Salud y Desplazamiento (English)

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Las otras muertes: 20 años de violencia en los andes del Perú [1]

  El silencio de la puna ha guardado luego, el trágico secreto de estas respuestas….José Carlos Mariategui. El problema del indio. Lima-Perú, 1928

José Moya M.
Organización Panamericana de la Salud. México
Horacio 1855 Piso 3 - Oficina 305 Colonia Polanco México DF. C. P. 11510
Teléfono: (52) (55) 5089-0868 moyajose@mex.ops-oms.org

Resumen: Presentamos reflexiones sobre los cambios en la salud de las poblaciones campesinas de los andes centrales, en particular de Ayacucho, durante el desplazamiento de sus comunidades de origen, - por razones de la violencia- su incorporación en el nuevo espacio urbano y el retorno. Se trata de explorar que riesgos para la salud enfrentaron estas poblaciones, algunos de los cuales se manifestaron tempranamente durante el desplazamiento y otros continúan haciéndolo.  No se trata solo de valorar cambios negativos, sino explorar aspectos que favorecieron su estado de salud. Se realizó una revisión de información disponible sobre la situación de salud en Ayacucho, en particular el proyecto VIH en poblaciones retornantes a Ayacucho (OPS-MINSA), los informes sobre situación de salud de

la Sub Región de Salud Ayacucho, y los informes de los talleres de análisis local realizado en los establecimientos de salud de la Sub Región de Salud de Ayacucho durante 1996 y 1999. Desde el inicio de la violencia, la población campesina comenzó a desplazarse a ciudades urbanas del mismo departamento, principalmente hacia su capital: la ciudad de Ayacucho y hacia otras ciudades como Ica, Huancayo y Lima. Entre 1980 y 1985 se calculó que un tercio de la población ayacuchana se había desplazado, estimándose en más de 155,000 personas, tanto los desplazados intra departamentales como los extra departamentales. Señalemos el componente étnico frente al desplazamiento y

la salud. Queremos llamar la atención, que cuando ocurre el desplazamiento de población indígena; los problemas de incorporación en el nuevo espacio, "la ciudad", condicionará una situación de exclusión social, de marginalidad y discriminación; que tendrá como resultado cambios en la salud, mayores riesgos para enfermar y morir. No pretendemos cuantificar ni hacer un detallado análisis sobre los riesgos de enfermar y morir durante el proceso de desplazamiento, adaptación, incorporación y retorno. Pero es importante reflexionar sobre la vulnerabilidad de esta población a nuevos agentes patógenos, al impacto en la salud mental y sobre el acceso a los servicios de salud, que determinaron, los procesos de salud - enfermedad y atención. Considerando algunos daños trazadores que describiremos como: La tuberculosis, la epidemia de cólera, la infección VIH-SIDA, los efectos en la salud mental como el incremento de alcoholismo y muertes por cirrosis en mujeres, hasta las recientes pandillas juveniles en la ciudad de Ayacucho.

El 28 de agosto del 2003, la Comisión de la Verdad y Reconciliación, entregó el informe final [2] de la magnitud de la guerra interna que vivimos los peruanos. Luego de dos años de investigación, de innumerables entrevistas y testimonios, la comisión daba cuenta de una cifra que no era percibida por nadie.  Hasta entonces, los 20 años de la violencia senderista y la respuesta igualmente violenta de las fuerzas militares y policiales, nos había señalado que las muertes sumaban a 35,000 peruanos. La cifra que nos fue revelada llegaba a 69,000 muertos y desaparecidos. La violencia político militar, había causado el doble de víctimas de las que creíamos, la mayoría de ellos campesinos, quechua-hablantes, hombres y mujeres de las comunidades rurales del departamento de Ayacucho, donde la violencia, creció y se volvió con toda su demencial fuerza contra lo más pobres del Perú.

La lucha armada del partido comunista peruano Sendero Luminoso (PCP-SL), se inició en el departamento de Ayacucho en mayo de 1980, con la propuesta de alcanzar el poder. Las actividades iniciales se centraron en copar el campo ayacuchano, para luego tomar las ciudades y la capital del Perú. Sin embargo la relación entre SL y las comunidades campesinas atravesó tres momentos: de convivencia; de tensión-dispersión y finalmente de ruptura-confrontación. [3] La violencia se fue sembrando en las comunidades campesinas en forma progresiva, hasta llegar a los asesinatos, las masacres a comunidades enteras, generando el terror de niños, mujeres y hombres. También en esas comunidades campesinas las fuerzas del orden cometieron los mismos excesos, la misma forma brutal de dar muerte y desaparecer a seres humanos.  Más de 50,000 del total de las muertes en las dos décadas de violencia ocurrieron en los campesinos de las comunidades andinas. Sus gritos de horror pasaron inadvertidos. Nadie se percató de tantas otras miles de muertes, por que se trataba de la población excluida históricamente, de los "indios" del Perú.

