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Indice >> [ Anterior | Siguiente ] Refugiados colombianos en Costa Rica "Buscando la forma de sobrevivir"Por Giovanni Monge, ACNUR San José Pese a no compartir fronteras terrestres con Colombia, Costa Rica es, desde mediados del año 2000, uno de los destinos más importantes de ciudadanos colombianos que abandonan su país en busca de protección. Las cifras así lo confirman: de contar con penas 64 refugiados colombianos reconocidos a inicios del 2000, el año 2004 inició con más de 8.000 personas con dicha condición, cifra que hace de Costa Rica el segundo país con mayor población refugiada colombiana en el continente, sólo superado por los Estados Unidos. A partir de los resultados obtenidos de dos estudios que el ACNUR realizó junto a la Universidad de Costa Rica, se han identificado las principales necesidades y obstáculos que enfrentan los refugiados en el a menudo difícil proceso de integración local. Dicha identificación ha propiciado la firma de convenios de cooperación con instituciones tales como la Universidad de Costa Rica y el Ministerio de Trabajo, así como la apertura de nuevos proyectos de apoyo como el programa de microcrédito que maneja la agencia ejecutora del ACNUR en el país. José Manuel y su esposa son un ejemplo exitoso de integración local. “De un momento a otro, la situación se complicó en la zona en que vivíamos allá en Colombia”, nos relata José Manuel. “Allá teníamos un negocito y algunas propiedades, pero tuvimos que tomar la decisión de dejarlo todo. Un amigo que trabajaba en Bogotá, en una agencia de viajes, nos recomendó viajar a Costa Rica. Ni siquiera sabíamos exactamente dónde quedaba!” recuerda con una sonrisa. "Cuando llegamos, el avión no pudo aterrizar en la capital y fuimos desviados a otro aeropuerto. Cuando finalmente llegamos a San José, a eso de las 3 de la madrugada, no sabíamos pa´ donde agarrar, no conocíamos nada ni a nadie. El taxista nos recomendó un hotel barato donde llegamos a vivir tres meses. Allí conocimos a una persona que nos habló del ACNUR, para nosotros fue un ángel que nos envió Dios, nunca más volvimos a ver a esa persona", recuerda. "Buscamos la forma de sobrevivir, no fue fácil. Al principio salía a ver qué se me ocurría o cómo hacía para sostener a la familia, nuestro dinerito se estaba agotando. De pronto vi que había en las calles muchas ventas ambulantes e iniciamos vendiendo manzanas, luego paraguas en la época lluviosa, luego emparedados hasta terminar cuidando carros en un estacionamiento. Luego, con nuestro esfuerzo y con un empujón del ACNUR pusimos una tienda de abarrotes, que hoy atiende mi señora. Hoy estamos mejor que en Colombia, con paz y tranquilidad, mis hijos están contentos y ya logramos comprar nuestra casita". |
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