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COLONIZACIÓN, DESPLAZAMIENTO Y PRODUCTIVIDAD AGRICOLA
José Galeano Sánchez

COLONIZACIÓN, DESPLAZAMIENTO Y PRODUCTIVIDAD AGRICOLA

Por José Galeano Sánchez[11]

El caso del Nudo del Paramillo en el departamento de Córdoba

En los últimos cinco años del milenio pasado los cordobeses vimos impotentes cómo el remolino de la violencia era conducido por los vientos de la guerra hacia la parte sur del departamento y ubicó el epicentro en el Nudo del Paramillo.

Las consecuencias sociales del  conflicto han llamado la atención del periodismo, organizaciones de ayuda humanitaria, algunos académicos y analistas políticos, sin embargo, los impactos ambientales poco se han tenido en cuenta.

Recurriendo a la historia reciente encontramos que durante el período colonial, desde finales del siglo XVI hasta la segunda mitad del siglo XIX, las tierras montañosas del sur de Córdoba sirvieron de refugio a reductos de las etnias Zenú que se asentaron en la quebrada Nain en el alto Sinú y a negros fugados de las minas de oro del  bajo Cauca antioqueño que fundaron los palenques de Cintura y Carate en las ciénagas del mismo nombre en el bajo San Jorge y a Uré en la parte alta. 

Vecino a Uré, los indígenas Embera Katíos procedentes del Chocó, fundaron el pueblo de San Cipriano situado donde la quebrada con este nombre desemboca en el río San Jorge.

Estos grupos desarrollaron economías basados en la extracción de oro y maderas, la caza de animales y agricultura en pequeña escala, dado lo inhóspito del terreno y los débiles vínculos con la sociedad colonial.  A pesar de estas dificultades vivieron en armonía con el paisaje natural.

A finales del siglo XIX la denominada fiebre de la raicilla recorrió la zona.  Se trataba de campesinos que buscaban la planta llamada raicilla o ipecacuana cuyas raíces contenían propiedades medicinales requeridas en Europa y Estados Unidos.  También recolectaban semillas del árbol llamado tagua y resina de los árboles caucho y canime.  Estas incursiones recolectoras mantuvieron la estructura y funcionamiento del bosque.

Después vino la oleada de la extracción maderera; para el caso del Caribe colombiano esta actividad fue ejercida por  compañías extranjeras para abastecer los mercados de Estados Unidos y Europa.  La llevaron a cabo en dos períodos: el primero entre 1883 y 1915.  En este último año el estallido de la primera guerra mundial paralizó las exportaciones de madera.

Después de un receso la compañía maderera D. Emery Company de Boston, Estados Unidos, la que más extrajo maderas de esta región, abrió un segundo período de exportaciones entre 1926  y 1942.  En este período cayeron las selvas de las serranías de Las Palomas en la margen izquierda del río Sinú, la de los ríos Mulatos y San Juan, las aledañas al golfo de Urabá y las de la parte alta de los ríos Sinú y San Jorge.

Las colonizaciones

 

Las colonizaciones se dieron en distintos momentos y por razones diferentes.  Las principales fueron las siguientes:

  • La colonización más antigua de los antioqueños entró por el San Jorge y tuvo como factores estimulantes la búsqueda de oro con base en mapas e información de las autoridades coloniales que mandaban a guaqueros aventureros a internarse montaña adentro con la esperanza de ubicar minas del codiciado metal.
  • Las guerras civiles trajeron a militares antioqueños a los campos de batalla del Caribe colombiano, muchos de los cuales se quedaron como colonos  y otros regresaron interesados en las haciendas ganaderas.
  • La colonia penal de Antadó,  ubicada en el municipio antioqueño de Ituango a orillas del río San Jorge, en tierras pertenecientes en el día de hoy al Parque Nacional Natural Paramillo (PNNP) fue construida para presos de alta peligrosidad y funcionó desde 1920 hasta 1950.  La colonia se convirtió en aportante de colonizadores antioqueños de las cuencas altas de los ríos San Jorge y Sinú. 