Es a partir del momento de tensión-dispersión que la población campesina comenzó a desplazarse a ciudades del mismo departamento, principalmente hacia su capital: la ciudad de Ayacucho y hacia otras ciudades de los departamentos vecinos como Ica, Huancayo y Lima. La magnitud del desplazamiento fue visible luego del censo nacional de l993. Cuando todos los departamentos de Perú mostraban tasas de crecimiento poblacional positivas, en Ayacucho el indicador era negativo. Las proyecciones de población que daban a Ayacucho más de 600,000 habitantes, tuvieron que reducirse a 510,000. [4] Al interior del departamento todas las provincias habían reducido su población a excepción de Huamanga. Entre 1980 y 1985 se calculó que un tercio de la población ayacuchana se había desplazado, estimándose en más de 155,000 personas, tanto los desplazados intra departamentales como los extra departamentales [5] .

Consideramos al desplazamiento como la obligación de cambiar de residencia por razones de la violencia política, diferenciándola de los procesos de migración que ha ocurrido históricamente en las comunidades ayacuchanas. Así, los pobladores de las provincias del sur de Ayacucho, por la proximidad geográfica se desplazaron hacia Nazca, Ica ó Lima. Las provincias del centro y norte del departamento de Ayacucho, lo hicieron hacia la ciudad de Ayacucho ó Lima. Finalmente las poblaciones campesinas de las grandes alturas de Huanta y San Miguel, comunidades cautivas que hasta entonces se habían mantenido mas homogéneas y aisladas, para quienes el desplazamiento significó la movilización de todos los miembros de la comunidad, para conformar las comunidades en resistencia (desplazamiento intra-rural) o desplazarse hacia Huanta, Tambo y San Francisco ciudades locales del departamento  ó hacia Huancayo y Lima. Una de las comunidades de resistencia fue Chaca, ubicada en las alturas de la provincia de Huanta, donde el ingreso familiar diario no pasaba de los 34 centavos de dólar, cálculo realizado por José Coronel en 1994.

A nivel nacional las estimaciones sobre el desplazamiento de población entre 1980 y principios de 1990 se calculó en 530.075 personas [6] . Sobre la tipología del desplazamiento, Isabel Coral señala, que cuando el desplazamiento fue colectivo se debió a que sus comunidades fueron arrasadas tanto por SL como por las fuerzas del estado; porque sufrieron incursiones armadas seguidas ó por ocupación del territorio. Cuando la opción del desplazamiento fue individual – familiar, fue por agresión directa, por asesinato o desaparición de un familiar, por amenazas, chantajes, por reclutamiento forzado, captura y huida; o por una actitud preventiva, por miedo, sobre todo cuando se desarticuló la red social y de producción en el campo.

El 70% de los desplazados fueron habitantes de las comunidades campesinas de los andes centrales, 20% correspondieron a pobladores de las ciudades distritales, por lo general mestizos y el 10% a las élites urbanas locales. [7] En el presente documento nos referiremos a los desplazados de las comunidades campesinas, indígenas, quechua-hablantes, los que viven en la exclusión absoluta y que tuvieron como ciudad de recepción a Ayacucho, capital del departamento del mismo nombre. Los nuevos asentamientos humanos alrededor de la ciudad de Ayacucho configuraban la realidad cruda del desplazamiento.  Hombres, mujeres, niños y ancianos más pobres aun en la etapa de adaptación a una nueva ciudad, perdiendo el espacio de su comunidad, y ante los nuevos elementos de la ciudad: marginados, hacinados, con falta de alimentos. Tan pronto como se fueron estableciendo los asentamientos humanos de desplazados, como en Pampa Hermosa en la ciudad de Ayacucho, las cruces en sus cementerios aledaños, clandestinos fueron aumentando: ¿de qué se estaban enfermando y muriendo? ¿Quiénes los más vulnerables entre los desplazados? ¿Cuantas muertes mas deberíamos contar por efectos de la violencia en los andes peruanos?

