Nuevas herramientas para prepararse
para la influenza pandémica

La OPS/OMS ha estado trabajando con los países del Caribe
para coordinar actividades destinadas a que estén preparados
para una pandemia de influenza. El enfoque principal ha sido la
creación y prueba de un Plan Nacional para la Influeza Pandémica,
abogacía para alentar la participación, en estas actividades,
de actores que no están involucrados con la salud, y el fortalecimiento
de las preparativos de instituciones de salud, mediante capacitación
sobre protocolos diseñados para mejorar la capacidad de los
centros de salud para responder a emergencias.
Un enfoque novedoso del proyecto, que está trabajando con
socios en actividades de preparativos para pandemias de influenza
o aviar, es el desarrollo de herramientas enfocadas a ayudar a los
alcaldes y líderes cívicos que tendrían que
lidiar con una comunidad en pánico, con muy poca ayuda externa.
Esta colección de guías brindará al lector
sin conocimientos técnicos suficiente información
para preparar a comunidades pequeñas para una pandemia.
Todos los países del Caribe de habla inglesa y holandesa
han desarrollado planes nacionales para pandemias, y la mayoría
de ellos tienen equipos de respuesta para brotes capacitados en
la investigación de casos sospechosos de influenza aviar
or pandémica. Ahora mismo, los países están
tratando de fortalecer sus planes de seguridad hospitalarios, mediante
la inclusión de provisiones para una pandemia.
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La pérdida
de un centro de salud es un tema
tanto social como económico
A nivel nacional, el terremoto del 8 de enero en Costa Rica no
destruyó o dañó muchos hospitales o centros
de salud. Sin embargo, varias centros de salud comunitarios sufrieron
daños estructurales que imposibilitan su reparación.
La villa de Poasito perdió su EBAIS (Equipo Básico
de Atención Integral en Salud), donde un equipo de salud
integrado trabajaba para mejorar el acceso a los servicios primarios.
Otros centros de salud similares en los pueblos de Cinchona y Vara
Blanca fueron destruidos o severamente afectados.
Para esas comunidades representa una importante perdida
social porque se trata de centros construidos con el esfuerzo y
el aporte de la propia comunidad.
Muy cerca del epicentro hay otras instalaciones de salud bien construidas
y que reciben el mantenimiento y cumplen con medidas de seguridad
bastante rigurosas, lo que demuestra que es posible hacer establecimientos
de salud resistentes a los desastres.

Por último, se abre una oportunidad para que las instalaciones
de salud que se construyan o se rehabiliten en las zonas afectadas
se ubiquen en zonas no vulnerables y se construyan con todas las
normas y los criterios de “hospital seguro”, para que
las comunidades puedan contar con esos servicios cuando más
se necesitan. Y es el momento para que los hospitales y todas las
instalaciones de salud revisen sus planes de emergencia y actualicen
los conocimientos del personal de salud respecto al manejo de emergencias
y desastres. La ventana de la oportunidad se cierra en pocas semanas
y todo el mundo se puede olvidar hasta el próximo sismo.
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Terremoto en Poas, Costa Rica
¿Ya lo han olvidado?
Han pasado apenas 20 días del terremoto de magnitud 6.2
que sacudió a Costa Rica el 8 de enero y ya es una noticia
olvidada. Uno de esos desastres “menores” que solo llama
la atención en las primeras horas o días y pronto
desaparece de la escena mediática, a pesar de que el impacto
social y económico de este terremoto perdura y se hará
sentir por muchos meses.
El terremoto dejó otra vez en evidencia que Costa Rica es
altamente vulnerable a los fenómenos naturales, y no puede
bajar la guardia en sus esfuerzos de preparación y sobre
todo de prevención y de reducción del riesgo frente
a desastres. El país ha estimado las pérdidas económicas
en más de US$ 100 millones. Según los datos oficiales,
el saldo del terremoto (cifras confirmadas el 22 de enero por la
Comisión Nacional de Emergencia) fue 23 muertos, 100 heridos,
siete desaparecidos, 125.584 personas con diversos daños
y afectaciones, 71 comunidades con graves daños en líneas
vitales (vivienda, agua, red vial) y aproximadamente 423 casas completamente
destruidas.

