Santa Bárbara.- Cerca de 100 mujeres, muchas de ellas víctimas del
conflicto colombiano, recibieron atención ginecológica, así como también
capacitaciones sobre planificación familiar y prevención del VIH Sida,
durante la realización de las Jornadas de Atención Médica, organizadas
por ACNUR en la comunidad de Santa Bárbara en el estado Zulia.
Santa Bárbara del Zulia es una región eminentemente rural, cuya población
está formada en un 60% por personas de nacionalidad colombiana de interés
del ACNUR, por esta razón ACNUR aprovechó esta oportunidad para dialogar
con las participantes acerca de sus derechos como refugiadas y el proceso
de solicitud de refugio en Venezuela. “En los últimos años, el área
del Sur del Lago de Maracaibo ha recibido un gran número de colombianos
refugiados, que huyen del conflicto armado que vive su país. Para evitar
atraer la atención hacia ellos mismos, estas personas se mantienen fuera
de vista y por ende tienen poco acceso a la información acerca de sus
derechos como solicitantes de refugio en Venezuela” explicó Vemund Olsen,
Oficial del ACNUR trabajando en la frontera. “Eventos de este tipo son
de gran importancia ya que otorga información acerca de ACNUR y su misión
a aquellas personas que más lo necesitan”, agregó.
ACNUR en Venezuela cuenta con tres oficinas ubicadas en la frontera
colombiana y junto a otras agencias ejecuta proyectos para proveer de
protección y asistencia a las víctimas del conflicto colombiano. La Jornadas de Atención Médica es uno de los
76 proyectos de salud, educativos o comunitarios, que dirige ACNUR en
las comunidades receptoras de refugiados ubicadas a lo largo de la línea
fronteriza. En el 2003 los proyectos beneficiaron un total de 26.324
personas, de las cuales 14.358 son mujeres.
MACANILLAL, Venezuela, (ACNUR) – "Durante mucho tiempo, no pude
ir a la escuela", señala José, un niño de 10 años de edad, señalando
hacia el río Arauca, que corre a lo largo de la frontera entre Colombia
y Venezuela. "Cuando llueve, el agua sube algunas veces hasta nuestras
cinturas. Y está lleno de animales salvajes -mi mamá dice que incluso
hay lagartos".
José asiste a la escuela pública de Macanillal, a una media hora de
la frontera con Colombia, en el remoto estado venezolano de Apure. La
comunidad de Macanillal es el hogar de muchas familias que han huido
a largas décadas de conflicto en Colombia. Estimaciones no oficiales
indican que unos 3 millones de colombianos se han visto obligados a
desplazarse dentro de su propio país desde 1985. Decenas de miles más
han cruzado las fronteras para buscar seguridad en los países vecinos
de la región, incluyendo unos 15.000 en Venezuela.
En la húmeda zona selvática de Apure, el dengue, la fiebre amarilla
y la malaria abundan. El cuidado médico es casi inexistente y la proximidad
con la conflictiva Colombia deja a los residentes en un permanente estado
de inseguridad. Además de estos problemas, la comunidad debe enfrentar
una estación lluviosa que dura seis meses. Las fuertes inundaciones
cortan la comunicación de la comunidad con los poblados vecinos y hace
inaccesible la escuela local.
"Solíamos ir a la escuela en pantalones cortos y nos poníamos nuestros
uniformes únicamente después de haber llegado a la escuela, y aquellos
que lográbamos llegar, éramos los que realmente queríamos ir a la escuela",
señala Alejandra, de 12 años.
La mayoría de los niños en Macanillal se vieron forzados a abandonar
sus estudios durante medio año, hasta que el río disminuyó su cauce.
Frustrados al ver a sus pequeños perder lecciones, la comunidad presentó
la idea de crear una "escuela flotante" con el apoyo de la
agencia de las Naciones Unidas para los refugiados.
La escuela flotante es uno de los 55 proyectos implementados por el
ACNUR en la zona fronteriza venezolana para promover la solidaridad
y apoyo de las comunidades que reciben a los refugiados. En total, la
agencia estima que 26.000 personas -tanto refugiados colombianos como
locales venezolanos- se han beneficiado de los proyectos.