Los temas centrales de reflexión son: desplazamiento, etnia y salud. Entendiendo a la salud como un proceso histórico y social cuyos determinantes estarán en relación a las condiciones de vida de la población. La medicina social y la salud colectiva proponen una nueva concepción del proceso salud enfermedad del que domina en la práctica médica  hegemónica donde la enfermedad es el resultado de una alteración bionatural, aunque da peso a los factores sociales en la génesis del proceso salud–enfermedad, no la considera como espacio privilegiado de análisis y de intervención. Para la salud colectiva si los es, y es en los procesos sociales donde se originan un conjunto de determinantes, de producción social de la enfermedad, es decir, alteraciones patológicas, biológicas y psíquicas [8] . Cristina Laurel acuña el concepto nexo biopsíquico humano, para darle a los procesos sociales historicidad,  y es en esta complejidad de los procesos donde se determinan la salud, el desgaste, la enfermedad y la muerte. [9] Sin embargo a la salud colectiva le queda seguir elaborando la construcción de herramientas metodológicas que permitan analizar la complejidad de los procesos sociales responsables de perfiles de salud y enfermedad diferenciados en los colectivos humanos.

Agreguemos ahora el componente étnico frente al desplazamiento y la salud. Queremos llamar la atención, que cuando ocurre el desplazamiento de población indígena; los problemas de incorporación en el nuevo espacio, sobre todo cuando éste es el espacio urbano,  se verán llenos de obstáculos, que condicionarán una situación de exclusión social [10] , de marginalidad y discriminación; que tendrá como resultado cambios en la salud, mayores riesgos para enfermar y morir. Sugerimos que estos riesgos se ubican en la fase inicial del proceso de adaptación, fase que puede durar varios años. Consideremos  que determinados eventos de salud, -y en la medida que el desplazado va adaptándose o incorporándose a su nuevo espacio-, pueden incrementarse o disminuir. La mortalidad materna e infantil, fenómenos frecuentes en los espacios rurales,  pueden reducirse cuando se tienen servicios de salud más accesibles. En este caso el tema en cuestión, es la accesibilidad a los servicios de salud a población desplazada indígena, campesina,  con trato digno, de respeto y con capacidad de resolución.

La discriminación es una categoría de análisis de la epidemiología social, [11] entre los tipos principales de discriminación señalemos a la étnica y racial; la de género; generacional; por discapacidad, por clase social y por sexualidad. Todas estas formas de discriminación pueden darse en la atención de salud desde los servicios públicos. Con relación a la discriminación étnica y salud hay suficiente evidencia que los peores indicadores sociales, económicos y de salud ocurren en la población indígena del Perú. [12] En esta misma población se da la discriminación por clase social, la clase campesina, donde el elemento de dominación se ejerce a través de la educación y la propiedad.

Al desplazarse a la ciudad, la discriminación puede observarse en los servicios de salud, desde la relación entre el trabajador de salud y el sujeto demandante de atención. Añadimos en este punto la discriminación por género, que podrá experimentar una mujer campesina. Así la discriminación actúa desde el sujeto que discrimina, que hace una diferenciación negativa, y en el sujeto que es discriminado, que siente, que percibe la diferencia y que la incorpora a su naturaleza bio psíquica humana.

Consideramos al desplazamiento, como la condición forzada, individual, familiar o colectiva, a huir de sus hogares para escapar del conflicto armado, la violencia generalizada, los abusos en contra de los derechos humanos. [13] El desplazamiento abrupto, significó: la pérdida de su base de producción, por lo se agravó la precaria situación económica; los daños psicológicos por el trauma de la experiencia vivida; los problemas étnico-culturales, al romperse la organización social comunal y encontrarse en un ambiente extraño y problemas legales ya que muchos de los desplazados se encontraban sin documentos (de por si ya una condición de sospecha frente a las fuerzas públicas) y algunos de ellos demandados por la justicia. [14] Consideremos también que un porcentaje importante de los jefes de hogar en las poblaciones desplazadas fueron mujeres. Estos hogares incorporaron a los niños y niñas huérfanos por la guerra. Para otras familias no hubo opción de desplazase. En este caso la opción fue quedarse en la comunidad o de juntarse y resistir, como ocurrió con las comunidades de resistencia.  Para cualquiera de estas tres opciones: desplazarse, quedarse o formar comunidades de resistencia, la salud mental se verá afectada, y es el primer problema de salud por el que atraviesan las poblaciones víctimas de la violencia. [15]

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), define como pueblos indígenas a los descendientes de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica, en la época de la conquista, la colonia, o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera sea su situación jurídica, conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas culturales, y políticas o parte de ellas.

