Salud y Desplazamiento (English)

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“HACIA UNA VIVIENDA SALUDABLE”, ESTRATEGIA INTEGRADORA QUE PERMITE CAMBIOS DE ACTITUDES FAVORABLES PARA EL MEJORAMIENTO DE LA SALUD DE LAS COMUNIDADES

Piedad Sánchez M.
Profesional Nacional
Proyecto SADEC
OPS/OMS

 

INTRODUCCION

Como resultado del conflicto armado interno que vive el país, el desplazamiento masivo se ha convertido en una seria problemática, al punto que el Ministerio del Interior mediante el Decreto 976 de 1997, le dio la connotación de desastre, y mediante el acuerdo 059 de 1997, el Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud (CNSSS), en concordancia con el artículo 167 de la Ley 100 de 1993, lo catalogó como evento catastrófico. 

Desde el año 1995 hasta el 15 de abril de 2004, en el Sistema Único de Registro de la Red de Solidaridad Social se reportaba un acumulado de 1’305.294 personas en situación de desplazamiento, lo que equivale aproximadamente  a 286.089 familias. La calidad de vida de la mayoría estas personas de por sí es precaria y en la medida en que la situación de desplazamiento se prolonga, sus condiciones tienden a empeorar, especialmente en la fase de transición, es decir en el periodo transcurrido entre la elección de un asentamiento temporal y el momento en que logran su reubicación definitiva. En esta etapa las ayudas humanitarias de emergencia han cesado y es común que su situación económica se deteriore, tornándose el asentamiento cada vez más difícil y menos saludable.  

Las condiciones de marginalidad y de pobreza extrema en que vive esta población, donde las viviendas se ubican generalmente sin ningún tipo de planeamiento, en zonas aledañas a caños, con alto grado de contaminación ambiental, expuestas a factores de riesgo como deslizamientos, derrumbes, inundaciones, etc., construidas con material generalmente reciclado, mal ventiladas, con un alto porcentaje de hacinamiento, puesto que es común encontrar que solo cuentan con apenas una habitación multifuncional, la que es compartida por toda la familia, de tal forma que no cumplen con condiciones de seguridad, abrigo y protección para sus habitantes.

Viviendas y asentamientos que carecen de servicios públicos como el del agua potable, alcantarillado, energía eléctrica domiciliaria, deficitario a nulo manejo adecuado de residuos tanto líquidos como sólidos, con presencia de insectos y roedores, donde la cría de animales domésticos como los cerdos es algo frecuente, pero sin conservar ningún tipo de medida higiénico sanitaria.

Con una situación económica precaria, viviendo del “rebusque”, con pérdida de la autoestima, conflictos intrafamiliares, aumento de la violencia y del consumo de alcohol, cigarrillo y sustancias psicoactivas, al igual que la restricción de los alimentos y el hambre, así como el fuerte impacto psicosocial a que se ven enfrentados, son todos factores que contribuye al aumento de la morbilidad y la mortalidad en esta población, siendo mayormente afectados los niños y las mujeres, en especial las embarazadas.

Constituyéndose todo lo anterior en un excelente caldo de cultivo que favorece el deterioro de la salud, propicio para que se presenten enfermedades infectocontagiosas, de origen hídrico, de la piel, accidentes, desnutrición y muertes que en una buena proporción son evitables.

De tal suerte que la OPS/OMS, en el marco de la estrategia de la Atención Primaria Ambiental, cuyo objetivo fundamental es “Proteger y mejorar la salud de la población y el ambiente, creando un ambiente sano mediante la promoción y ejecución de acciones básicas preventivas en el nivel local, con la participación de la comunidad” [1] , viene impulsando acciones que favorecen el desarrollo de estrategias educativas a nivel comunitario y familiar, para crear conciencia y fomentar acciones que permitan proteger la salud en la vivienda.

