Salud y Desplazamiento (English)

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Primera Parte

Invitamos al agente de intervención a leerla y a reflexionar sobre ella, como una ayuda para comprender el contexto y la situación de los niños y sus familias en emergencias complejas o situaciones de desastre.

vulnerabilidad de las comunidades desde la óptica de la Promoción de la Salud

Colección los Derechos del Niño, 1978.

Foto Olgalucia Jordán

Los desastres que comúnmente llamamos desastres naturales no deben ser nuestra única preocupación, es importante que identifiquemos los determinantes sociales que generan conflictos tales como la violencia intrafamiliar y social, que se convierten en la mayor amenaza para el desarrollo humano sostenible.

Usualmente se aborda el tema de los desastres para hacer referencia a hechos ya acontecidos o en proceso de desarrollo, que de una u otra forma resultan excepcionales frente al curso normal de la vida de una comunidad, y sobre los que la intervención posible es básicamente curativa o rehabilitadora.

Nuestro propósito va bastante más lejos, buscamos adentrarnos en la capacidad que tiene cada comunidad para hacer frente a las adversidades, superarlas, transformarlas y por qué no, salir fortalecida de ellas; precisamente nos referimos a todas esas condiciones causales del comportamiento humano antes de que ocurra un desastre, durante su ocurrencia, o en el proceso de recuperación.

Buscamos ayudar a reducir los efectos destructivos de un desastre sobre la comunidad y su entorno, calcularlos cualitativa y cuantitativamente con el objeto de evitarlos, actuando sobre las causas que los producen, sobre el espacio y el tiempo donde confluyen e interactúan y sobre las posibles consecuencias de esta interacción es decir, sobre los escenarios de riesgo.

Bien sabemos que la tierra es una planeta vivo, dinámico y cambiante, sujeto a toda clase de transformaciones orgánicas, algunas de expresiones súbitas y violentas, otras graduales y a veces imperceptibles desde la vida cotidiana; pero también sabemos, que la comunidad humana es igualmente dinámica, cambiante y sujeta a toda clase de transformaciones; por consiguiente las relaciones de interacción entre una y otra, pueden llegar a ser armónicas y constructivas, como también conflictivas y destructivas.

Estas interrelaciones están presentes en los procesos de intervención del ser humano sobre el planeta y en la gran capacidad transformadora alcanzada por la cultura; siempre existe la posibilidad que uno u otro proceso se desfase, llevando a la aparición o agudización de amenazas tanto para la comunidad humana como para los ecosistemas y, solamente de la habilidad para actuar sobre esos procesos de interacción, dependerá que se conviertan o no en desastres.

Es por esto, que en la vida del ser humano sobre el planeta debemos tener presente la gestión del desarrollo, dentro de una concepción amplia y global de Desarrollo Humano Sostenible, entendiendo sostenibilidad, como la capacidad de un sistema o proceso -en este caso comunidad entre sí, o la comunidad con su ambiente-, para actuar y transformarse sin poner en peligro las bases de las que depende su permanencia en el largo plazo; es decir, procurar que el concepto de desarrollo y de calidad de vida se orienten siempre en un mismo sentido.

Podemos decir entonces, que los desastres tienen sus raíces y sus ramas en la compleja red de interacciones que se crean entre el ser humano y las comunidades sociales y naturales de su entorno.

Esto se evidencia con el paso acelerado de economías rurales a modelos de desarrollo urbano e industrial, mala copia de modelos surgidos de otros procesos económicos, históricos y sociales; con el aumento de población en las ciudades por migraciones de las gentes del campo hacia las zonas urbanas o, por el incremento de la gente que ya vive aglomerada en la ciudad, en barrios subnormales sin unas condiciones ni una tecnología que responda a sus necesidades, generando nuevos escenarios que se han convertido en factores amenazantes para la ocurrencia cotidiana de desastres.

Es entonces cuando todas estas amenazas, dejan de ser un proceso automático o estrictamente natural para convertirse en un proceso social; la frontera entre los desastres y la vida cotidiana se vuelve cada vez más borrosa y el desastre se convierte en la condición permanente de existencia de las comunidades. En estas condiciones, es necesario tener presente, que la responsabilidad de enfrentar la situación recae no sólo en los gobiernos, sino también en las organizaciones locales y en la comunidad misma.

De ahí la importancia de fortalecer las comunidades con herramientas no sólo materiales o económicas, sino con saberes, conceptos y habilidades que les permitan realizar una adecuada gestión local y planificar las contingencias para su desarrollo. En la medida en que puedan reconocer no solamente el desastre en sí mismo y los procesos sociales, económicos y ambientales que lo generan, y las diferentes clases de interacciones que se presentan, serán capaces de prevenirlo o al menos reducir la intensidad del sufrimiento y de los daños que puede ocasionarles.

