entre departamento y su capital para así, tratar de explicar y entender esa realidad. El Drama.-En los últimos años son varios los eventos de desplazamiento forzado en todo el país. El departamento del Cauca no ha estado exentos de ellos: masacres, tomas de poblaciones, secuestro y asesinatos por mencionar sólo algunos. Son los campesinos, afrodescendientes e indígenas, los más afectados ( en el país son el 5% del total de desplazados). Esas masacres y asesinatos crean el pánico entre la gente que huye o los han obligado a hacerlo. Pero también de manera soterrada, el miedo se inculca y las retaliaciones se perpetúan. No obstante estar sentados en la misma mesa de negociación Estado y autodefensas, se violan los acuerdos y la política de “seguridad democrática” no parece dar resultados en lo social, por el contrario, la inversión militar y el fortalecimiento de las medidas de seguridad se imponen sobre las demandas de inversión social, agudizando la pobreza en el país.. Es dramática la realidad de fondo del conflicto colombiano por la degradación de las confrontaciones frente a un gobierno que aún no tiene cómo proteger a sus víctimas, su asistencia y protección está pendiente en muchos casos y en otros, no es lo suficientemente satisfactoria, así asegure el vicepresidente de la República que ha habido “importantes avances y logros en temas capitales como la reducción de todos los índices de violencia y del desplazamiento forzado” ( El Tiempo, 5-27-04) y que gracias a la seguridad democrática este último se ha reducido en un 52%, y como complemento, el informe de la Consejería Presidencial para la Acción Social dice que: “han retornado a sus lugares de origen 14.072 familias desplazadas por la violencia. De esos grupos familiares 1989 han regresado en lo que va del año 2004 gracias a la concertación gubernamental y a organismos internacionales y comunidades”. Pero en la realidad es que cada día, las informaciones de los medios de comunicación muestran un panorama más aterrador, más desesperante, pues son más los que se desplazan que los que retornan. Situación panorámica de la ciudad de Popayán.Nuestro referente analítico acerca de este fenómeno del desplazamiento lo hemos referenciado en la ciudad de Popayán, capital del departamento del Cauca que en la época colonial fue la segunda ciudad en el orden administrativo después de Santa fé de Bogotá y uno de los centros de mayor importancia e influencia histórica del país. Cuna de una clase dominante de prominentes patricios que sobresalieron en todos los campos del saber, cuyas profundas tradiciones históricas los mantuvieron por siglos como abanderados por su contribución a obtener la independencia de España, por moldear y consolidar la nacionalidad aportando ellos, los oriundos, su fuerza y su sabiduría para ir sentando las bases de lo que sería la conformación del Estado nacional. Cuna de 12 presidentes y crisol de la independencia, con lazos familiares enraizados en la hidalguía española, sustentaron su poder político en las vastas posesiones de tierra que heredadas por tradición poseyeron y con ellas, el beneficio del poder y la aceptación de la subordinación hegemónica en las relaciones de producción sobre una fuerza de trabajo indígena que les permitió por muchos años, mantener esas extensiones de tierra y una propiedad sobre el territorio que sólo vino a fracturarse en forma abrupta, en la década de los años 80 No podemos hacer a un lado la situación del departamento que hasta mediados del siglo pasado en el Cauca, mostraba cómo la tierra había sido un referente primordial del conflicto y por ello la presencia de la insurgencia democrática de indígenas y campesino en aras unos, de recuperarla y obtener el beneficio de la reforma agraria que pregonaba “tierra para quien la trabaja” y otros, de mantener a toda costa sus propiedades. Los indígenas como protagonistas históricos, propietarios ancestrales de esos territorios de resguardos, han expresaron su descontento por las formas caducas y absurdas de esas relaciones de producción (peonía) y así fue como en un determinado momento, se obligaron a confrontar al Estado por medio del alzamiento armado y en honor a uno de sus líderes más carismáticos Quintín Lame. El hecho es que, una vez reinsertado y terminado el grupo “Quintín Lame” y llegados los acuerdos de paz, el rechazo a una guerra, que no es de ellos, se ha mantenido y ha sido categórica y determinante su posición, sin embargo, el incumplimiento de los compromisos por parte des Estado, los ha obligado a realizar movilizaciones, ya sean marchas, tomas de carreteras y protestas urbanas, tanto en Popayán la cabecera municipal como en las poblaciones afectadas, como también a expresar, gracias a sus formas de organización comunitaria, resistencias organizadas