En las Américas, la condición de indígena "indios" es una construcción que viene desde la colonia, desde relaciones de poder del centro urbano, político y económico hacia la periferia rural oculta, marginal, donde se concentran los indígenas en su "espacio natural", sometidos, subordinados, inferiorizados. [16] Lo étnico se refiere a la pertenencia a un grupo cultural, a características físicas distintivas, a la pertenencia a una raza, al uso de una lengua como referencia de identidad, sin embargo para completar esta "matriz identitaria" hace falta incluir en el análisis la condición de clase social (expresada como culturas del trabajo en las relaciones de producción). [17]

Para poder asociar los cambios en la salud con el proceso de desplazamiento, es necesario señalar los momentos que atraviesa una persona, o el grupo familiar, incluso la comunidad, cuando se toma la decisión de desplazarse. Sin que los límites sean precisos entre un momento y el otro, y sin que necesariamente haya que atravesar por todos, debemos considerar que el proceso de desplazamiento ocasiona cuatro momentos: el desplazamiento mismo; el proceso de adaptación; la incorporación a la ciudad y finalmente la del retorno. No se trata de momentos definidos. Tampoco se trata de un tiempo mínimo, el proceso de adaptación o de incorporación puede no darse para una generación, así como el retorno podrá ser una opción por la que no todos tienen que pasar. En Ayacucho el retorno sirvió para recuperar la presencia en la comunidad, en sus tierras y en su red social de origen, pero sin perder los espacios ganados en la ciudad que les abre las puertas a oportunidades y sueños.

Tomar la decisión de desplazarse fue una opción de vida, de protección ante la amenaza permanente. Este momento representa una situación de estrés, de tensión, de alteración de la salud mental, que se origina desde la misma experiencia cotidiana de la violencia política, es decir antes de tomar la decisión de desplazarse. Significa también la perdida de las redes sociales y de producción en la comunidad de origen.

Ocurrido el desplazamiento viene el momento de la adaptación a la ciudad, y es el de mayor vulnerabilidad a la población, especialmente para los niños y ancianos. Impactos inmediatos a la salud se presentan durante este momento. Hay una perdida en el acceso al alimento, que incrementa la desnutrición y mayores posibilidades de enfermar. Como señala José Coronel, durante el periodo de violencia más intenso entre 1983 y 1988 la superficie de cosecha en el departamento de Ayacucho cae en un 58.4% por lo que se incrementa la demanda de productos que llegan de regiones vecinas. Cuenta a favor durante este periodo de adaptación, una mayor posibilidad de acceso a los servicios de salud, donde podrán ser atendidos por personal médico, de enfermería ó auxiliares de salud la mayoría de ellos quechua hablantes, especialmente los profesionales de enfermería y obstetricia formados en la universidad de Huamanga. El acceso a los servicios de salud no solo puede verse en el acceso físico sino también en la capacidad de los desplazados de identificar la necesidad de atención médica y solicitarla, aunque esto último forma parte de un proceso, en la medida que se va ejerciendo el derecho a demandar atención médica cuando lo requiera. Durante esta etapa de adaptación las personas estarán sujetas a nuevos riesgos de salud en función de los problemas prevalentes en el nuevo espacio, como por ejemplo la tuberculosis, ó frente a problemas agudos como pueden ser los brotes o epidemias. Durante esta etapa de adaptación, la prioridad se centra en buscar trabajo, satisfacer las necesidades básicas de la familia, fundamentalmente de alimentación y vivienda.

El tercer momento consiste en el proceso de incorporación de los desplazados dentro de la nueva sociedad, donde establece redes sociales, donde se auto identifica como miembro de un grupo, donde ejerce y es sujeto de sus derechos ciudadanos, donde participa de las actividades productivas dentro de su nuevo entorno, que a su vez lo reconoce. Esta etapa supone el acceso a servicios de educación y de salud; de esta forma satisface las necesidades básicas y sociales.  El momento de incorporación a la ciudad será una lucha permanente, un proceso con dificultades que no conseguirán todos. Dependerá de las respuestas del estado, de los gobiernos locales, de las organizaciones no gubernamentales y de las redes sociales de apoyo que se construyan en la ciudad de recepción.  También dependerá de la edad y sexo del desplazado, del conocimiento del español, de su nivel de instrucción y del deseo de buscar su integración. Este momento lleva un tiempo que puede representar algunos meses o tardar varios años. Finalmente puede ocurrir que no se logre la incorporación plena en la nueva sociedad. Conseguir la incorporación puede significar también dejar la condición de desplazado por la de residente.

