Salud y Desplazamiento (English)

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manifestaciones que presentan las comunidades frente a un desastre

Traslado al albergue el Mirador, 1999.

Foto Yirman Robledo Díaz, Corporación Opción Colombia

la verdadera esperanza debe surgir después que el dolor brote y se elabore el duelo, que el desarraigo encuentre o reencuentre otros lazos con el entorno y que de nuevo surja la producción simbólica que alimenta las identidades perdidas y las relaciones sociales truncadas y/o aniquiladas por la lógica del desastre.

Manuel Restrepo

Después que ocurre un desastre, todo sobreviviente valora el hecho de estar vivo por encima de cualquier otra circunstancia. Superado este momento, se inicia el inventario de pérdidas tanto físicas como afectivas, y es entonces, cuando aparecen en el escenario nuevas conductas y nuevos y viejos conflictos de interés, algunos siempre presentes en el grupo familiar o en el comunitario, otros surgidos como consecuencia del desastre, otros ocultos y que el desastre se ha encargado de sacar a flote.

Todos estos daños pueden o no producirse, de manera simultánea en las mismas personas, así como estar algunos íntimamente ligados a otros, por ejemplo, el traumatismo psicológico consecuencia de la pérdida de las facultades físicas o partes del cuerpo, la sensación de pérdida afectiva consecuencia de la fragmentación familiar, la muerte o el desplazamiento de algunas personas.

En este escenario, los adultos en su afán por recuperarse y en la lucha diaria por la supervivencia básica de sus familias, afectados emocionalmente como están y con las manifestaciones propias de un ser humano después de un desastre, muchas veces adoptan conductas de desinterés y de abandono hacia los niños, siendo los más pequeños los más afectados.

Estas conductas pueden aflorar desde el primer momento y de manera inmediata, o pueden tomar un tiempo más largo y aparecer sólo cuando se hace evidente la magnitud real y la irreversibilidad de las pérdidas materiales, económicas, afectivas o culturales.

Por otra parte, como los desastres generalmente han sido vistos sólo como el producto de eventos externos, aislados, fortuitos y excepcionales, y no, como procesos que se confunden con la historia misma de las comunidades afectadas y de sus interrelaciones con el entorno circundante; en las evaluaciones de daños o pérdidas sólo suelen tenerse en cuenta las materiales o las económicas más evidentes, sin que se les dé a los efectos psicológicos y culturales la prioridad que merecen.

Si han sido tenidos en cuenta, sólo ha sido para fortalecer la imagen que se tiene entre la comunidad y las autoridades sobre los afectados por un desastre, que "quedan automáticamente en situación de minusválidos, incapaces de tomar decisiones o de asumir el manejo de la emergencia" [5].

En ningún momento podemos dejar de lado las manifestaciones de los seres humanos luego del impacto de un desastre, manifestaciones que son producidas por el evento desastroso, las pérdidas materiales o las lesiones físicas provocadas por éste, y que en general se ubican en el ámbito emocional como: ansiedad, miedo, horror, tristeza, fobias, sentimientos de desamparo, inestabilidad general, etc.

Manifestaciones que como lo anotábamos anteriormente, no siempre se comportan de manera lineal y secuencial o de manera inmediata, sino que pueden tomar un tiempo más largo, y aparecer sólo cuando se hace evidente la dimensión de las pérdidas sufridas.

Los desastres desde la mirada física, varían en magnitud, severidad, daño causado, radio de acción, número de damnificados, pérdida de vidas humanas y pérdidas de carácter físico. Sus manifestaciones pueden extenderse a unas pocas horas o durar varios meses. En general progresan en ocho etapas: las condiciones previas, la situación de alarma, la amenaza, el impacto, el inventario de pérdidas, el rescate, las medidas de intervención y la recuperación, que corresponden a los aspectos físicos del desastre.

Desde el punto de vista psicoafectivo, el desastre ha sido clasificado de acuerdo con las reacciones emocionales, en las siguientes etapas:

- la etapa heroica, aparece cuando sucede el desastre y se caracteriza por la solidaridad de la gente que trabaja intensa y aceleradamente para la salvación mutua y el resguardo de sus propiedades. La motivación es intensa y las personas están preocupadas por lograr la supervivencia.

- la etapa de luna de miel, período mediato a la calamidad, relativamente corto, puede durar hasta dos meses; es cuando las comunidades afectadas reciben toda clase de ofertas, se sienten apoyadas por las promesas gubernamentales y de la sociedad civil. Las personas afectadas por la catástrofe tienen la percepción que cuentan con buenas oportunidades para restablecerse rápidamente. El optimismo es alto, a pesar de conocerse el grado de pérdidas. Es el momento en que se inician los planes de restablecimiento.

- la etapa de desilusión, puede durar varios meses y quizá hasta el primer año. Se caracteriza por las demoras en iniciar los planes de recuperación, así que lo que la distingue son los retrasos y las fallas de carácter administrativo y organizacional, además de una gran confusión en el orden burocrático. Las víctimas retoman sus vidas y la solución de sus problemas individuales.

- la etapa de reconstrucción, está caracterizada por un esfuerzo coordinado y continuo tanto en el orden individual como en el colectivo, de reconstruir y restablecer el funcionamiento normal y puede durar varios años.

Estas etapas son útiles para ayudar a entender las presiones por las que atraviesan los adultos y los efectos directos e indirectos causados en los sentimientos de los niños. Estos efectos contribuyen a provocar diversas reacciones emocionales en ellos, y por otra parte, la percepción de los adultos sobre la pérdida de un entorno seguro, la disrupción o pérdida de relaciones estables; las interacciones predecibles ejercen una gran influencia en el comportamiento del adulto, creando finalmente un círculo vicioso que afecta a toda la familia.