en sus localidades. Valga anotar que en los municipios en donde se dio y permanece la lucha por la tierra son grandes expulsores de población. Con este panorama general, queremos mostrar que la violencia en el Cauca aún su forma particular de expresarse, es histórica y de allí se ha contribuido al desplazamiento de vastos sectores de población que llegan a la ciudad, que son de diversos grupos étnicos y que tienen formas expresivas de acceder en el espacio urbano de manera diferentes. Lo que observa uno en el fondo es que este hecho,- el desplazamiento- , es como una acción abrupta que tiene que definirse por causas estructurales y que debe tener respuestas estructurales en donde se manifiesten la obtención de los derechos ciudadanos y no la exclusión; la equidad política, social y económica a través de acciones concientes y de conciliación, para la recuperación de los derechos humanos y las expresiones de vida social. Es que entender el desplazamiento es entender la naturaleza del conflicto, en la medida en que la dinámica de los conflictos regionales, los poderes locales y regionales tienen una fuerte incidencia en la dinámica general de la guerra. No es lo mismo la guerra en Urabá que en el Cauca.(Zuluaga. 2004). No obstante las solicitudes de la Procuraduría al Estado en el sentido de entregar protección a la población desplazada, de adoptar medidas para garantizar la atención y el restablecimiento de los derechos de los desterrados, lo cierto es que hay todavía muchas fallas para acceder a estas peticiones. Elementos a considerarEn el Cauca si bien están los organismos institucionales que deben proveer la atención, los recursos y la logística apropiada junto con las ayudas, no se ven. Popayán es un centro receptor de población desplazada de departamentos vecinos: Huila, Nariño, Caquetá y Putumayo especialmente y del mismo Cauca. Hoy el municipio se debate en una crisis institucional porque sus exiguos recurso económicos no alcanzan ni siquiera para satisfacer las más mínimas necesidades de la población tradicional, menos la de los que diariamente están llegando como desplazados, a su periferia y que consumen lo que hay en la ciudad. Clasificado en un categoría económicamente baja y pignoradas sus arcas por los organismos prestamistas, no puede dar respuesta a esta problemática y por el contrario, hoy se ha exteriorizado un descontento social que se hace manifiesto en un aumento progresivo de formas delincuenciales y protestas diarias en busca de solución por parte de una población que exige inmediatas medidas de atención para su miserable y deprimente situación. La falta de un compromiso de la sociedad civil, de las entidades gubernamentales y de sectores productivos, imposibilitan construir soluciones efectivas y sostenibles. El problema se quiere invisibilizar, la ciudad no parece percatarse de este problema ni del de los desplazados, los ignoran, incluso, los medios de comunicación que hacen alusión a ellos es para imputar y proyectar en ellos las imágenes negativas de una situación generalizada de hechos de violencia. Hay un vacío en la comunicación con el problema desplazados y la ciudadanía. Por otra parte, los desplazados que “llegan con una cobija y sus enceres domésticos bajo un brazo y en el otro, cargando a sus hijos”, sin un nivel de formación más que el que les ha proveído la actividad agrícola, analfabetas y sin posibilidades de un trabajo estable por las mismas condiciones del municipio capital, contribuyen a incrementar sus dificultades y a aumentar sus penurias. Hoy, Popayán, más que ser la “cuna de la hidalguía nacional” es una ciudad de asiento de desplazados. El desplazamiento a la ciudad, después de un proceso de peregrinaje recurrente en la búsqueda de mejores condiciones para vivir, obliga a los desplazados a que efectúe en esa díada lógica de des espacialización - re espacialización a la búsqueda de identidades y territorios culturales Aunque existe un panorama ensombrecedor en la ciudad, quisiéramos como rescatar algunos elementos que de alguna forma si bien “afean” el espacio urbano, también han contribuido a dinamizar una economía gracias a la informalidad de un comercio de los vendedores ambulantes, desplazados en su mayoría, como también al fortalecimiento de sus propias organizaciones y las que sin ánimo de lucro, luchan junto a este sector de población en todos los campos para contribuir con ellos a buscar soluciones inmediatas. Una tipología del desplazado se alcanza a vislumbrar en la ciudad de Popayán, esa diversidad se manifiesta entre los indígenas que ocupan terrenos dispersos (como escondidos en la trama urbana) y realizan actividades muy particulares pero mantienen el contacto con sus organizaciones: el CRIC, otra es la de los pocos afrodescendientes que llegaron