El cuarto momento es el del retorno, especialmente en la segunda mitad de los años 90, cuando SL cae derrotado, luego de la captura de su máximo jefe; Abimael Guzmán. Así se volvía en cierta medida a una calma que no había vivido el Perú desde 1980. Poco a poco se fue dando el fenómeno de retorno. Pero 15 o 20 años después no retornan los mismos, los viejos se murieron, y con ellos se fueron parte de la tradición de la comunidad. Los niños y los jóvenes, crecieron en la ciudad, retornan con otras ideas, con otras ambiciones, con nuevas demandas. Pero el retorno usualmente no fue una opción definitiva. Servirá para no perder la tierra comunal, para trabajarla durante los ciclos agrícolas y en las vacaciones escolares y visitarla en las fiestas patronales. Así el trabajo de la parcela comunal servirá para apoyar al sostenimiento de la familia que ahora vive insertada en la ciudad. Más que un proceso de retorno, se observa en los últimos años un constante movimiento de población desde la ciudad de recepción hasta sus comunidades de origen, situación que plantea la pregunta: ¿qué problemas de salud se llevan a las comunidades?.

La pregunta central que nos convoca este trabajo, es reflexionar sobre los cambios en la salud de las poblaciones desplazadas a la ciudad de ayacucho. ¿Cómo se modificaron en el transcurso del tiempo: 20 años después? ¿Qué nuevos o viejos problemas de salud se incrementaron durante el desplazamiento? ¿Cueles fueron los nuevos riesgos de enfermar y morir? Responder a esta pregunta exige un estudio detallado que esperamos continuar, para estimar cuales eran las condiciones de vida al principio y cual la evolución en el tiempo. Concientes de la falta de sistemas de información en salud representativos a través de los cuales comparar la salud-enfermedad–atención en el tiempo, haremos una descripción (por ahora incompleta) de los hallazgos principales sobre el desplazamiento y la salud, usando información disponible de la Sub Región de Salud de Ayacucho.

Antes intentaremos dar una aproximación  a las condiciones de vida de la población campesina en sus comunidades de origen, señalando como característica principal la pobreza extrema, histórica, en que se desenvuelve sus vidas. Las comunidades campesinas están ubicadas sobre los 2500msnm, otras están a mayores alturas sobre los 3,500 msnm. Las viviendas son de adobe y piedras, pisos de tierra, muy poco iluminadas porque sus ventanas son pequeñas y porque hay que cubrirse del frío. El humo de la cocina se aspira con frecuencia. Al interior transcurre la vida de la familia usualmente junto a sus animales menores. El agua hay que buscarla del manantial más cercano. No hay letrinas, se defeca a campo abierto. En estas condiciones la mortalidad infantil por diarreas y neumonías es frecuente, mucho más si lo comparamos con los promedios departamentales. El embarazo y el parto representan un riesgo a la vida de las mujeres. La medicina tradicional y el cuidado de las parteras serán la referencia para calmar sus males y la atención de la mujer en su ciclo reproductivo. La vida en la comunidad, su lengua -el quechua- y la solidaridad de sus miembros les reafirmará la pertenencia a una red social. Ahí transcurre la vida, el trabajo, el amor.

Las comunidades campesinas, por su ubicación geográfica, pueden estar en riesgo de enfermedades endémicas como las transmitidas por vectores, ó por el contrario ser susceptibles a otras enfermedades al no haber tenido contacto alguno y no haber generado respuesta inmunológica. La mayoría de sus habitantes no fueron vacunados por lo tanto eran susceptibles a formas graves de tuberculosis, de sarampión, entre otros. En el valle de Huanta la hepatitis B es endémica, y primera causa de muerte en escolares y en el valle del Río Apurímac la malaria por plasmodium vivax es tan frecuente que son raros los pobladores y los visitantes que no la hayan padecido. Se suma en este valle los brotes de fiebre amarilla, la leishmaniasis cutánea y muco cutánea, (enfermedad crónica que deforma el rostro), sin mencionar la alta prevalencia de las parasitosis intestinales.