Para nadie es desconocida la enorme fragilidad estructural que las comunidades menos desarrolladas tienen frente a cualquier desastre que se presente; la pobreza, el aislamiento y el abandono, sumados a otra serie de factores de tipo político, social, ambiental y económico, hacen que sean precisamente éstas las que desarrollen menores capacidades de respuesta para enfrentarse a la adversidad, provenga ésta de donde provenga.

Sin embargo aquí, más allá de percibir y atender las dificultades, enfermedades y problemas a que se enfrenta el ser humano en sus diferentes grupos poblacionales y de manera especial, los niños por ser los más vulnerables, nos proponemos analizar muy bien las causas y reconocer esas condiciones inherentes a las personas, su comunidad y su entorno, que las hacen más propicias a ser afectadas por los peligros de la sociedad actual (violencia, maltrato, explotación, etc.), y que no les permiten hacer frente a esas situaciones y salir fortalecidas.

Tomando como base los lineamientos de la Promoción de la Salud expresados en la Carta de Ottawa (fruto de la primera Conferencia Mundial sobre Promoción de la Salud del 21 de noviembre de 1986), reconocemos que factores políticos, económicos, sociales, culturales, del medio ambiente, de conducta y biológicos resultantes de las interacciones intervienen a favor o en detrimento de la salud, y en esa medida se convierten en determinantes de ella; razón por la cual se hace necesario identificarlos e intervenir en ellos con el fin de conseguir condiciones favorables al desarrollo de una vida saludable para todas las personas.

Las acciones en Promoción de la Salud se dirigen a reducir las diferencias entre los sectores de la población, asegurando la igualdad de oportunidades y el acceso a los medios de tal forma que las comunidades puedan desarrollar al máximo su salud potencial. Se trata entonces de un concepto positivo que enfatiza en los recursos individuales y sociales como base para mejorar las interrelaciones, para que la identificación por parte de cada grupo e individuo de sus aspiraciones, necesidades y cambios del ambiente les permita: alcanzar esos ideales, satisfacer sus necesidades y adaptarse eficazmente a esos cambios del entorno.

La agenda de la Promoción de la Salud contempla cinco grandes áreas estratégicas:

  • 1. Construir Políticas Públicas Saludables
  • 2. Crear los entornos favorables (físicos, sociales, económicos, políticos, culturales)
  • 3. Fortalecer la acción comunitaria
  • 4. Desarrollar aptitudes personales (estilos de vida)
  • 5. Reorientar los servicios de salud

El papel de los agentes de intervención en una propuesta de Promoción de la Salud, va dirigido a generar condiciones para que las personas y grupos desarrollen la capacidad de actuar, se empoderen y tomen decisiones positivas para su salud y el bienestar colectivo, más allá de aplicarles procedimientos sanitarios. De esta manera se logra que la población ejerza un mayor control sobre su propia salud y sobre el medio ambiente, y tenga la posibilidad de optar por todo aquello que propicie el bienestar.

El desarrollo de aptitudes personales es uno de los seis componentes de la agenda de la Promoción de la Salud, y está relacionado con estilos de vida, que comprenden no sólo algunos comportamientos reconocidos como saludables -ejercicio físico, dieta sana, y ausencia de consumos de sustancias dañinas-, sino también otras actitudes y prácticas como tolerancia, solidaridad, respeto por las diferencias y los derechos humanos, participación, etc., que inciden en la vida colectiva.

De otra parte, la Promoción de la Salud no se opone sino que más bien complementa el trabajo que se hace en Prevención de la Enfermedad, porque mientras esta última se enfoca hacia aquellos factores relacionados con la enfermedad y los riesgos de enfermar, la primera enfatiza en lo que se considera «saludable» o «salutogénico». La Prevención de la Enfermedad dirige sus acciones más al individuo y la Promoción de la Salud principalmente a la población, buscando influir en las interacciones entre grupos y ambientes, o sea en las interacciones permanentes y cambiantes de la gente con los factores causales y determinantes de la salud.

De esta manera, se hace necesario conocer los procesos que determinan las características de la estructura social, que no son de tipo estático sino dinámico en la medida en que los seres humanos como parte de ellos, establecen formas y niveles de interacción que de una u otra manera afectan su equilibrio con la naturaleza y sus ecosistemas.

