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Indice del Documento >> [ Anterior | Siguiente ] UN NUEVO ESCENARIO"(...) que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quienes somos, en una sociedad que se quiera mas a si misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética tal vez una estética para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal (...) Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora, que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra (..,)"'. Gabriel García Márquez. La atención integral a las personas en situación de desplazamiento se constituye para el país en un gran desafío, que implica construir una agenda conjunta entre el Estado y la sociedad en torno a la construcción colectiva de una sociedad mas justa, incluyente y democrática, que transforme aspectos fundamentales como la organización y las dinámicas sociales, políticas y económicas y en consecuencia amplíe la base de participación real de las diferentes culturas y etnias en la construcción de una visión compartida de orden social a nivel nacional que tenga en cuenta las particularidades locales. Desde la civilización del amor, los procesos de atención integral son una posibilidad real de construir entre todos una sociedad incluyente y cohesionada en torno a un proyecto colectivo, con micromodelos de desarrollo, que den cuenta de particularidades locales y regionales, que se revierten al ámbito general nacional, involucrando e incorporando productivamente toda la población, a nivel económico, social y político en la vida integral de la nación. Es aquí donde se requiere de la solidaridad, la participación, la cooperación como ejes de la identidad nacional, donde aparezca en escena la preeminencia de los intereses colectivos, públicos sobre los intereses particulares de orden privado, expresados por la ciudadanía a través de sus instituciones. Lo anterior exige un compromiso social y una valoración de los derechos fundamenta-les a partir de un proceso social de construcción colectiva en la promoción, discusión y definición de los intereses colectivos de la sociedad colombiana, que le den vida al Estado Social de Derecho, a partir de propósitos comunes construidos desde las diferencias, reflejados en programas, que cuente con el compromiso y las participación de los grupos y movimientos sociales, los ciudadanos y el Estado, desde una acción política entendida como la construcción colectiva y permanente del orden social. LA ESFERA PÚBLICALas actividades de los hombres y las mujeres como lo plantea Hanna Arendt en La Condición Humana, se enmarcan en tres actividades fundamentales en la vida: "labor trabajo y acción". Las dos primeras se refieren a la esfera doméstica que responde a la satisfacción de las necesidades básicas, tanto a nivel vital como material. Por su parte la acción tiene que ver con las actividades que son necesarias para que todos los hombres y las mujeres vivan sobre la tierra, es decir que trasciende el mundo de las necesidades vitales y materiales de carácter individual, para abordar el eje de las diferencias. De las múltiples miradas y concepciones, frente a las cuales, es necesario llegar a acuerdos y consensos en el proceso de socialización. Por ello la esfera pública surge del debate y de la construcción colectiva, como un proceso abierto e incluyente de participación, dilucidación y reflexión ciudadana en torno a intereses compartidos. Un acelerado proceso de globalización como el que vivimos exige pensar en la construcción, renovación y legitimación social de la esfera pública y en este sentido, en la importancia de la participación ciudadana en los procesos de información, reflexión y deliberación desde la planificación, entendida ésta, como lo plantea Francisco Sagasti, como "un proceso dirigido a orientar el cambio social y a generar una secuencia de eventos futuros socialmente deseables al tomar acciones en el presente" que dan cuenta de la capacidad de una nación para construir su propio proyecto de gobernabilidad. La esfera pública exige procesos integradores en el reconocimiento de todo tipo de derechos humanos y ciudadanos, fuertemente arraigados en ele imaginario colectivo y la formación de la conciencia nacional, en torno a la igualdad, la libertad y la solidaridad, como pilares de las acciones públicas, orientadas a favorecer la consolidación de un Estado soberano, reconocido y legitimado por los ciudadanos y ciudadanas. Si esta esfera pública no se construye con procesos de concertación entre la mayoría de los