A partir del año 1993, mas de cien establecimientos de salud en Ayacucho fueron reabiertos, y mas adelante los procesos de reforma en salud y la "focalización del gasto", contrató personal de salud para cada uno de estos establecimientos de salud del primer nivel y ubicados en los distritos del departamento. Así, médicos, enfermeras, obstetrices, biólogos, odontólogos; eran atraídos al trabajo en estas regiones por un salario que doblaba al de los centros urbanos. De esta forma los programas de salud del ministerio llegaron hasta las comunidades más lejanas y se inició con ellos la vigilancia epidemiología a través del sistema nacional establecido por la Oficina General de Epidemiología del Ministerio de Salud.

Entre los años 1996 y 1998 se realizaron en todas las provincias del departamento, la propuesta de las Unidades Locales de Análisis Epidemiológico (ULAES), [18] que a través de talleres y guías metodológicas estandarizadas buscó la participación de los equipos de los establecimientos de salud del primer nivel como los puestos y centros de salud, en el análisis de la información sanitaria. Así, todo el personal de salud, de cada puesto y centro de salud analizaban mensualmente la información que era capturada desde su establecimiento tanto para los programas de salud como para la vigilancia epidemiológica. La idea central era que los datos capturados en los múltiples formatos antes de ser enviadas al siguiente nivel de gestión, fueran discutidos en equipo, graficados en un panel visible, a través del cual se compartía la información entre el equipo de salud y la comunidad. Mas adelante sirvió también como un elemento que facilitaba la supervisión central. La propuesta de los ULAES surgió en la sub región de salud de Ayacucho, como una iniciativa para fomentar los usos y prácticas de la epidemiología en los servicios locales de salud y ver problemas delimitados por áreas geográficas, en espacios-población, específicos, en colectivos humanos, que no hubieran sido posibles de ver en los acumulados o promedios departamentales. Considerando como substrato la violencia y los cambios sociales que experimentaba la región.

La tuberculosis pulmonar es un problema de salud que afecta de manera particular a los más pobres. Entre los pobres se hallan aun más vulnerables los desplazados, quienes viven hacinados y con factores adicionales como una falta crónica de alimentación. ¿Cuántos muertos por tuberculosis en la población desplazada? Cuántas formas graves de tuberculosis como la miliar ó meningoencefálica, cuya severidad mató a población no vacunada, considerando que la vacuna contra la tuberculosis (BCG) protege estas formas graves de la enfermedad. Se trató muchas veces de niños, mujeres y hombres de las comunidades campesinas que nunca estuvieron en contacto con el bacilo de la tuberculosis, por la tanto no habían generado respuesta inmune alguna. Uno de los tres comuneros de Uchuraccay sentenciados por la justicia peruana por los asesinatos de los 8 periodistas en enero de 1983, murió de tuberculosis a los pocos años de ser recluido en una cárcel de Lima. [19] En 1990 la TBC en el Perú había llegado a ser tercera causa de morbilidad general, después de las diarreas y las infecciones respiratorias agudas. El programa de control de la tuberculosis tenia apenas un 50% de eficacia. La transmisión de la enfermedad se concentraba en las poblaciones urbano-marginales donde la desnutrición crónica daba el substrato biológico para la ocurrencia de la enfermedad, como en Ayacucho. Un tercio de la población desplazada en la ciudad de Ayacucho conoce a una persona que tiene o ha tenido tuberculosis y 13% señaló que tiene o ha tenido un familiar con esa enfermedad. [20] En Ayacucho la morbilidad por TBC comienza a disminuir en 1994, por las actividades del programa de control; como la búsqueda de contactos y el tratamiento supervisado; consiguiendo hasta un 85% de curados en los estudios de cohorte. Sin embargo la letalidad por la enfermedad no se modificó, con cifras anuales promedio de 10% entre 1992 y 1995. Durante ese mismo periodo a nivel nacional los estudios cohorte señalaban 3.1% de letalidad. [21] Entre 1992 y 1995 ingresaron al programa de control de tuberculosis del hospital de apoyo de Huamanga en la ciudad de Ayacucho, 875 pacientes, de los cuales 99 fueron reingresos (recaídas, fracasos al tratamiento y abandonos previos) y se registraron 81 defunciones. [22]

            La epidemia de cólera se inició en Perú en 1991, ese año el total de casos registrados fue superior a los 300 mil, con una tasa de letalidad menor del 1%. Ese mismo año en el departamento de Ayacucho se registraron 3,300 casos con una letalidad de 3.8%. [23] Durante los dos primeros años la epidemia se expandió rápidamente en los departamentos de la costa peruana, luego se extendió hacia la sierra, y mantuvo brotes aislados en comunidades campesinas, rurales y dispersas donde la letalidad fue 10 veces mayor a los promedios nacionales. Las malas condiciones del saneamiento básico y los ritos funerales actuaron expandiendo la epidemia. Durante el año 1994 la epidemia de cólera en Perú alcanzo en Ayacucho la máxima incidencia nacional. En la ciudad de Ayacucho la epidemia afecto a los más pobres, entre ellos los desplazados, sin embargo por su proximidad física a los servicios de salud, por lo general su atención fue oportuna y adecuada observando la misma letalidad a los promedios nacionales, es decir menor del 1%.