Cuando las formas y niveles de interacción presentan desequilibrio o inequidad, decimos que la comunidad es vulnerable en una dimensión específica. Para comprender este aspecto, describimos a continuación las dimensiones que expresan los diferentes ámbitos en los que el ser humano debe permanecer en armonía consigo mismo, con sus congéneres y con su ambiente natural, es decir con su entorno:

Colección los Derechos del Niño, 1978

Foto Olgalucia Jordán

Dimensiones que expresan las interrelaciones del ser humano [3]

Dimensión natural: Aquella inherente a la vida, y relacionada con los límites naturales en los que la vida se hace posible; por ejemplo: los grados de temperatura, los niveles de ruido, el tiempo de subsistencia sin agua o alimento, mirados sobre la base de lo que, como seres humanos podemos soportar.

Dimensión física: Referida especialmente a la localización de los asentamientos humanos en el planeta; así como a las condiciones mínimas requeridas en sus construcciones y servicios.

Dimensión económica: Referida a la distribución de la riqueza y a los procesos de adquisición e intercambio de bienes sociales que caracterizan las diferentes sociedades.

Dimensión social: Determinada por el grado de vinculación o integración de los miembros de una comunidad entre sí o con los demás de su colectividad.

Dimensión política: Constituida por el nivel de autonomía que posee una comunidad para la toma de decisiones en su vida diaria; incluye el conocimiento y la aplicación de recursos locales existentes en la solución de las problemáticas que les afectan.

Dimensión técnica: Referida al mayor o menor acceso al conocimiento, aplicación y beneficio de los últimos desarrollos tecnológicos.

Dimensión ideológica: Relacionada con la concepción del mundo, de la sociedad, del Estado, y de los demás, así como del papel de la comunidad, determinando la respuesta de los actores sociales ante las exigencias del desarrollo y hacia la consecución de mejores condiciones de vida.

Dimensión cultural: Constituida por los patrones y valores que forman parte de una comunidad y que predominan en ella, determinando la manera de afrontar la vida y sus retos.

Dimensión ecológica: Referida a la interacción del ser humano con su medio ambiente natural y la dinámica que esta relación genera para uno y otro.

Dimensión institucional: Determinada por las dinámicas de funcionamiento de las estructuras sociales.

Cuando estas dimensiones no son manejadas de manera equitativa por los distintos actores sociales, estamos frente a comunidades con características globales de vulnerabilidad es decir, comunidades amenazadas, como lo son la mayoría de poblaciones de América Latina.

Dichas características de vulnerabilidad global, consideradas en relación con las dimensiones antes expuestas, son las siguientes:

Vulnerabilidad natural.

Evidenciada en las deficiencias nutricionales, las malas condiciones de vida y el trabajo excesivo, que generan una mayor fragilidad biológica en las poblaciones deprimidas. De otro lado, la población infantil y adolescente que se encuentra en la fase de crecimiento y maduración, sujeta a cambios en su cuerpo, mente y comportamiento, la hace especialmente frágil a variaciones en su entorno, ya sea éste familiar, social, cultural o ambiental.

Vulnerabilidad física. Producto del asentamiento de las comunidades en zonas marginadas y amenazadas por las deficiencias de sus estructuras físicas y la débil cobertura de servicios públicos.

Vulnerabilidad económica. Representada en la falta de recursos que no sólo limita la adquisición de medios de satisfacción para las necesidades básicas, sino que también causa la exposición a otros males de la sociedad como: extensas jornadas laborales, rebusque en condiciones adversas (basureros), dedicación a actividades ilícitas (robo o venta de sustancias psicoactivas) o explotación (prostitución, trata de niños). Situaciones todas que impiden llevar una vida digna.

Vulnerabilidad social. Presentada cuando las expectativas, costumbres y valores no son compartidos con la comunidad a la que se pertenece haciendo que se presenten relaciones conflictivas caracterizadas por aislamiento social, soledad y desplazamiento; rechazo a los viejos, los discapacitados, los indígenas, los negros, etc. (Berkman and Syme, 1979)[4]; y, la fragmentación de identidades y la re-definición de valores sociales y personales que se vienen presentando actualmente, hacen evidente la explotación, discriminación e individualismo (el individuo se vuelve más desconfiado, inseguro, con una autoestima muy baja provocada por una historia de exclusión, discriminación e injusticias).

Vulnerabilidad política. En América Latina los procesos de intervención social han sido planteados y decididos fundamentalmente por Estados paternalistas o gobiernos caudillistas, y con enfoques sectoriales, ignorando y extinguiendo muchas veces la autonomía local. Procesos frecuentemente conducidos por políticos que imponen el poder por la coerción, creando la división estatal entre gobernantes y gobernados, que en las condiciones actuales llega a constituirse en fuente de desigualdad y explotación.