del norte y sur del departamento y están ubicados donde familiares y amigos y que están en tránsito hacia la ciudad de Cali, y otra es la de los campesinos que han hecho como sus propios reductos habitacionales, asentamientos improvisados pero que existen, gracias a una solidaridad permanente. Estos últimos se localizan en las Comunas 2 y 7, en la Loma de la Virgen y en la Vereda González que son sectores marginados urbanos. En Las Guacas, cerca de la Penitenciaría de San Isidro que es un sector rural y en algunas de las antiguas invasiones o asentamientos post-terremoto como son: Carlos Pizarro, 31 de Marzo, Las Palmas, Santiago de Cali, Los Pinos, Belén y en Barrios ya consolidados como El Guayabal, Tomás Cipriano de Mosquera y Pandiguando En esta forma se teje como un abanico de amplias presencias, de eventos futuros y posibles soluciones parciales a los efectos de una guerra que no tiene visos de terminar prontamente,- algunos analistas políticos dicen que por lo menos quedan diez años de conflicto- y que de alguna manera, desde la academia, es necesaria afrontarlos, previo intercambio de saberes, opiniones, metodologías y demás complementarios que enriquezcan las pocas o muchas posibilidades que tiene el Estado por una parte y esta población afectada por la otra, para dar rienda suelta a sus aspiraciones truncadas. Pero también, se hace necesario empezar como a configurar y definir esa categoría de “desplazado” que tiene que estar en relación con el proceso de desplazamiento que no es probablemente externo sino que tiene unas dinámicas internas propias que requieren atención inmediata y especializada. Dinámicas que se presentan en la ciudad.Se dice que la ciudad es un sitio también de encuentros y desencuentros, de ordenamientos pero de confusión, de caos y armonía, de conflicto y de paz. Vamos a ver entonces, como la leo yo. Parto del hecho de que la relación entre los conflictos: político, social y económico, sin lugar a dudas se expresan en lo urbano, esta es una dinámica propia de la ciudad con desplazados, los sectores “nuevos colonizadores” de la población, luchan por quedarse y “los viejos históricos”, por sacarlos, allí está el conflicto y su solución no puede ser otra que el control que debe ejercer el Estado sobre las causas estructurales del mismo. Si esta premisa se acepta, en aras de contribuir a la reflexión, empecemos entonces a descubrir lo que ocurre en la relación entre la ciudad y desplazamiento, primero desde el punto de vista de los desplazados y luego desde el punto de vista de la ciudad. A.- Desde el punto de vista de los desplazados.-Las cifras del desplazamiento individual para el Cauca son las de 6.430 hogares recibidos con una población de 30.625 recibidas y ha expulsado 8.225 hogares con un total de 3.9.617 personas. Para Popayán son las de 3.278 hogares recibidos con un número de 15.116 personas. Con respecto al tipo de desplazamiento, ha recibido Popayán 96 con un total de 178 personas a junio 15 del 2004 ( RSS.:2004) Al llegar desorientados a la ciudad, los desplazados empiezan a buscar un sitio para ubicarse. Unos van a los rincones del centro y allí empiezan a pernoctar, buscando que la mirada de los transeúntes produzca la lástima necesaria y así obtener alguna limosna en dinero o donación de alimentos de consumo directo. Como “pobres”, es una situación que de todas maneras daña su imagen, deteriora la autoestima e influye en su personalidad. Por lo general, no es por mucho tiempo que duran allí pues las inclemencias del tiempo o la policía, se encargan de desalojarlos prontamente. El deambular sigue y si alguna persona caritativa les brinda de manera transitoria advergue, lo aceptan, pero tampoco soluciona su problema, mientras tanto, van conociendo el nuevo espacio y enterándose de las instituciones a donde pueden recurrir en busca de una ayuda más propicia. Cuando acuden a ellas, después de muchos meses de ambular en la ciudad, sus esfuerzos en muchos casos se ven truncados pues no son reconocidos jurídicamente como desplazados y por lo tanto, no son tenidos en cuenta por los programas de estabilidad socioeconómica. Frente a esto, la organización parece ser una respuesta a la situación, unidos con los destechados, buscan por diferentes medios o acciones de hecho a hacerse reconocer en aras de obtener vivienda que es lo principal y reciben la solidaridad de algunos gremios que les facilitan ocasionalmente, ayuda en alimentos o medicinas. De reconocer son las actividades que realizan algunas ONG que contribuyen para mejorar su situación proveyéndoles formación y orientación o impulsándoles a realizar acciones de gestión ante organismos locales nacionales o extranjeros. Las organizaciones de desplazados en Popayán, han sido exiguas y poco han perdurado, tal ves por cansancio