Considerando la falta de vacunación en las poblaciones campesinas, la epidemia de sarampión en Perú, el año 92 y 93 afectó en Ayacucho de manera particular a los desplazados. No solo fueron casos en niños, la mayoría fueron adultos: hombres y mujeres.

Durante 1995, en los análisis rutinarios que se realiza a los potenciales donantes de sangre en el Hospital de Ayacucho, se encontró un resultado positivo al VIH; fue el primer aviso. Se trataba de un joven de 18 años, en buen estado de salud con una historia de desplazamiento y residencia en Lima, cuya compañera también estaba positiva al VIH. En 1996 se registraron en Ayacucho 7 casos de SIDA, de los cuales 4 se habían presentado en comunidades campesinas de población retornante. Todos eran hombres, desplazados de sus comunidades de origen hacia Lima, con escolaridad incompleta, pobreza, convivientes temporales, contactos ocasionales con trabajadoras sexuales. Estos hallazgos mostraban la presencia de la infección en ciudades como Ayacucho y en comunidades campesinas. Durante 1997, cinco casos han tenidos las mismas características. Esta tendencia ha continuado en los años siguientes a pesar que no se vea reflejada en las estadísticas nacionales.

Surgen entonces otras preguntas, ¿cuántas personas desplazadas estimamos infectadas con el VIH?. ¿Qué cambios se están produciendo al interior de las comunidades campesinas con el retorno? No solo en función de los riesgos al VIH sino de cambios de comportamiento, cambios culturales que pueden incrementar los riesgos para las infecciones de transmisión sexual. Estos  movimientos constantes de población, también significa el desplazamiento de enfermedades urbanas hacia las zonas rurales. Quien visita actualmente una comunidad campesina en Ayacucho se encuentra con un nuevo poblador, con nuevos lideres, con nuevas demandas, con nueva música, con nuevas formas de vestir; los lideres son jóvenes, hombres y mujeres, los que han aprendido a dialogar con el gobierno, con las ONGs, con el centro de salud, con la escuela. Los que han tenido experiencias de  vida en la ciudad, en la universidad de Huamanga. Los que manejaron a las rondas campesinas, los que fueron soldados del ejército: hay entonces un proceso de cambio, de nuevos valores. En 1999 un estudio cualitativo [24] en población retornante, comparándola con la no desplazada señalaba un mejor conocimiento en los retornantes sobre las enfermedades de transmisión sexual, pero que no se traducía en prácticas adecuadas de prevención. Daba cuenta además de los cambios: "Antes no era así, no había esa libertad de estar escogiendo, de estar comparando, de frente nomás se casaba…(mujer)." "Antes de viajar a Lima estuve con una, en Lima con dos y acá cuando volví con tres..(hombre)".

La salud mental permanece alterada  durante el proceso de desplazamiento y en los momentos de adaptación e incorporación. Diversos síntomas se asocian a problemas de salud mental siendo el factor desencadenante la situación misma del conflicto, la violencia. La depresión, ansiedad, tensión, desesperación y el miedo serán las manifestaciones comunes a una salud mental alterada que puede condicionar el consumo de alcohol, nuevas formas de violencia familiar, de violencia juvenil, incluso el suicidio [25] . Tanto en la población desplazada como en la que permaneció en sus comunidades de origen. Sumamos a este problema la falta de personal capacitado para diagnosticar situaciones que repercuten negativamente en la salud mental individual como social y sin capacidad de respuesta alguna desde los servicios de salud. Ponciano Del Pino describe -a través de las entrevistas a los pobladores de Ucharaccay durante el retorno-, el miedo, el sufrimiento, permanente con el cual habían vivido los años del desplazamiento y que la memoria las volvía a traer incluso una vez reestablecidos en su comunidad.