Para esta época ya no estaban los indígenas Zenúes asentados en la quebrada Nain y las montañas aledañas al palenque de Uré en el alto San Jorge sufrían los efectos de la colonización agrícola.

La mezcla colonizadora a mediados del siglo XX en las tierras que hoy corresponden al PNNP estaba formada por los indígenas Embera y colonos costeños y antioqueños.

En el Sinú surgieron centros madereros y agrícolas como Tierralta, fundado por don Santiago Canabal en 1909 y Tucurá, fundada por colonizadores costeños, 100 kilómetros río arriba de Tierralta.  Tucurá sirvió como centro de acopio de las madera extraídas de las amplías llanuras del río Manso, uno de los afluentes del Sinú en su parte alta.

Esta oleada afectó profundamente al bosque primario, con ello la estructura del paisaje natural y abonó el terreno al siguiente paso:

La oleada ganadera

Según el antropólogo Miguel Campos[12], estudioso del tema, las primeras haciendas ganaderas en las llanuras del Manso, surgieron en la década de los 40 en forma simultánea  con la de las vegas del río San Jorge al suroriente del hoy departamento de Córdoba.

En ambos casos los comerciantes de ganado del mercado de Medellín tenían la oportunidad  de acortar el trayecto para el abastecimiento que venían haciendo desde tierras más lejanas como la depresión Momposina y las sabanas que hoy se encuentran en los departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba.

Con la actividad ganadera llegó la colonización costeña a las tierras que hoy pertenecen al PNNP.  Así empezó el proceso que trajo consigo la reducción de la cobertura boscosa del Parque

Las guerras

Con esta mezcla colonizadora (indios, negros, antioqueños y costeños) estaban las tierras montañosas del PNNP en la década de los 50 cuando fue estremecido por la oleada violenta que recorrió todo el país con la confrontación de los partidos liberal y conservador.

Sus consecuencias aún no han sido evaluadas con suficiencia.  Lo que sí sabemos con exactitud es que de ahí en adelante las selvas del alto Sinú y San Jorge se han convertido en escenarios de guerra en donde fuerzas externas llegan, se instalan, desalojan a los colonizadores y moradores anteriores y hacen su propio repoblamiento.

Así ocurrió en 1967 cuando el Ejército Popular de Liberación (EPL) escogió las montañas del Nudo del Paramillo como epicentro de sus actividades armadas, desalojando a los hacendados de las vegas del río Manso.  Estas tierras fueron dominadas por completo por este grupo armado que conformó haciendas para la seba del ganado que sustraían de otras zonas.    

Uno de los factores que hacen estratégica la zona del PNNP es la vecindad con el Urabá y el canal interoceánico por el istmo de Panamá.

Por esta vecindad con el Urabá la colonización más reciente de los antioqueños provino de esa zona, poblando el asentamiento de Saiza, ubicado dentro de los terrenos del Parque.

Como quiera que desde la instalación del EPL en el área se convirtió en un factor de presión para la zona bananera,  durante la década de los años 70 surgió en Saiza una junta encargada de contener la presión de la guerrilla sobre la zona bananera[13].  Esta junta se convirtió en el primer antecedente de la aparición de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) que aparecieron en la segunda mitad de la década de los 80.

 

La creación del PNNP

Por acuerdo número 24 de mayo de 1977 el Instituto Nacional de los Recursos Naturales (INDERENA) creó el PNNP, con una extensión de 460.000 hectáreas.  De las cuales 300 están ubicadas en el departamento de Córdoba en los municipios de Tierralta, Montelíbano y Puerto Libertador y 160.000 en el departamento de Antioquia[14].

Creado el PNNP el Ejército Nacional desalojó  los colonos y adelantó una campaña de cerco y aniquilamiento contra la guerrilla del EPL.  Uno de los resultados obtenidos fue la desocupación de colonos pero, una vez retirado el Ejército, empezaron a regresar.