De otra parte, la debilidad en los liderazgos y organizaciones comunitarias, muchas veces por la falta de acceso al conocimiento, no ha permitido el empoderamiento de los miembros de la comunidad sino que, por el contrario, ha traído como consecuencia la débil organización social y su incapacidad para gestionar soluciones reales a sus problemáticas.

Vulnerabilidad técnica. La tecnificación de la tecnología en los procesos de producción, hace que continúe la polarización entre quienes poseen la riqueza y quienes no la poseen, lo cual se ve reflejado en las limitaciones existentes para el acceso al manejo y control de tecnologías implantadas.

Vulnerabilidad ideológica. Las concepciones de la realidad manejadas por los diferentes actores sociales con diversos criterios (etnicos, de género, edad, clase social, ideas políticas, religión), se presentan a veces similares, a veces contrapuestas, provocando interrelaciones e interacciones constructivas, indiferentes o destructivas (que son las que más frecuentemente se presentan), caracterizadas por la ruptura generacional, de grupos sociales y por la presencia de exclusiones.

Vulnerabilidad cultural. El fenómeno de la globalización trae consigo la transculturización entre sociedades muy distintas y con otros ritmos de vida, generando la adquisición, modificación o pérdida de las culturas y por ende de los valores, lo que provoca confusión y conflicto tanto interno como en las relaciones de las comunidades con su entorno.

Vulnerabilidad ecológica. Producto del modelo inadecuado de desarrollo, se han venido generando unos ecosistemas por una parte altamente vulnerables, incapaces de auto ajustarse internamente para compensar los efectos directos e indirectos de la acción humana, y por otra parte, altamente riesgosos para las comunidades que los explotan o habitan. La atención insuficiente en la preservación de los recursos que sustentan las condiciones de vida, como el aire, los bosques, el agua, la fauna, y los impactos generados en ellos por las actividades humanas, en particular por el manejo de sus residuos, y toda la dinámica de interacción con el medio ambiente, pone en peligro la vida presente y futura, hecho que afecta de manera especial a quienes dependen directamente del entorno para su sustento diario y a poblaciones expuestas a condiciones ambientales adversas sin una preparación suficiente para hacerles frente.

Por otra parte, la rápida urbanización y el aumento desmedido de las ciudades se ve reflejado en la falta de espacios verdes y lugares de esparcimiento; provocando estrés tanto por la contaminación visual y auditiva de las ciudades como por el sedentarismo por falta de amenidades seguras, parques, alamedas y en general, espacios públicos seguros que permitan el ejercicio físico, sano y accesible a sus posibilidades económicas.

Vulnerabilidad institucional. Una de las más importantes causas de debilidad de la sociedad para enfrentar las crisis, radica en la obsolescencia y rigidez de las instituciones, diseñadas para una realidad que no corresponde a la actual, y que se pretende conservar intactas las instituciones y negar la realidad.

La acción del Estado permanece casi completamente maniatada por la tramitomanía burocrática. Los mecanismos de contratación, el manejo del presupuesto, la administración de los funcionarios públicos y, en general, todos sus procedimientos parecen encaminados a impedir la repuesta estatal ágil y oportuna ante cambios acelerados del entorno económico, político, social y del entorno ecológico.

Actuar sobre estos factores de vulnerabilidad global equivale, en términos de desarrollo, a fortalecer la capacidad de los actores sociales para asumir un papel consciente y activo en los procesos que conducen a la comunidad, bien sea hacia nuevos desastres o hacia un Desarrollo Humano Sostenible. Cuando la vulnerabilidad en cualquiera de las interrelaciones se presenta en alto grado, decimos que existe una amenaza para la comunidad; que generalmente puede desencadenar en desastres.

Las diferentes amenazas pueden ser:

Amenazas naturales. Las que tienen su origen en la dinámica propia del planeta que como ya vimos no es estático, sino dinámico y en permanente transformación. Según su origen, se clasifican en:

· geológicas como los sismos y terremotos, las erupciones volcánicas, los maremotos o tsunamis, los deslizamientos y avalanchas, los hundimientos, la erosión terrestre y costera, etc.

· hidrometereológicas o climáticas como los huracanes, las tormentas tropicales, los tornados y trombas, las granizadas y tormentas eléctricas, el fenómeno del niño y de la niña, las temperaturas extremas, las sequías, los incendios forestales espontáneos, las inundaciones, los desbordamientos, etc.

