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Indice >> [ Anterior | Siguiente ] manifestaciones que presentan las comunidades frente a un desastre
Manuel Restrepo Después que ocurre un desastre, todo sobreviviente valora el hecho de estar vivo por encima de cualquier otra circunstancia. Superado este momento, se inicia el inventario de pérdidas tanto físicas como afectivas, y es entonces, cuando aparecen en el escenario nuevas conductas y nuevos y viejos conflictos de interés, algunos siempre presentes en el grupo familiar o en el comunitario, otros surgidos como consecuencia del desastre, otros ocultos y que el desastre se ha encargado de sacar a flote. Todos estos daños pueden o no producirse, de manera simultánea en las mismas personas, así como estar algunos íntimamente ligados a otros, por ejemplo, el traumatismo psicológico consecuencia de la pérdida de las facultades físicas o partes del cuerpo, la sensación de pérdida afectiva consecuencia de la fragmentación familiar, la muerte o el desplazamiento de algunas personas. En este escenario, los adultos en su afán por recuperarse y en la lucha diaria por la supervivencia básica de sus familias, afectados emocionalmente como están y con las manifestaciones propias de un ser humano después de un desastre, muchas veces adoptan conductas de desinterés y de abandono hacia los niños, siendo los más pequeños los más afectados. Estas conductas pueden aflorar desde el primer momento y de manera inmediata, o pueden tomar un tiempo más largo y aparecer sólo cuando se hace evidente la magnitud real y la irreversibilidad de las pérdidas materiales, económicas, afectivas o culturales. Por otra parte, como los desastres generalmente han sido vistos sólo como el producto de eventos externos, aislados, fortuitos y excepcionales, y no, como procesos que se confunden con la historia misma de las comunidades afectadas y de sus interrelaciones con el entorno circundante; en las evaluaciones de daños o pérdidas sólo suelen tenerse en cuenta las materiales o las económicas más evidentes, sin que se les dé a los efectos psicológicos y culturales la prioridad que merecen. Si han sido tenidos en cuenta, sólo ha sido para fortalecer la imagen que se tiene entre la comunidad y las autoridades sobre los afectados por un desastre, que "quedan automáticamente en situación de minusválidos, incapaces de tomar decisiones o de asumir el manejo de la emergencia" [5]. En ningún momento podemos dejar de lado las manifestaciones de los seres humanos luego del impacto de un desastre, manifestaciones que son producidas por el evento desastroso, las pérdidas materiales o las lesiones físicas provocadas por éste, y que en general se ubican en el ámbito emocional como: ansiedad, miedo, horror, tristeza, fobias, sentimientos de desamparo, inestabilidad general, etc. Manifestaciones que como lo anotábamos anteriormente, no siempre se comportan de manera lineal y secuencial o de manera inmediata, sino que pueden tomar un tiempo más largo, y aparecer sólo cuando se hace evidente la dimensión de las pérdidas sufridas. Los desastres desde la mirada física, varían en magnitud, severidad, daño causado, radio de acción, número de damnificados, pérdida de vidas humanas y pérdidas de carácter físico. Sus manifestaciones pueden extenderse a unas pocas horas o durar varios meses. En general progresan en ocho etapas: las condiciones previas, la situación de alarma, la amenaza, el impacto, el inventario de pérdidas, el rescate, las medidas de intervención y la recuperación, que corresponden a los aspectos físicos del desastre. Desde el punto de vista psicoafectivo, el desastre ha sido clasificado de acuerdo con las reacciones emocionales, en las siguientes etapas: - la etapa heroica, aparece cuando sucede el desastre y se caracteriza por la solidaridad de la gente que trabaja intensa y aceleradamente para la salvación mutua y el resguardo de sus propiedades. La motivación es intensa y las personas están preocupadas por lograr la supervivencia. - la etapa de luna de miel, período mediato a la calamidad, relativamente corto, puede durar hasta dos meses; es cuando las comunidades afectadas reciben toda clase de ofertas, se sienten apoyadas por las promesas gubernamentales y de la sociedad civil. Las personas afectadas por la catástrofe tienen la percepción que cuentan con buenas oportunidades para restablecerse rápidamente. El optimismo es alto, a pesar de conocerse el grado de pérdidas. Es el momento en que se inician los planes de restablecimiento. - la etapa de desilusión, puede durar varios meses y quizá hasta el primer año. Se caracteriza por las demoras en iniciar los planes de recuperación, así que lo que la distingue son los retrasos y las fallas de carácter administrativo y organizacional, además de una gran confusión en el orden burocrático. Las víctimas retoman sus vidas y la solución de sus problemas individuales. - la etapa de reconstrucción, está caracterizada por un esfuerzo coordinado y continuo tanto en el orden individual como en el colectivo, de reconstruir y restablecer el funcionamiento normal y puede durar varios años. Estas etapas son útiles para ayudar a entender las presiones por las que atraviesan los adultos y los efectos directos e indirectos causados en los sentimientos de los niños. Estos efectos contribuyen a provocar diversas reacciones emocionales en ellos, y por otra parte, la percepción de los adultos sobre la pérdida de un entorno seguro, la disrupción o pérdida de relaciones estables; las interacciones predecibles ejercen una gran influencia en el comportamiento del adulto, creando finalmente un círculo vicioso que afecta a toda la familia. Situación que sumada a todos los factores de vulnerabilidad y amenaza de estas poblaciones, hace que su recuperación sea difícil, y por consiguiente exige un trabajo de recuperación serio y oportuno. Como ejemplo de la etapa de luna de miel presentamos las palabras preparadas por la Sra. Luz María Palacio de Garay, educadora y líder comunitaria del Quindío: "Creciendo en la crisis"
Otro ejemplo de la etapa de reconstrucción , son los apartes de la entrevista concedida por el padre Jorge Eliud López, de la comunidad salesiana y rector del Centro San Juan Bosco de la ciudad de Armenia, año y medio después del terremoto.
____________________ [5] Wilches-Chaux, G. (1996). "Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, Mecánico soldador o, Yo voy a tomar el riesgo. Manual para la Gestión del Riesgo". La Red. |
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