Los trabajadores de salud señalaron en los talleres locales de análisis de salud, que observaban cada vez más consumo de alcohol en las comunidades, que se traducía en atenciones de los servicios de salud, por intoxicación alcohólica aguda, lesiones y contusiones derivados del consumo de alcohol, y lo mas sorprendente: el hallazgo en comunidades de las provincias del centro de Ayacucho, un alto consumo de alcohol en mujeres, que producía muertes por cirrosis hepática o por neumonía aspirativa. En estas comunidades las primeras causas de muertes no eran las usuales, como la mortalidad infantil, si no las relacionadas al consumo crónico de alcohol y en mujeres. Se trataba de mujeres viudas, que no se desplazaron, se quedaron en sus comunidades a quienes la visión del horror de la masacre las perseguiría por siempre y que encontraron en el consumo de alcohol hidratado barato, el refugio a su dolor. El consumo de alcohol en las comunidades campesinas no solo se reservaba a las fiestas patronales como antes, sino que se usaba cada vez con más frecuencia, tanto en hombres como en mujeres (Coronel: 1997). El consumo de alcohol es mayor en las comunidades que fueron objeto de ataques, masacres, tanto de las fuerzas del orden como por SL, es el resultado del trauma, de la expresión y angustia del dolor [26] . Estos hallazgos confirmaban el impacto en la salud mental para cientos de pobladores de estas comunidades, que han vivido o viven con el recuerdo del trauma. También se reporta casos de suicidios o intentos de suicidio generalmente luego del consumo de pesticidas, como otra manifestación resultante de los problemas de salud mental.

Las pandillas juveniles son resultado también de los problemas de salud mental, para cientos de jóvenes que crecieron en la ciudad, que vivieron la angustia del terror siendo niños y que fueron testigos presénciales de la violencia. Crecieron con ella. Son hijos de campesinos, que se desplazaron a la ciudad. Algunos son huérfanos de padre ó madre o ambos. Sufrieron la exclusión en la ciudad por su origen, por su idioma, por su procedencia. Las pandillas juveniles constituyen un fenómeno que se hace evidente al final de la década de los 90. Actúan de manera violenta en la ciudad, en sus barrios, sembrando miedo y muchas veces lesiones y muertos. Algunos de ellos son ex licenciados del ejercito.  También cuentan como resultados de la violencia, como efectos psico-sociales que alteran la vida en la ciudad, una ciudad diferente, donde se sigue conviviendo con el miedo, con la memoria de la violencia aun no resuelta.

Las reflexiones que acabamos de señalar sirven para considerar los otros efectos de la guerra interna en el Perú. Como actúan para producir cambios en la salud, como estos se tradujeron en una mayor morbilidad y mortalidad especialmente durante la etapa inicial del desplazamiento. Supone también una reflexión para ver en éstos cambios de carácter social, la modificación del proceso salud – enfermedad – atención. Como dice Breilh, [27] la importancia de identificar los procesos críticos sociales, que implican alteraciones o cambios en la salud individual y de colectivos humanos, como los que ocurrieron en las poblaciones desplazadas del Perú.    



[1] Presentado durante el IX Congreso Latinoamericano de Medicina Social (ALAMES) en Lima-Perú. Agosto 2004

[2] Discurso de entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. http://www.cverdad.org.pe/ifinal/discurso01.php  Lima, 2003

[3] Coral, I. "Desplazamiento por violencia política en el Perú: 1980-1992" Desplazados Consulta sobre desplazamiento y refugio en la región andina ICVA. IDL Perú 1993

[4] Instituto nacional de Estadísticas e Informática. INEI. Resultados del censo poblacional 1981 y 1993.

[5] Coronel, J. Informe final: "Situación de las poblaciones desplazadas en el departamento de Ayacucho". Organización Panamericana de la Salud, Perú.  1999

[6] Coordinadora nacional de derechos humanos. Informe de la situación de los derechos humanos en el Perú 1997. http://www.derechos.org/cnddhh

[7] Diez, A. "Los desplazados en el Perú". Comité Internacional de la Cruz Roja. Perú 2003

[8] Silva, Jairnilson y Almeida Naomar. "A Crise da Saúde Pública e a utopia da saúde colectiva". Casa da Qualidade Editora, Salvador Bahía 2000.

[9] Laurel, Asa C.. "Sobre la Concepción Biológica y Social del Proceso Salud-Enfermedad. Lo Biológico y lo Social, su articulación en la formación del personal de salud". Organización Panamericana de la Salud, 1994. Serie desarrollo de recursos humanos, 101.

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