Al finalizar la década del 80 la Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica (Corelca) calculó en 14.236 personas[15] la población residente en el PNNP.

Los Emberas y Zenúes tienen dos resguardos en el área del PNNP:  el Cañaveral en el  alto San Jorge con 2.815  hectáreas y el Karagabí-Iwagadó en el alto Sinú con 103.517 hectáreas.

En el área del PNNP había una población perteneciente a la etnia Zenú que estaba dispersa en distintas poblaciones.  Por los conflictos sociales varias familias fueron reubicadas en 948 hectáreas adquiridas por el Incora en el año 2000[16] en los municipios de Puerto Libertador y Montelíbano.

Una de las características de las poblaciones del PNNP es que donde habitan indígenas hay vegetación; donde habitan los colonos costeños la vegetación es dispersa o ralita y donde habita el colono antioqueño el paisaje es completamente deforestado[17]

En cuanto a los entornos, el colono antioqueño prefirió las tierras altas, propias de los ecosistemas de laderas; el costeño lo hizo en los ecosistemas de llanuras y en las orillas de ríos y quebradas y los indígenas, presionados por los colonos, se han visto obligados a ocupar cualquier ecosistema hasta llegar al límite de las tierras habitables

La actualidad

Según Miguel Campos, en estos momentos el Parque está desocupado de colonos e indígenas.  Quedan cinco o seis familias conformadas por viudas desprotegidas que, por su situación, no han podido salir.

Debido a la intensidad que ha alcanzado el conflicto armado en el PNNP han quedado en el territorio tres ejércitos:  el de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el de la Brigada XI con sede en Montería que mantiene una fuerza de 4.000 hombres.

Y la parte ambiental... ¿qué?

La deforestación indiscriminada, las prácticas inadecuadas en la actividad agrícola como las quemas y la potrerización de la selva y el conflicto armado son los factores históricos que más han  influido en el deterioro de la biodiversidad del Parque.

Para los estudiosos del tema, en la década de los 80 otro factor sirvió de acelerador de este proceso.  En efecto, en 1984 las FARC, introdujeron las semillas para los primeros cultivos de coca sembrados en el piedemonte y de aquí se han ido extendiendo hasta llegar a las orillas de ríos y quebradas. 

Los cultivos ilícitos han ocasionado la deforestación en sitios donde no había llegado antes.  El bosque primario escasea cada vez más. 

Los herbicidas y plaguicidas que se usan en el cultivo de la coca matan la meso (lombriz de tierra, escarabajos) y microfauna (bacterias, hongos), contaminan las aguas que fluyen río abajo y junto con la deforestación dañan la estructura de los suelos acelerando los procesos erosivos en los ecosistemas de laderas.

Todo lo anterior ha traído un enorme deterioro de la biodiversidad, sobre todo en los nacederos de las fuentes de aguas.

Para entender la complejidad del conflicto recordemos que en 1991 se desmovilizó el EPL, siendo ocupadas sus zonas de influencias por las FARC a partir de 1994 y que en la segunda mitad de la década del 90 se establecieron en el PNNP las ACCU.

Estos dos actores han polarizado y profundizado la lucha armada en el territorio hasta el punto de mantener la presencia de la fuerza pública y la salida de los colonos.

Está en disputa el control del PNNP y la zona del Urabá por su carácter de zona geográfica de importancia geopolítica y la producción de cultivos ilícitos.   Lo que no sabemos es el daño ambiental que nos ocasionará esta disputa

Los inventarios de flora y fauna

Gloria Fernández es una zootecnista que desde hace cuatro años dirige un zoocriadero de guartinajas con 150 ejemplares, cercano al sitio de los reasentamientos de colonos, ubicados aguas abajo de la represa de Urrá en cercanías a la antigua hacienda Pasacaballo.  Es la única experiencia conocida en la zona de preservación de fauna silvestre.

Existe también un arboreto (sitio de preservación de flora silvestre)  con una extensión de 6 hectáreas donde están sembradas  1.800 plantas del bosque nativo del alto Sinú.  Está localizado en cercanías al zoocriadero cercano a la cabecera municipal de Tierralta.