En Macanillal, los residentes pusieron sus recursos y trabajaron en
la “escuela flotante” la cual tendrá capacidad para transportar a 48
niños desde y hacia la escuela. El ACNUR suministró un motor de 15 caballos
de fuerza, que fue entregado en una ceremonia comunal el 28 de enero.
"Estamos muy felices y ansiosos de probarlo", dijo Pedro,
un niño que cursa el segundo grado, mirando esperanzado el motor. "El
motor es muy hermoso y yo puedo guiar el bote, Usted sabe!"
La agencia también contribuyó dando chaquetas salvavidas para asegurar
que los niños puedan viajar con seguridad.
Uno de los logros clave de este proyecto del ACNUR es el empoderamiento
de la comunidad misma. Los residentes ya han cortado la madera para
el bote e iniciaron la construcción, de manera que el bote estará listo
para el comienzo de la estación lluviosa en mayo.
"Deberíamos apoyarnos a nosotros mismos para poder unirnos y organizarnos
por el bien de nuestros hijos, sean venezolanos o colombianos",
dijo un miembro de la policía local. "Ahora tenemos que permanecer
unidos para poder cuidar lo que hemos logrado y seguir luchando por
nosotros mismos, por aquellos que han sido olvidados por tanto tiempo".
Proyectos en la frontera
venezolana contribuyen a llevar agua fresca y ayuda a los niños
que van a la escuela
A partir de hoy, los niños de una comunidad venezolana pueden asistir
a la escuela con mayor facilidad, y la gente en otras dos localidades
tienen agua segura -gracias a proyectos inaugurados por el ACNUR. Los
proyectos comunitarios en las regiones fronterizas venezolanas forman
parte de los esfuerzos de la agencia para los refugiados de apoyar a
la población local venezolana y a los colombianos que han huido de la
violencia en su tierra natal.
Hoy, la agencia para los refugiados está entregando un motor fuera de
borda a la comunidad de Macanillal con el fin de equipar el "bote
escolar" local, construido por los miembros de la comunidad, para
llevar a los niños a la escuela. Hasta ahora, muchos niños no podían
asistir a la escuela debido a la falta de transporte en la zona.
También en Macanillal, en el estado de Apure, los residentes se unieron
para ayudar a cavar 12 pozos e instalar bombas de agua manuales, las
cuales están siendo utilizadas a partir de hoy. En otros sitios, como
en Apure, en la comunidad de Puerto Infante, la bomba para agua local
fue reparada para suministrar agua limpia a la comunidad. Los proyectos
fueron llevados a cabo por el ACNUR, Cáritas de Venezuela y el Servicio
Jesuita para Refugiados (SJR).
"Este tipo de proyectos nos permite incrementar la asistencia a
las comunidades fronterizas y contribuir a su desarrollo por el bien
de la población local como el de las personas que se encuentran en necesidad
de protección internacional", dijo José Samaniego, funcionario
del ACNUR responsable de los programas de la oficina del ACNUR para
el norte de Sudamérica, ubicada en Caracas. "Los proyectos son
el resultado de una cercana cooperación entre las autoridades locales,
la sociedad civil y el ACNUR".
Ubicados a aproximadamente 30 minutos de la frontera con Colombia, Macanillal
y Puerto Infante son el hogar de muchas familias colombianas que huyeron
del conflicto en Colombia. Dada su ubicación a lo largo del río Arauca,
en Apure, las dos comunidades a menudo son inaccesibles por tierra debido
a las rápidas inundaciones. La precaria distribución de agua y las condiciones
sanitarias a menudo han tenido como consecuencia problemas médicos y
de salud para los residentes de la zona.
Desde el 2003, el ACNUR, Cáritas y el el Servicio Jesuita para Refugiados
han implementado más de 55 proyectos en las comunidades receptoras en
los estados fronterizos de Amazonas, Apure, Táchira y Zulia, beneficiando
a más de 26.000 personas en 24 comunidades.
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