Una central hidroeléctrica, hoteles, cultivos, escuelas,
casas, centros de salud carreteras y puentes resultaron dañados
o destruidos en la zona del Poás, uno de los mayores atractivos
turísticos del país. Especialistas del Observatorio
Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica señalaron,
después de un vuelo de reconocimiento, que el impacto en
el plano ecológico y ambiental es inmenso. Además
se han contabilizado 1.250 hectáreas afectadas en diferentes
actividades agropecuarias. Económicamente, los sectores más
afectados son el turístico y el agroexportador, que aportan
una porción considerable de las divisas a la economía
costarricense.
Un buen test para el sistema de respuesta nacional
Costa Rica cuenta con una fuerte estructura nacional para el manejo
de emergencias y desastres y desde el primer momento, la Comisión
Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias
(la CNE) se puso al frente de la operación de respuesta,
activando el Centro de Operaciones de Emergencia y desplazando a
las zonas afectadas sus oficiales de enlace. A su vez, las otras
entidades del sistema nacional de atención de desastres empezaron
las labores de rescate, atención de victimas y evaluación
de daños y necesidades. En general, y salvo algunos pequeños
problemas de coordinación inicial, la repuesta fue rápida
y eficiente.
La Cruz Roja Costarricense y los Bomberos activaron sus equipos
de búsqueda y rescate y realizaron un arduo trabajo para
atender a heridos y rescatar a cientos de personas que quedaron
incomunicadas por el corte de carreteras. Los servicios de luz,
agua y comunicaciones fueron restablecidos en la mayoría
de las zonas afectadas con bastante rapidez. El trabajo de limpieza
de carreteras y apertura de rutas fue también eficiente.
Solo las zonas más próximas al epicentro permanecían
sin acceso siete días después del sismo debido a la
magnitud de los derrumbes y deslizamientos.
Respecto a suministros humanitarios, la solidaridad nacional saturó
las bodegas instaladas en las localidades donde se brindaba asistencia
a los afectados. Montañas de alimentos, ropa usada y calzado
se apilaron en las bodegas. Las donaciones podrían haber
sido mejor orientadas si desde el principio se hubiesen dado indicaciones
a la población para promover las donaciones en efectivo.
Situación de salud
El sector salud activó sus mecanismos de emergencia para
brindar asistencia a los heridos y vigilar las condiciones sanitarias
en los albergues. Los servicios de la Caja Costarricense del Seguro
Social atendieron alrededor de 1.100 heridos en los EBAIS (Equipo
Básico de Atención Integral en Salud), centros de
salud o las áreas de atención instaladas en albergues,
y solo 81 heridos tuvieron que ser desplazados hacia hospitales
de otras ciudades.
En general, la vigilancia epidemiológica y el control de
la salud fueron eficientes y los servicios de atención de
salud en la emergencia funcionaron satisfactoriamente. Después
de los primeros días, la atención psicosocial fue
uno de los temas más prioritarios. La Caja Costarricense
de Seguro Social reforzó sus equipos de atención psicosocial,
y desplazó unidades especiales para atender a los albergados.
El manejo de cadáveres se realizó siguiendo adecuadamente
los protocolos y las normas existentes en el país. Se creó
una morgue temporal en la escuela de San Miguel de Sarapiqui, en
la que los forenses del Organismo de Investigación Judicial
hacían el reconocimiento, la identificación de los
cuerpos restacados y la entrega oficial a los familiares de la víctimas.
En busca de un nuevo destino
Aunque el terremoto afectó en una zona poco poblada, son
varias las comunidades que han quedado severamente afectadas. El
pueblo de Cinchona se ha convertido en un paisaje fantasma, en el
que prácticamente todos los edificios se desplomaron. La
población fue evacuada, abandonando todas sus pertenencias.
Se habilitaron hasta 25 refugios temporales en los que se albergaron
unos 3700 afectados. El Ministerio de Salud asumió las labores
de vigilancia y control sanitario. Para el 22 de enero el número
de albergados ya había descendido a 1.560. Las autoridades
estaban planificando la reubicación temporal de estas familias
en campamentos provisionales en los que puedan vivir al menos por
unos seis meses, hasta que reciban sus nuevas viviendas.
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‘Hospitales
Seguros’ es el tema del próximo
Día Mundial de la Salud

El Día Mundial de la Salud se celebra el 7 de abril de cada
año para conmemorar la fundación de la Organización
Mundial de la Salud. Este año, el tema del Día Mundial
de la salud es: Cuando ocurre un desastre, los hospitales seguros
salvan vidas. En América Latina y el Caribe y en todo el
mundo, los países marcarán la celebración del
día con diversos eventos y actividades enfocadas en la importancia
de salvaguardar todos los establecimientos de salud—grandes
o pequeños, urbanos o rurales—del impacto de los desastres.
El Día Mundial de la Salud es una oportunidad para enfocar
la atención global en este tema tan importante, a través
de los medios de comunicación, enlaces con otros sectores
y una amplia diseminación de la información. El objetivo
final es asegurar que todo el mundo pueda estar seguro que los hospitales
y los servicios de salud podrán funcionar durante los desastres
y las emergencias, cuando más se les necesita.
El tema global se enfocará principalmente en tres mensajes
importantes:
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Todos los establecimientos de salud deben poder resistir
el impacto físico de los desastres. |
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Los servicios críticos de salud deben continuar
funcionando en todas las situaciones de emergencia. |
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El personal de salud debe recibir capacitación y
estar preparado para enfrentarse a los retos particulares
que imponen estas situaciones. |
La OPS/OMS está preparando un sitio web especial, con diferentes
materiales relacionados con el Día Mundial de la Salud, que
incluirá afiches, preguntas frecuentes, artículos,
estudios de casos y mucho más. Muy pronto publicaremos los
detalles de este nuevo sitio.
¿Qué es un hospital seguro?
Un
hospital seguro es un establecimiento de salud cuyos servicios
permanecen accesibles y funcionando a su máxima capacidad
y en su misma infraestructura inmediatamente después
de que ocurre un desastre. El término abarca a todos
los establecimientos de salud, cualquiera que sea su nivel
de complejidad. Es seguro porque cuenta con la máxima
protección posible, las vías de acceso al establecimiento
de salud y los servicios de suministro de agua potable, energía
eléctrica y telecomunicaciones continúan operando,
lo que permite garantizar su funcionamiento continuo y absorber
la demanda adicional de atención médica.
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