Según Gloria este arboreto puede convertirse en un jardín Botánico con una reclasificación de las plantas.

Según ella es necesario adelantar un inventario de fauna y flora que permita tener una visión global de la realidad del Parque. 

Hoy en día la cacería de fauna silvestre está prohibida y en las zonas de amortiguamiento ya no existen estas especies.  Por  esta razón los cazadores penetran al PNNP a sustraer animales que luego venden en los mercados clandestinos de fauna silvestre.  Allí comercializan ejemplares de pericos ligeros, loros, guacamayas, venados y guartinajas, entre otras. 

En las zonas de amortiguamiento hay personas que viven de esta actividad y se sabe de la existencia de un cartel bien organizado que comercializa la fauna silvestre en todo el continente suramericano, desde la Guajira hasta Argentina.

¿Y los desplazados?

En Córdoba hay 16.287 familias desplazadas con un total de 83.296 personas.

En los tres municipios del sur de Córdoba que tienen terrenos en el PNNP (Puerto Libertador, Montelíbano, Tierralta) y Montería está concentrada el 77.9% de las familias o el 84% de las personas (Negrete, 2002) mientras en los restantes, según la Red de Solidaridad Social, está localizado el resto.

Ahora que los colonos con sus economías campesinas y extractivas han sido expulsados por el conflicto armado de las tierras montañosas del PNNP, cabe la pregunta ¿por qué nuestros colonos han vivido un proceso continuo de expansión de la frontera agropecuaria a costa de la selva tropical?

El investigador social Orlando Fals Borda en su libro Capitalismo, hacienda y poblamiento en la Costa Atlántica plantea tres elementos que sirven para evaluar el carácter inadecuado y nocivo de formas productivas usadas tradicionalmente.

En lo que él llama el primer paso de la colonización, el campesino tumba la selva, quema el monte y hace dos ó tres cosechas.  De aquí para adelante las condiciones de producción se hacen más difíciles por el empobrecimiento de los suelos y aumento de los costos.

Generalmente este paso lo hace solo, en lugares apartados de los centros urbanos sin ayuda del Estado o de la empresa privada.

En el segundo paso el campesino vende las mejoras a los interesado en implantar la actividad ganadera, ya que las gramíneas que le sirven de alimento al ganado son más agresivas, resistentes y se adaptan a los deterioros del suelo, causados en el paso anterior.

En el tercer paso el colono sigue monte adentro y abre otro claro. Y así sucesivamente.  De esta forma se ha acabado con la selva desde el golfo de Morrosquillo hasta el de Urabá.  Los colonos, sin territorio ni trabajo, regresan a sus pueblos de origen como desplazados por la violencia.

Como el departamento de Córdoba ha sido un gran receptor de desplazados bien vale la pena discutir dos temas:

1.     La óptica con la cual el gobierno nacional ha concebido la política para la conservación de los parques naturales.  Según la legislación vigente ninguna persona puede habitar en estas zonas de conservación.

Esta concepción ha permitido canalizar los flujos de inversión del capital internacional y del presupuesto nacional para la conservación de zonas deshabitadas, olvidándose de hacer gestión ambiental en las zonas de amortiguamiento, amenazadas por la presencia de población campesina empobrecida que seguirá deteriorándola y después, cuando las condiciones lo permitan, penetrarán de nuevo a las áreas protegidas. 

En la búsqueda de flexibilizar la legislación vigente los indígenas Embera del alto Sinú llevan casi tres años discutiendo con la Unidad de Parques Nacionales una reglamentación para el manejo de los dos resguardo que tienen en el alto Sinú y San Jorge, deshabitados en la actualidad.

Ojalá que este ejercicio arroje luces para construir una política de conservación con participación comunitaria, acercándonos de paso a otros conceptos, como el de la Unidad de Paisajes que ha venido impulsando el Instituto Geográfico Agustín Codazzi para la construcción de los Planes de Ordenamiento Territorial con una visión integral que concibe a la especie humana como integrante del paisaje natural.