Generándose así la estrategia “Hacia una vivienda saludable” la cual es una estrategia costo efectiva, que posibilita la integración de diversas acciones que confluyen en mejoría de condiciones saneoambientales, a la vez que permite a las familias empoderarse de nuevos conocimientos mediante los cuales es posible potencializar actitudes saludables (factores protectores).

Las actividades educativas contenidas en esta estrategia están orientadas para que el aprendizaje se dé a partir de la experiencia de los participantes, del diálogo de saberes, de la construcción colectiva del conocimiento y de la concertación [2] .

El contenido de los módulos da cuenta de la siguiente temática, mediante la cual, de una manera sencilla se plantean algunas alternativas para abordar la problemática derivada del inadecuado manejo saneoambiental, o de las precarias condiciones que persisten, conforme a lo antes descrito en estos asentamientos:

  • Módulo I: La vivienda como espacio vital
    • Ubicación, infraestructura y espacio.
  • Módulo II: Sorbos de vida. Agua para el consumo en la vivienda.
    • Protección y métodos de tratamiento.
  • Módulo III:Las excretas y las aguas grises o de lavado andan por ahí.
    • Manejo y disposición de las excretas.
    • Manejo y disposición de las aguas grises o de lavado.
  • Módulo IV:Los residuos sólidos en la vivienda.
    • Definición, almacenamiento, recolección, tratamiento,
    • Disposición y aprovechamiento.
  • Módulo V: Échele ojo a las plagas.
    • Medidas de control de insectos y roedores.
  • Módulo VI: Vivienda con higiene y salud.
    • Higiene en la vivienda.
    • Hábitos de higiene personal.
    • Manipulación de alimentos.
    • Manejo de animales doméstico

La metodología utilizada para el trabajo con vivienda saludable se ha denominado “SARAR”, esta es una metodología participativa de capacitación de las personas en la identificación de sus propios problemas, así como en la planeación, realización de cambios y el monitoreo de sus avances. SARAR considera que la mejor forma de promover el cambio en la comunidad es facilitar los medios para que puedan tomar mayor control de su destino, involucrándose en la identificación y selección de opciones alternativas para su desarrollo.

Esta metodología fue creada por Lyra Srinivasan en los años setenta con la colaboración de Ron Sawyer, Christ Srinivasan y Jake Pfohl para ser usada en actividades de participación destinadas a aumentar la autoestima de las personas y de la comunidad con miras a generar capacidades para la toma de decisiones y la planificación de un cambio significativo.

Dicha metodología ha sido probada de manera exitosa en diversos países del Continente Africano (Botsana, Kenia, Uganda y Zimbabwe), al igual que en el Salvador y en Colombia donde solo hasta el año 2003, se implementó. La metodología implica además que cada persona que aprende, a su vez ayuda a otras a aprender, de tal manera que llega un momento en que son capaces de asumir un mayor control de sus vidas y de su medio ambiente, al aprender a resolver sus problemas.

La metodología privilegia aspectos como la seguridad en sí misma, toda vez que provee a los individuos de nuevos conocimientos que le permiten mayor capacidad de respuesta ante sus necesidades, la posibilidad de asociarse con otros y ampliar la base de la participación comunitaria (barrial), el desarrollo de la creatividad y el ingenio para plantearse posibles alternativas de solución, actualización de los conocimientos a través de la acción, es decir los cambios son posibles si los grupos de participantes planifican y aplican las medidas apropiadas y finalmente fortalece el sentido de la responsabilidad individual y colectiva.

De manera esquemática se puede resumir la estrategia así:

  • Seguridad en sí mismo,
  • Asociación con otros,
  • Reacción con ingenio,
  • Actualiza para la acción,
  • Responsabilidad

EXPERIENCIA EN EL DEPARTAMENTO DE CORDOBA

En el departamento de Córdoba, el número acumulado de población en situación de desplazamiento registrada en el Sistema Único de Registro de la Red de Solidaridad Social – Unidad Territorial, desde 1996 hasta el 15 de abril de 2004,  asciende a un total de 58.876 personas receptadas, lo que significan 12.373 familias y representan el 4,5% del total nacional.