Amenazas socio-naturales. Aquellas producto de la reacción de la naturaleza frente a la acción perjudicial humana para con los ecosistemas, expresada a través de fenómenos que parecen ser resultado de la dinámica de la naturaleza, pero que en realidad en su ocurrencia o agudización de sus efectos, interviene la acción del hombre. De hecho, existen amenazas aparentemente naturales, como las inundaciones, las sequías o los deslizamientos, provocadas en la mayoría de los casos por la deforestación, el manejo inadecuado de los suelos, la desecación de zonas inundables y pantanosas, o la construcción de obras de infraestructura, sin las precauciones ambientales adecuadas. Además de otras actividades como el manejo inadecuado de las cuencas hidrográficas, la minería subterránea, la destrucción de manglares y bosques, la sobre-explotación de los suelos y del agua, la contaminación atmosférica, etc.

De nuestra capacidad para distinguir entre amenazas naturales y amenazas socio-naturales, depende el que podamos actuar sobre las verdaderas causas de los problemas y no sólo sobre sus causas aparentes.

Amenazas antrópicas. Las directamente atribuibles a la acción humana sobre los elementos de la naturaleza: aire, agua, tierra, fauna, flora y sobre su misma especie poniendo en grave peligro el desarrollo integral o la calidad de vida de toda una comunidad. Sus causas se pueden encontrar en los dos extremos del desarrollo: los grandes núcleos urbanos e industriales que vierten sus desechos sin control a los ecosistemas, crean ciudades y selvas de cemento, generan robots humanos para la industrialización y en su afán por conquistar otros planetas, direccionan gran parte de los recursos económicos para sus conquistas, olvidando las necesidades de los seres de su propio planeta; y los grupos de población sin acceso a infraestructura de saneamiento ambiental (agua potable, alcantarillado, disposición y tratamiento de basuras), ni posibilidades de obtener una vivienda adecuada a sus necesidades, ni el ingreso a la educación, al trabajo a la recreación, a los servicios de salud y en general, marginados de los beneficios propios del desarrollo humano.

Amenazas antrópicas tecnológicas. Las derivadas de la operación en condiciones inadecuadas de actividades potencialmente peligrosas para la comunidad o de la existencia de instalaciones u otras obras de infraestructura que encierran peligro para la seguridad ciudadana, como por ejemplo fábricas, estaciones de gasolina, depósito de combustibles o sustancias tóxicas o radioactivas, oleoductos y gasoductos, polvorerías informales, etc.

En la vida real, no resulta fácil clasificar todas las amenazas exactamente en las categorías analizadas, sino que éstas se presentan de manera compleja e interrelacionada, por ejemplo:

Es común que una comunidad no se vea enfrentada a una amenaza aislada, sino a un conjunto de ellas, que podemos denominar amenaza múltiple.

Estas amenazas múltiples son ejemplo de aquellos desastres locales, que al afectar los medios de subsistencia de las comunidades, ocasionan efectos de largo plazo, que las comunidades tardan muchos años en identificar, recuperarse, o no recuperarse nunca. Sin embargo, también existen ejemplos de desastres que han logrado convertirse en oportunidades para mejorar las condiciones económicas y la calidad de vida de las comunidades afectadas.

Es importante tener presente que los desastres no sólo destruyen edificios y casas, carreteras y puentes, servicios públicos, fauna y flora; contaminan el aire y el agua, modifican la corteza terrestre, destruyen vidas humanas y generan enfermedades, sino que también alteran en una u otra forma relaciones políticas y sociales; obstaculizan o frenan procesos económicos; y deterioran los "pactos de convivencia" logrados tras muchos años de interacción, unas veces pacífica otras no tanto. Pactos expresos y conscientes unos, inconscientes o tácitos otros, que no se pueden reconstruir como se reconstruye una casa, sino que requieren de nuevos procesos sociales y políticos que conduzcan a nuevas concertaciones.

Además de evidenciar los conflictos, los desastres pueden también ofrecer oportunidades para la organización comunitaria (que si no existe, suele comenzar de manera espontánea, siendo la comunidad local la primera en reaccionar en una emergencia), para el surgimiento de nuevos y más representativos líderes políticos y comunitarios y para el acceso de las comunidades a espacios de participación e instancias de decisión que antes les eran negadas.

En las siguientes páginas, consideraremos las diferentes manifestaciones que presentan los miembros de las comunidades frente a una crisis o emergencia social.


[3] Adaptado de: Comisión Mesoamericana de Educación Universitaria para Desastres, OPS/OMS. Desarrollo del Modelo Curricular, Lección No. 3: Vulnerabilidad Global.

[4] Berkman, L. F. and Syme, S. L. (1979) «Social Networks, Host Resistance and Mortality: a nine years follow-up study of Alameda County Residents» Am. J. Epidem vol. 109: 186-204

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