ciudadanos-as, se genera una competencia de soberanías y los derechos pasan a ser virtuales, lo que implica que grandes grupos poblacionales estén en condiciones de marginalidad y exclusión. CONSTRUCCION DE LO PÚBLICOAproximarse a la construcción de lo público exige pensar al ciudadano como la persona capaz, en cooperación y coordinación con otras y otros, de crear o transformar el orden social para satisfacer las perspectivas individuales y colectivas dentro de un marco de dignidad humana. En este sentido el orden social aparece como una creación colectiva de mujeres y hombres que, a partir de la planeación, actúan en cooperación con otras y otros desde las organizaciones, que a su vez sirven para que las personas se conviertan en actores sociales. La generación y desarrollo de organizaciones son, además, un motor para
la formación de ciudadanía y para el fortalecimiento de la democracia,
en cuanto a su posibilidad a partir de la planeación de inventar, establecer
o negociar su futuro compartido, como la expresión de la máxima autonomía,
es decir de la ciudadanía que se expresa en leyes, costumbres, instituciones
y tradiciones. Quien construye lo público es entonces el ciudadano que, como actor social, está inmerso en las organizaciones y en las instituciones sociales, que en forma conjunta establecen un entramado conocido como tejido social. Como lo plantea Tocqueville en su texto sobre la Democracia en América, saber organizarse es la ciencia maestra de la sociedad, porque las asociaciones organizadas producen autorregulación y protegen sus derechos. Por lo tanto en la medida en que una sociedad tenga un número mayor de organizaciones y asociaciones productivas, que generen transacciones políticas, sociales, culturales y económicas será mucho más sólida. GOBERNABILIDADLa noción de gobernabilidad va más allá de la capacidad del sector público estatal para gestionar en forma responsable los recursos. Realmente la gobernabilidad se refiere mucho más a la capacidad del sistema institucional para generar acciones colectivas, que puedan enfrentar los retos y desafíos del desarrollo. En este sentido la gobernabilidad representa el nivel de calidad y eficiencia cívica, así como los atributos y características sociopolíticos de las relaciones que se establecen entre la sociedad y el gobierno y viceversa, con el propósito de desarrollar los planes formulados entre todos. Por su parte la gobernabilidad democrática es el resultado de la conexión vital entre el desarrollo político y el progreso económico y social de la sociedad y representa un conjunto de posibilidades e interpretaciones que cada sociedad define de acuerdo con sus aspiraciones y necesidades. La gobernabilidad democrática comprende los mecanismos con los cuales se articulan los intereses ciudadanos, se ejercen los derechos y obligaciones y se resuelven las diferencias. En este sentido el instrumento de primer orden está constituido por la planeación participativa, que permite construir una visión de futuro compartido, mejorar los niveles de eficiencia institucional y romper los aislamientos de los sectores sociales, además, redimensionar los escenarios de desarrollo sobre la base de nuevos actores. EMANCIPACIÓNLa emancipación es una experiencia política que relaciona la democracia con las finalidades de la vida colectiva y su proyecto de sociedad como una creación histórico-social, a partir de la planeación, como actividad explícita y pública, fundada en la autonomía en donde se pone en juego permanentemente la libertad, la decisión y la responsabilidad de la ciudadanía. Libertad. comprendida como el poder de obrar con independencia, de escoger de decidir sobre su futuro, de actuar de acuerdo con sus convicciones, de disponer de su persona, su vida privada y su familia, de relacionarse y reunirse, de producir y contratar bienes y servicios, publicar transmitir o comunicar por cualquier medio su pensamiento. Decisión: en donde, reconociendo que todo ciudadano es dueño de sí y de su cuota parte del destino de su colectividad política, se instituye en eje fundamental de la soberanía, sin intermediación de ningún tipo. Esto implica que toda decisión del gobierno deberá contar con la aprobación de la mayoría de las voluntades de los ciudadanos y en este sentido las instituciones públicas sólo podrán servir como herramientas para instrumentar la toma de decisiones alcanzada en la planeación participativa. Responsabilidad, asumiendo que el Poder no es un ente ajeno de la vida cotidiana, pues circula en las lógicas de la