Luego de haber formado un grupo de facilitadores, en el departamento se implementó un pilotaje de la estrategia “Hacia una vivienda saludable”, buscando favorecer principalmente la población en situación de desplazamiento, sin olvidar que existe un buen porcentaje de esta población que aún no han acudido ha hacer su declaración por múltiples razones, pero que igualmente cohabitan en los barrios marginales o denominados subnormales.

Para la prueba piloto, se escogieron los municipios de Montería y Montelíbano, esto en razón a que son dos de los principales receptores de población. En Montería se implementó la estrategia en los Barrios: El Poblado, Colina Real, Camilo Torres y Casa Finca, beneficiándose 1582 familias y en el municipio de Montelíbano, se seleccionó el Sector I del Barrio El Porvenir, beneficiándose inicialmente 100 familias, lo que significa un total de 1682 familias.

Independientemente del perfil de las personas que fueron capacitadas como Agentes Comunitarios en cada uno de los cinco barrios, los resultados de la estrategia se dejaron notar de una manera muy rápida, reflejada en el compromiso de sus líderes capacitados para implementar la estrategia en las 1682 viviendas beneficiadas, al igual que en la actitud de la mayoría de los habitantes al aceptar el trabajo de capacitación casa a casa, de realizar la evaluación de su vivienda en cada uno de los seis módulos, de manera conjunta con todos los miembros que componen la familia, haciéndose concientes de los riesgos a que estaban expuestos y adoptando prontamente, conforme a sus capacidades, alternativas que les permitieran ir mejorando la condición de su vivienda en cada uno de los aspectos trabajados.

La metodología para la evaluación en la que se involucra a los miembros de la familia que participan de las visitas que realiza el Agente Comunitario, implica establecer que la familia evalúa el estado en que se encuentra su vivienda o los cambios que han alcanzado luego de las visitas, para esto utilizan una escala de colores tipo semáforo (rojo, amarillo y verde), en los que se revisan u observan cuatro factores de protección por cada uno de los temas tratados.

De tal forma que el significado de los colores es el siguiente:

  • Rojo: equivale a Mal estado y se utiliza cuando la familia no cumple con ninguno de los aspectos mencionados en la guía de observación como factores protectores para cada tema.
  • Amarillo: equivale a Regular estado y se utiliza cuando la familia cumple con por lo menos uno de los factores protectores a observar en cada tema.
  • Verde: equivale a Buen estado y se utiliza cuando la familia cumple con todos los factores protectores que deben observarse en cada uno de los temas a tratar durante la visita realizada por el Agente Comunitario.

Es así que al analizar el estado inicial en que se encontraron las viviendas antes de implementar la estrategia y el estado en que se encontraban luego de haber trabajado uno a uno los seis módulos, el cambio positivo es significativo, pues en todos los módulos el porcentaje de las familias que evaluaron en rojo fue alto en la visita inicial, puesto que oscilo entre el 66 % y el 46 % y en la evaluación final, estos porcentajes se habían logrado disminuir entre un 52,2% y 34,4% por las familias, al haber implementado alguna medida de mejoramiento de la situación evaluada, los que los llevó a pasar a amarillo o incluso a verde. Como se evidencia en las figuras 1 a la 6.