Situación que sumada a todos los factores de vulnerabilidad y amenaza de estas poblaciones, hace que su recuperación sea difícil, y por consiguiente exige un trabajo de recuperación serio y oportuno.

Como ejemplo de la etapa de luna de miel presentamos las palabras preparadas por la Sra. Luz María Palacio de Garay, educadora y líder comunitaria del Quindío:

"Creciendo en la crisis"

Son las doce del día del lunes 22 de febrero. Han pasado 28 días después del sismo en nuestra zona cafetera, Hemos vivido varias etapas: la tragedia, el desasosiego, el desespero, las tinieblas, la angustia, la destrucción, los muertos, los heridos, los desaparecidos.

Sentimos la solidaridad del mundo. Los ojos de ustedes puestos en nosotros. Eso nos ayudó a sobrevivir. Gracias a sus ayudas comimos, recibimos el plástico que se usó para hacer los cambuches, sitios donde se acomodan varias personas para resguardarse de la lluvia y tratar de dormir durante las largas noches. Era la única opción porque las casas se destruyeron (aún siguen allí).

Hoy seguimos con muchos problemas, pero nuestra sangre paisa se despertó con fe en Dios, con optimismo, con ganas de planear, organizar y levantar una nueva "Ciudad Milagro". Sabemos que no es fácil, que es complicado, pero con la asesoría y la ayuda de ustedes, los países más pujantes del mundo, lo lograremos. Tenemos que pensar en grande para poder resolver un problema demasiado grande. Más o menos el setenta por ciento de nuestra ciudad quedó muy mal.

Apenas estamos empezando nuestro drama. La vida nos cambió. Hoy todo es diferente. El centro de Armenia está evacuado, el norte congestionado, el sur destrozado. En cada casa viven tres, cuatro y hasta más familias.

La solidaridad revivió. Estamos más unidos. El odio, el rencor y los resentimientos quedaron atrás. Nuevamente nos tenemos que abrazar para encontrar esa familia que aún vive y tratar de animar a nuestros niños que no se han repuesto.

Nos sentimos afectados, pero no derrotados. Vemos esta situación como una oportunidad que con la ayuda de Dios, de ustedes y de muchos países, podremos dentro de unos años vivir en una ciudad hermosa y volver a hablar de "Armenia, Ciudad Milagro".

No nos olviden, las ayudas llegan y se reparten pero cada día se necesitan más y más. Al principio llegaron muchas cosas, hoy llegan menos.

Gracias, muchas gracias por lo que han hecho, por lo que están haciendo y por lo que harán.

Que Dios los bendiga, Luz María Palacio de Garay

Otro ejemplo de la etapa de reconstrucción , son los apartes de la entrevista concedida por el padre Jorge Eliud López, de la comunidad salesiana y rector del Centro San Juan Bosco de la ciudad de Armenia, año y medio después del terremoto.

Testimonios de muchos habitantes de Armenia hacen referencia al incremento de la solidaridad, el compañerismo y el mayor sentido de la participación al interior de las comunidades, después del terremoto; la mayoría de los afectados (90% arrendatarios) se consideran beneficiarios del terremoto, al tener por primera vez la oportunidad de vivienda propia, mejores condiciones de salubridad y nutrición y mayores expectativas de vida.

El Padre López comenta que a pesar de la ganancia y el trabajo que tienen muchas familias que ahora se han organizado con la reconstrucción, yo he visto otra realidad totalmente diferente y preocupante. «Me preocupa mucho que se ha empezado a hablar de reconstrucción social, dejando de lado los jóvenes, siendo ellos el fuerte con el que yo trabajo, y quienes están totalmente desubicados y olvidados; ahorita la mayoría de los delincuentes son jóvenes de los barrios más marginados, con problemas, los que tu quieras, y a mi me ha preocupado que en el Quindío nos hemos centrado en la reconstrucción física, y hemos aplaudido también como los adultos se han reorganizado para ir construyendo y saliendo adelante; pero mientras que las personas adultas han aprendido mucho de convivencia, de organización, eso no se ha reflejado en la infancia y la juventud porque no han tenido quien los escuche. Si miramos a los jóvenes y niños nos damos cuenta que los hemos olvidado. Todo el engranaje social del que se habla no debería dedicarse sólo a organizar casas sino a organizar hogares, empezar por las personas más abandonadas, los niños y los jóvenes».

Los adultos por estar muy interesados en tener casa y dedicar todos sus esfuerzos a esta oportunidad, se les está olvidando la familia, los hijos; se llega tan cansado, el hijo para muchos es un estorbo, más si no pueden aportar económicamente. Si nosotros no le ponemos cuidado ahora, y solamente seguimos pensando en la reconstrucción física, vamos a tener las grandes asociaciones de vivienda pero también vamos a tener los grandes delincuentes, que van a empeorar la situación.

De hecho, uno de los focos más críticos que se ha visto, es el problema de la juventud. Para la juventud y los niños en el Quindío, el terremoto apenas está comenzando, y es por eso, y por muchos factores, que en este momento se encuentran disparados enormemente los índices de drogadicción y prostitución. Abandonados y maltratados por sus padres pero con la necesidad de aportar en la casa, los jóvenes se han venido agrupando en pandillas en los barrios más marginados, pandillas que se ven fortalecidas con la presencia de jóvenes y adultos de otras regiones (Medellín, Pereira, Ibagué), que ven la oportunidad de dinero fácil con la drogadicción, la prostitución y la delincuencia; llegando a consolidar albergues propios, como lo que se ve en la llamada "Cueva del Humo".

____________________

[5] Wilches-Chaux, G. (1996). "Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, Mecánico soldador o, Yo voy a tomar el riesgo. Manual para la Gestión del Riesgo". La Red.

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