o por no encontrar en ellas lo esperado, no obstante una y la principal: “La Asociación de destechados y desplazados ” se ha mantenido y se ha creado una conciencia, una identidad colectiva, tanto al interior de la organización como fuera de ella y con la comunidad por las acciones de hecho que han adelantado. Sin embargo, parece ventilarse un relativo desinterés en el futuro en algunos de los miembros dirigentes que manifiestan las dificultades para fortalecer la organización que a veces tiende al aislamiento. La qué si tiene más consistencia, coherencia y propiedad por su significado, es el CRIC, el Consejo Regional Indígena de Cauca, que reúne a los indígenas pero cuyos patrones referenciales no son los de dejarlos en la ciudad sino de retornarlos a sus parcelas y resguardos mientras tanto, les brinda la ayuda solidaria requerida y la asistencia social comunitaria. Es para mi de singular importancia la manera como los afrodescendientes desplazados han aportado cohesión social a sus raíces, fortaleciendo las redes familiares y la reconstrucción del entramado del parentesco por línea materna que es lo propio de su cultura. Pero en general, la visión que tiene el desplazado que llega a la ciudad es la de que ella le permite mimetizar su identidad y le da mejores oportunidades de supervivencia económica. Se presenta entonces la ciudad como un lugar de refugio para la familia, sin embargo, la complejidad urbana produce en el desplazado un choque emocional difícil de superar, le ocasiona una serie de desajustes que se traducen en comportamientos erráticos, en frustraciones por no encontrar empleo ni los medios necesarios para satisfacer sus necesidades inmediatas. El liderazgo que de alguna manera mostraba el hombre o la mujer antes de desplazarse, ahora tiende a disminuir o desaparecer, pues ocultar su identidad es una de las formas de preservar su vida, su integridad física y proteger a su familia. De alguna manera los desplazados aportan a la ciudad directamente la mano de obra “barata” para realizar muchas de las actividades que les son permitidas, ya sea en el rebusque como vendedores de unas mercancías que de alguna manera activan la economía de la ciudad, ya como trabajadores temporales de la construcción mientras las mujeres trabajan al día, en el servicio doméstico, en las casas de familia de la ciudad, o impulsando sus microempresa caseras. Pero de singular relieve es que ellos y gracias a ellos, la ciudad se obliga a entender el conflicto armado, a “meterse en el cuento”, a untarse de una realidad que aunque no los ha tocado, deben dejar de hacer caso omiso de ella y por otra, que el Estado y sus organismos están de alguna manera, dando y sentando normas para responder al desplazamiento. Esta realidad inobjetable ha llegado a la ciudad y pretende quedarse. B.- Desde el punto de vista de la ciudad.-Considero a la ciudad, como un espacio físico y social, construida para la administración del poder político a donde convergen diversas expresiones culturales que buscan combinarse en la búsqueda de una identidad para definirla. Es por eso, que los diferentes organismos que ha delegado el Estado para la atención a los desplazados como la Red de Solidaridad Social (RSS) se constituye en las esperanzas frustradas de muchos desplazados que recurren a ella en busca de ayuda humanitaria. Los desencuentros producen traumas psicológicos, es que la Red no los reconoce jurídicamente cuando el hecho que provocó la huída no es verdadero y lleva más de un año en esa condición. Además, porque se niegan a declara por miedo, los hechos que provocó el desplazamiento o a señalar el grupo agresor porque no lo reconocen o no saben explicar qué pasó o sencillamente, no tiene la confianza para decir lo que piensan, entonces, los funcionarios, no los reconocen como desplazados. Como el Sistema nacional de atención a la población desplazada (Snapd), no funciona como debe ser y no permite su rápido acceso, así que cuando acciona, las soluciones duran mucho tiempo y ya la población se ha refundido en la ciudad. Se reivindica en Popayán, la asistencia de la Cruz Roja Internacional y la del ICBF. Pero algo que ha comenzado a manifestarse en la ciudad es la delincuencia común, casos de hurto y atracos callejeros; consumo y venta de estupefacientes, señalan a los desplazados y en especial, a los jóvenes, como los causantes de estos hechos, bien pueden serlo o no, lo cierto es que es preocupante el número de personas víctimas de desplazamiento que se encuentran en la cárcel. Aún en Popayán, no se ha alcanzado el grado máximo de conflicto violento, algunas hipótesis podría arriesgarse; una sería porque la ciudad es pequeña y no da cabida para que los grupos insurgentes accedan a un espacio como territorio seguro, además, porque el comercio