2.     Deben cuestionarse las alternativas productivas que se proponen a la población desplazada ya que ellos, en su retorno, encuentran una naturaleza destrozada y una agricultura en crisis.

Según el Incora en los últimos años se han adquirido aproximadamente 4.000 hectáreas para ubicar 358 familias desplazadas con un valor de diez mil millones de pesos aproximadamente[18].

La experiencia que hay en el Incora tanto en la ubicación de los guerrilleros desmovilizados del EPL como de población desplazada es que en algunos casos ha comprado fincas cuyos terrenos están muy cansados, como la finca Rusia en el municipio de Valencia, El Quindío en el corregimiento de Nueva Lucía, municipio de Montería y La Lucha en el corregimiento de Uré, municipio de Montelíbano.

Estos terrenos pueden recuperar niveles sostenibles de productividad  para lo cual se requiere de un tiempo mínimo de unos cinco años haciendo reconversión productiva con los principios de la agricultura ecológica.

Pero ¿qué estamos viendo en los acompañamientos a las reubicaciones de población desplazadas? En aquellas experiencias en donde hay procesos de reconversión de sistemas agrícolas es porque algunas ONG las vienen realizando por cuenta propia.

Hay fundaciones de ayuda humanitaria que atienden la parte productiva con el mismo esquema de la revolución verde: usando maquinaria agrícola con arado tradicional que han compactado los suelos del trópico y acabado con su capa vegetal; usando agroquímicos que empobrecen los suelos y contaminan las fuentes de agua.  Este sistema simplifica al máximo la biodiversidad, implantando una sola variedad de cultivo.

Según la gobernación de Córdoba la producción agrícola del año 2001 tuvo una caída  de 2.4% del producto interno bruto.

Lo más grave de la situación es que pensamos en seguir produciendo bajo el esquema de la revolución verde y el estudio e implementación de los principios de la agricultura sostenible no se vislumbran para un diseño de la política estatal.

Por ahora quienes sienten la necesidad de la agricultura ecológica deben impulsar la gestión ambiental para lograr la restauración de la llamada biodiversidad funcional, o sea, aquel mínimo del paisaje natural necesario para suministrar los servicios ambientales que requiere la actividad agrícola.

Hay que seguir alentando el aumento en la productividad en los predios mediante la diversificación de actividades productivas, la reforestación para la habilitación productiva de suelos degradados y la promoción de la producción limpia.

Afortunadamente en los últimos años a nivel escolar han tomado fuerza las granjas experimentales, como la de El Pindo en Tierralta, la de Punta Verde en Planeta Rica, la del colegio San Bernardo en Montelíbano y la Santa Teresita en el corregimiento de Juan José, municipio de Puerto Libertador.  Son como rayos de luces que asoman en el panorama a ver si las nuevas generaciones logran la sostenibilidad productiva y conservan las zonas protectoras de la biodiversidad natural.


[11] Investigador social.  Fundación del Sinú.  Miembro directivo de la Unidad Sabanagrande y del Caribe de la Corporación Ecofondo.

[12] Intervención hecha en la mesa de trabajo ambiental convocada por el Nodo de Córdoba de la Corporación Ecofondo en la sede del Taller Prodesal.  Montería, febrero del 2002. 

[13] Campos

[14] Parque Nacional Natural de Paramillo.   Revista En busca del desarrollo, pág 17.   Víctor Negrete B. Editor.    Montería, 1992.  

[15] Ibid, pág 34

[16] Centro de Estudios Sociales y Políticos  de la Corporación Universitaria del Sinú y otros.  Desarrollo agropecuario y reforma agraria.   Montería,  2000.

[17] Campos 

[18] El Meridiano de Córdoba.  Montería, diciembre 16/01,  pág 4A

 

EL DESPLAZAMIENTO POR LA VIOLENCIA EN EL DEPARTAMENTO DE CORDOBA 1999-2001

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