 

Figura 1

Figura 2

Figura 3
Figura 4
Figura 5
Figura 6

En el departamento se trabajó con diferentes grupos de Agentes Comunitarios, pero siempre se tuvo en cuenta que fueran habitantes del barrio donde se llevaría a cabo el proceso de implementación de la estrategia. Entre estos se contó con Jóvenes de los grados 10 y 11 de enseñanza secundaria, mujeres y líderes comunitarios ampliamente reconocidos. Con los tres grupos la experiencia fue siempre enriquecedora, pues los jóvenes aportaron con su juventud y fuerza innovadora, generando un ambiente de confianza entre su comunidad, primando siempre la responsabilidad y dentro de los aspectos a destacar está el grado de sensibilización alcanzado en los mismos luego de haberse permitido reconocer su comunidad y aprender acerca de temas que eran totalmente desconocidos para ellos, asegurando que cuando conformen sus propias familias asumirán actitudes mucho más saludables frente a los diferentes factores de riesgo estudiados.

Con el grupo de mujeres fue interesante ver como se permitió la participación de miembros de la comunidad que nunca antes habían hecho parte de actividades encaminadas al beneficio del colectivo, explorándose y potencializándose capacidades de liderazgo inexploradas.  Fue satisfactorio ver como mujeres que superaban los 55 años eran de las más entusiastas y responsables al momento de realizar las visitas en cada una de las viviendas asignadas. Su presencia infundió respeto y seriedad al trabajo que se realizó por parte de los demás.

Lo anterior permite reforzar el planteamiento hecho por el Dr. Eduardo Alvarez Peralta representante de la OPS/OMS para Colombia, que “cuando las personas comprenden el sentido de mejorar su vivienda y su entorno pueden cambiar sus hábitos, sus comportamientos y sus actitudes frente a su salud y la de los seres más cercanos a su familia” [3] .

Pero que para que este tipo de cambios de actitudes persistan, y haya una real conciencia y comprensión de la salud, que permitan que los cambios de comportamiento perduren, “La gente debe creer verdaderamente que si mejora su higiene y saneamiento, su salud y su vida serán mejores” [4] , pero además es necesario garantizar un proceso de educación sanitaria continua, al igual que contar con el apoyo y acompañamiento en campo a la comunidad, toda vez que con las autoridades territoriales, se trabaja de igual manera en el mejoramiento de las condiciones saneoambientales del barrio, de tal forma que sea posible, generar verdaderos cambios conductuales y de estilos de vida, apoyado también en la accesibilidad a los servicios públicos básicos, lo que apunta a la disminución de las necesidades básicas insatisfechas y un acercamiento en busca de la equidad, al saldar brechas que no permiten el adecuado desarrollo de los individuos, a los que por demás les han sido vulnerados muchos de sus derechos fundamentales. De lo contrario, se estaría corriendo el riesgo de que frente a la menor dificultad, se retorne al estado inicial encontrado al iniciar la implementación de la estrategia.

También es importante trabajar aspectos como la identificación conjuntamente con las familias de factores protectores, igualmente costo efectivos, que puedan ser reforzados o implementados por la familia y la comunidad, lo que podría estar constituyéndose en piedra angular que conduzca al logro de verdaderas viviendas y comunidades saludables.

Quisiera finalizar retomando la premisa planteada en los módulos para el Facilitador y el Agente Comunitario de la estrategia “Hacia una vivienda saludable”, en los que se dice que “Cuando las personas entienden desde el corazón la relación que existe entre el medio ambiente, la salud y el bienestar con sensibilidad, conciencia y ganas de hacer algo para cambiar, pueden identificar las situaciones y tomar medidas para modificar desde lo individual lo familiar y lo comunitario, la situación generadora del problema”.



[1] Organización Panamericana de la Salud OPS/OMS. Atención Primaria en Salud, Washington D. C., Septiembre 1998, Pág. 19

[2] Organización Panamericana de la Salud OPS/OMS. Hacia una Vivienda Saludable. Que viva mi hogar. Manual para el facilitador. Bogotá, 2003. Pág. 4

[3] Ibídem

[4] OMS/PNUD. La Iniciativa PHAST - Transformación Particpativa para la Higiene y el Saneamiento. Un nuevo enfoque para el trabajo comunitario. Ginebra, 1996

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