cultura, les imprime coherencia a las expresiones de los grupos sociales que se expresan en la vida pública, como producto colectivo a partir de su capacidad de tomar decisiones frente a sí y a sus semejantes a partir de dinámicas participativas. Por todo lo anterior es necesario abordar la planeación, comprendida como una instancia de la participación real, en tanto que es la expresión de la voluntad de la comunidad como un ejercicio de soberanía sobre su destino, que afecta a todos los miembros de la colectividad respectiva, y que presupone la igualdad de todos. Pensar entonces en los procesos de participación ciudadana, implica comprender la planeación como la actividad política de una comunidad, mediante la cual se instauran sus propias instituciones sociales, en donde ninguna posición ni status están determinados o garantizados de partida, que exige ejercicios de emancipación al cuestionar permanentemente el status quo y los convencionalismos sociales y de autonomía como la capacidad para decidir y actuar en forma independiente, libre y responsable con el fin de lograr los propósitos comunes. La planeación requiere entonces de la participación ciudadana para lograr un proceso de emancipación, que redefina la configuración de lo público considerando que desde la ciudadanía situada en la base del Estado se proyectará el futuro político, el porvenir del desarrollo y el presente de grupos de ciudadanos y ciudadanas. EL TERRITORIO, ÁMBITO DE MORADAEl espacio es abordado como el escenario de inscripción territorial, donde se mezclan las huellas étnicas, las memorias se preservan, se transmiten y transforman. Más que una entidad de carácter físico abordaremos aquí el territorio como una entidad variable, flexible, sujeta a la acción antrópica y a los movimientos y construcciones sociales, que le dan vida y lo impregnan de sentido en relación con las necesidades colectivas y las presiones demográficas. El territorio es un referente en si mismo y ante otros, permitiendo comprender el diario vivir de las sociedades que se asientan en él, en este sentido es un recurso físico-social fundamental para el desarrollo. En Colombia, un país de regiones, que alberga una significativa diversidad, no conocemos las dinámicas territoriales, las diversas territorialidades que se "tejen" sobre la geografía; por ello ni las estadísticas, ni las leyes y mucho menos las políticas, reconocen esta inmensa potencialidad. La concepción moderna de la gestión territorial implica una preocupación explícita del Estado por la suerte de sus territorios y la propia organización social y política de éstos, en lo que se conoce como descentralización política, fiscal y administrativa. El desarrollo, como proceso cualitativo, es el resultado de una serie de decisiones en el que "los controles de mando" están en la dinámica social y política del territorio en consideración; razón por la cual puede ser inducido mediante una "ingeniería de la intervención (Boisier). Una región es capaz de transformar su crecimiento económico en desarrollo social, en tanto disponga de una sociedad organizada, con intereses compartidos, capaz de movilizarse tras ellos y consciente de su pertenencia al territorio. El desarrollo regional así entendido exige una compleja tarea de coordinación entre muchos elementos, para lo cual se requiere el desarrollo de ciertas capacidades, entre las cuales es importante resaltar: Capacidad de inclusión social, generadora de equidad, para mejorar el acceso a las oportunidades. El desarrollo humano en su expresión territorial exige estimular el potencial de innovación de la propia población para la generación tanto de organización comunitaria como de movimientos sociales, que asuman la responsabilidad de los procesos de transformación permanente. Capacidad de tomar decisiones relacionadas con estilos de desarrollo. Exige construir una visión compartida de futuro a partir de una conciencia colectiva, sentido de pertenencia e identidad regional, soportada en la solidaridad y la cooperación mutua. Capacidad de retener y reinvertir el excedente, que contribuya al crecimiento de la base productiva, con el fin de ampliar y diversificar la economía del territorio. Participación de las organizaciones sociales y de las instituciones públicas en la solución de los problemas de la sociedad, para asegurar el uso adecuado de los recursos, maximizar el impacto de la intervención y garantizar la gobernabilidad del sistema. Una Apuesta por la Civilización del Amor |
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