del narcotráfico no tiene allí mercado amplio, Popayán tal ves es un paso hacia otras ciudades; tampoco existen una industria fuerte y son muy pocos los propietarios- empresarios de bienes materiales que sean representativos. El desempleo campea en toda la ciudad y la economía informal mueve las transacciones comerciales. La diferenciación espacial en Popayán se dio con el terremoto del 31 de marzo de 1983 y aún existen esos barrios “piratas”, o subnormales ocupados por esa población de migrantes, procedentes de varios municipios del departamento y de los vecinos que llegaron en busca de hacer una vivienda y que se aprovecharon de esa circunstancia, se acomodaron en los denominados asentamientos que con el correr de los años, de alguna manera, han hecho reconocer estas acciones de hecho y hoy solicitan al gobierno local, la infraestructura de servicios públicos. Estos fueron como los “primeros nuevos pobladores urbanos”, que llegaron sin tener una pertenencia de ciudad, se acomodaron como mejor pudieron y empezaron a hacer vida comunitaria al amparo de organismos del Estado que les dieron una relativa rápida solución a sus necesidades sentidas. La situación de conflicto en el departamento que es considerado como unos de los más violentos y en donde permanecen y accionan las fuerzas de la insurgencia armada: FARC- ELN y de la AUC ( junto con ejércitos privados de terratenientes) en territorios ocupados principalmente por comunidades indígena, es diferente a la de los otros departamentos en el país. Es una lucha por acceder a establecer territorios que sirvan de caminos de comunicación, para el comercio de la coca y la amapola, esos grupos han incidido de una manera tal que han violentado los resguardos indígenas y con esto, las formas tradicionales de la organización indígena, asesinando a los gobernadores de cabildos y dirigentes comunitarios, así como a sus médicos tradicionales. Para responde a esto la organización indígena ha planteado como ya se mencionó, las formas de resistencia pacífica que de alguna manera buscan el respeto a sus comunidades y que no es una acción contrainsurgente, sino que se hace en la perspectiva de recuperar, ejercer el control del territorio, así como recuperar las formas propias de gobierno, convivencia e identidad.. En la lógica de la ciudad, su referencia en el imaginario colectivo frente al desplazado gira en sentimientos encontrados de conmiseración y condolencia, en el rechazo y el repudio. Se percibe en la ciudadanía el recelo y la prevención en la medida en que son un problema para la ciudad. Tratados como “pobres urbanos” no se les reconoce su condición de víctimas de la violencia. Es que el desplazamiento debería ser visto como un proceso dinámico en el que las personas desplazadas adquieran nuevas ideas y conocimientos a través de diferentes en su desplazamiento Por último valdría agregar en este acontecer de la globalización que nos ha traído estos “problemas”, que las diferencias que se nos presentan, deben ser respetadas por cuanto ellas son las expresiones que dimensionan las nuevas ciudades colombianas y para lo cual debemos seguir preparándonos en estos dos últimos años que faltan del cuatrenio del doctor. Alvaro Uribe. A manera de propuesta, insisto en el diálogo con los desplazados así como con los actores en conflicto para que podamos tener un sitio en donde realizar nuestros sueños y hacer posible sus y nuestras esperanzas de vida. Bibliografía.-Abello, Marhta. N- “La Política para el restablecimiento de la población desplazada”. En Desplazamiento Forzado. Dinámicas de guerra, exclusión y desarraigo”.U. Nal. ACNUR. 2004 Bogotá. Guevara C. Rubén Darío.”Mujeres desplazadas por el conflicto armado. Situaciones de género en Cali y Popayán. Colombia. En Rev. Ciudad y Hábitat. No10, año 9, marzo 2003. Bogotá. Guevara, C. Rubén Darío. “La nueva colonización urbana: El desplazamiento forzado” En. Rev. Reflexión Política. Revista del Instituto de Estudios Políticos.c UAB. Año 5 No.10. Bucaramanga. Diciembre 2003. Naranjo, Gloria.- “Ciudades y desplazamiento forzado en Colombia. El “Reasentamiento de hecho” y el derecho al restablecimiento en contextos conflictivos de urbanización”. En: Desplazamiento Forzado. Dinámicas de guerra, exclusión y desarraigo. U. Nal. ACNUR.1004. Bogotá. Zuluaga, Jaime.- “La Guerra interna y el desplazamiento forzado” . En: Desplazamiento Forzado. Dinámicas de guerra, exclusión y desarraigo. U.Na. ACNUR. 2004 Bogotá. Lozano, Fabio; Osorio, Flor, E.-“Algunas reflexiones. Procesos de reconstrucción vital de población desplazada por la violencia en Colombia” En. Universitas Humanísticas. No.47, enero-junio 1999. Bogotá Editorial. Pontificia Universidad Javeriana. Fac. de Ciencias Sociales.1999 |
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